
No puedo más, el comportamiento de Carlos en la excursión del bosque fue inaceptable, hasta el momento en el que nos topamos con Jenny y Raquel se estaba comportando normal, ni siquiera como un plasta insoportable; pero fue ver ese libro y en seguida intuí que algo no iba bien: en sus ojos pude ver una una intensa llama y en clase nos explicaron que a los de fuego se nos manifiesta la furia de esa manera. Los profesores consiguieron frenar el estropicio que ambos habían cometido y se enfurecieron con sus respectivos alumnos, sabía que en parte, Isaac estaba impresionado con su alumno estrella pero eso no impidió que Carlos tenga ahora que asumir un castigo, al igual que Raquel. Quiero saber qué está pasando, necesito saber por qué actuó así... ¿qué tenía ese libro tan importante para Carlos?
Estuve intentando averiguarlo durante todo el domingo, primero hablé con Jenny durante el desayuno para que me explicara que decía ese libro, pero me dijo que apenas pudo ver nada ya que el libro lo cogió primero Raquel, me dispuse interrogarla a ella también pero, al igual que Carlos, pasaría todo el día con su tutor pagando por lo que hicieron ayer.
Tras el primer fracaso de mi búsqueda, acudí con los demás a una de las cuatro salas de tiempo libre que habían en el colegio, se dividían según el elemento pero, por lo general, tres de ellas siempre estaban entremezcladas, se trataban de salas con varios instrumentos de ocio y llenas de ruido que yo no solía frecuentar, aunque tuve que hacer una excepción para comentar todo lo que estaba ocurriendo con los demás, los encontré tumbados en varios puffs de colores unos sobre otros, a todos excepto a Susana y a Pedro.
-¿Qué se sabe de Raquel?- pregunté arrastrando otro puff hacia ellos.
-Aún no ha salido del despacho...- respondió Irene nerviosa- ayer por la noche no quiso hablar con nadie, se puso a dormir directamente sin dejar de susurrar que... bueno no lo terminé de entender.
Esa frase sin terminar llamó mi atención, algo me escondían.
-¿Sabéis algo más del cuaderno?
-¿Qué quieres que sepamos? Ningún profesor dice nada y cuando lo recogió Juan Carlos se lo llevó al director- Contestó Jenny irritada, creo que no me perdona que yo no esté reprobando el comportamiento de Carlos.
-Es todo muy extraño...- Susurró Ángel que no parecía participar en la conversación.
Hubo un incómodo silencio en el que me sentí como una verdadera intrusa: estábamos en la sala de agua y, a pesar de que no llevaba la túnica roja todos sabían a qué elemento pertenecía, me miraban mucho de reojo además a esto había que sumarle las hostiles miradas de Jenny.
-¿Dónde están Pedro y Susana?- pregunté por fin para romper ese silencio que me helaba por dentro.
-En la enfermería- contestó Carlota y me sentí aliviada de reconocer su voz, sin presión , sin rencor...
-¿Sigue enfermo?
-No, pero dice que la comida de la enfermería es mucho mejor que la del comedor...
