
Carlos se encontraba tumbado en mi cama relajadamente con las manos tras la cabeza mientras yo terminaba los deberes, sentada en el pupitre le veía reflejado en el espejo que Lidia había instalado en el escritorio, de repente su expresión cambió, frunció el ceño, sonreí, sabía qué pensaba y no podía evitar reírme cuando entrecerraba tanto los ojos y me miraba como si la respuesta a sus dudas se encontrara escrita en letra minúscula en algún punto de mi espalda.
-En serio, no te entiendo...
-Carlos ya hemos hablado de esto...- suspiré.
-Pero no me queda claro por qué no...
-¿Hábitat de las quimeras?- intenté despistarlo.
-Climas tropiclaes- era demasiado rápido- dime solo una cosa ¿Basta con un simple perdón?
-Pues claro que basta, es mi amiga ¿qué más necesitas?
-¡Arrepentimiento!
Giré la silla bruscamente para que mi mirada se encontrara con la suya.
-¿Nunca te ha hecho daño un ser querido?
-Pues claro...- contestó sombríamente.
-¿Y no bastó con un simple perdón?
-No.- Fue una respuesta brusca, helada, que casi me dolió. Le miré con curiosidad, pero con la mirada penetrante de sus ojos cristalinos supe enseguida que esa era un lucha que no iba a ganar, no me iba a hablar de ello... por ahora.
Justo en ese momento Lidia apareció por la habitación y miró con aburrimiento a Carlos.
-¿Otra vez aquí?¿Tan mal huele tu cuarto?- bromeó.
-Vuestros colchones son más cómodos...
-¿sSabes que solo quedan cinco minutos para el toque de queda?- preguntó Lidia, yo me limitaba a observar la escena divertida, Carlos se encogió de hombros.
-Isaac y Melanie son los menos estrictos en cuanto al toque de queda se refiere ¿sabéis lo que quiere decir?-Ambas levantamos las cejas con expresión de interés, aunque Lidia se esforzaba por esconderlo- ¡Voto de castidad para los de agua y tierra!
No pude evitar reírme, pero mi compañera miró a Carlos con desaprobación, puso los ojos en blanco y señaló la puerta.
-Vete.
-Lo que Lidia necesita...
-¡Fuera!- gritó y una pequeña llamita apareció en las pupilas de mi compañera, ya sabíamos lo que eso significaba y Carlos se levantó con tranquilidad de mi cama, me besó en la frente (algo que me desconcertó) y me deseó buenas noches.
-Buenas noches, Lidia. ¡Sueña conmigo!- oímos que decía mientras cerraba la puerta, un cojín se estrelló contra ella y otra vez volví a reír.
-Es un idiota...-susurró mi compañera y le di la razón con un asentimiento de cabeza. Realmente se comportaba como tal pero solo cuando había más gente con nosotros, cuando estábamos juntos cambiaba radicalmente, me pregunté si aquel cambio se debía a aquello que me escondía.
Al día siguiente, después de las aburridas y eternas clases, me senté a comer otra vez con mis amigos de toda la vida.
-¡Hombre, mira quién ha venido!- exclamó Susana.
-Bienvenida- dijo Pedro sonriente.
No fue una bienvenida demasiado calurosa, supongo que era lo que me merecía por haberme comportado de una manera extraña durante varios días, sin ninguna explicación había dejado de relacionarme con ellos, pero me esforzaría para que todo volviera a ser como antes o, por lo menos, se le pareciera algo. Enseguida cada uno siguió con su conversación, <
-¿Alguna novedad?- pregunté en general, todos me miraron seriamente, solo faltaba Raquel en la mesa, quien se encontraba en la de enfrente con Marcos hablando casi en susurros- ¿qué?
-Hay varias- dijo Ángel cautelosamente y esperé pacientemente a que se miraran entre ellos y decidían si me lo contaban o no. Finalmente se decidieron afirmativamente y me contaron lo que les había pasado a Ángel, Irene y Jenny con el diario que tantos problemas estaba causando.
-¿Y qué pensáis hacer?- pregunté después de varios minutos, durante los cuales había decidido creerme lo que me habían contado a pesar de que parecía sacado de un cuento de fantasía.
-Bueno, tenemos la posibilidad de decírselo al director- comenzó Irene- y que se entere, no solo de que hemos entrado en su despacho a robar, si no también de que hemos invocado a alguna criatura del mismísimo infierno.
-O, podemos esperar a que esa tal "ama" venga a por nosotros, como nos dijo su mascota, y decirle que todo fue una equivocación, que no queríamos molestar a nadie...- terminó Ángel.
-Voto por la primera- dije asustada con la voz entrecortada.
-Y yo- comentó Jenny.
-Aún así, no tenemos por qué tener miedo a lo que sea que pueda venir a por nosotros, si le explicamos que todo fue un error...
-Entonces quizás ya sea demasiado tarde para solucionarlo, Ángel- le respondí, tenía miedo por ellos y la segunda solución era demasiado arriesgada, puede que diciéndoselo al director se llevaran una amonestación o puede que incluso la expulsión, pero, si así estarían a salvo...
-Supongo que no queda otro remedio- admitió y se cruzó de brazos, Nico le miraba con cautela.
Cuando me levanté de la mesa para ir a las clases prácticas no me sentía más tranquila, decidieran lo que decidieran, estaban metidos en un lío... solo se me ocurría una posibilidad que repondía a lo de "ama" y esa era Meredith Vals, pero el diario databa de tiempos remotos, no podía seguir viva ¿verdad? Solo se me ocurría una persona que pudiera saber algo sobre la vida de Meredith y se encontraba en la puerta del salón mirando con aprensión la mesa que acababa de dejar atrás: Carlos.
-Tú sabías qué era aquel cuaderno.- No era un pregunta, sino una acusación.
-Sí- respondió con calma.
-¿Y bien?
-Luego hablamos- me dijo cortante, entrando en el aula para sentarse con Alex.
Durante las clases prácticas no presté casi atención y mi interés tampoco logró captarlo mi pareja: Lidia, sin embargo cuando por fin el profesor nos despidió (tras su tradicional charla de profesor-ofendido, en la que me nombró por primera vez) me dirigí hacia Carlos, decidida a saber las respuestas, le seguí hasta su cuarto, durante el trayecto no pronunció ni una palabra pero tampoco me impacienté. Abrió la puerta y me indicó que pasara. Lidia estaba completamente equivocada su cuarto no era un pocilga para nada, era precisamente todo lo contrario: si existía un suite en aquel colegio ésta la ocupaban Carlos y Alex, no tenían el típico ordenador rudimentario como todos, tenían un portátil con una pantalla enorme, además de camas de matrimonio y preferí no mirar el baño para no tener más excusas para odiarle.
-¿Y esto?- pregunté impresionada mirando a mi alrededor.
-Eres la primera que entra, a Alex no le hace mucha gracia así que te agradecería que no lo comentaras.
-Pero ¿cómo lo has conseguido? ¿A cuánta gente has tenido que matar?
-No a mucha- rió.- Lo pagan nuestros padres...- Pude notar como escupía las palabras, supuse que odiaba ser un niño mimado aunque me resultó raro: Carlos disfrutaba con el esceso de atención.
Tardé en recordar por qué estaba allí, me senté en una de sus sillas de cuero negro a la espera de sus palabras.
-¿Qué quieres que te cuente? Sí, sabía de quien era ese diario, lo supe por el signo de la portada, hay muchas leyendas sobre la llama encerrada en un círculo, se supone que el círculo simboliza la cárcel de energía pura en la que se encuentra el elemento...
-¿Energía pura?
-Es energía sin convertir, ya sabes, lo normal es expresar esta energía según el elemento pero se dice que la tal Meredith consiguió creearla... si sacas la energía pura de tu interior puedes convertirla en lo que quieras ¡controlarías todos los elemento a tu antojo!- No me gustó la manera en que lo dijo, parecía fascinado por esa idea, sin embargo a mi me asustaba ¿ y si era eso lo que le sucedía a Raquel?
-Pero Meredith murió ¿no?, a pesar de ese gran poder, murió...
-No estoy seguro... las leyendas difieren en este punto, los "fans" de Meredith si es que se les puede llamar así dicen que es imposible que esté muerta, tenía energía invencible que habrá legado a alguien.
Me quedé mirándolo, tanto él como Raquel habían demostrado tener un poder por encima de lo normal, si esta historia era cierta era probable que alguno de ellos hubiera heredado la energía de Meredith, intenté decidir cuál de los dos podría ser y, aunque me dolía pensarlo ambos tenían muchas posibilidades: Carlos era demasiado popular y estaba demasiado seguro de sí mismo como para tener similitud con el carácter inseguro de Meredith, sin embargo le encanta el poder, como a ella; Raquel, ella se parecía más a Meredith en ese sentido pero Raquel no buscaba ser poderosa...finalmente algo en el relato de mis amigos me hizo caer en la cuenta: la criatura había dicho "ama" y si Meredith estaba realmente muerta y su energía había pasado a un heredero, ésta sería una chica.
Creo que acabé algo mareada ya que intentaba levantarme para ir a hablar con los demás pero no me respondían las piernas, Carlos me miró preocupado.
-¿Qué ocurre? Marina, esto solo son leyendas no tienes que...
-No, Carlos... creo que no son... necesito hablar con...- me levanté lentamente y Carlos me siguió cuando salí de su habitación, sabía que slo tenía media hora para encontrarlos y decirles todo antes de que los profesores registraran habitaciones y pasillos para comprobar que todo estaba en orden...


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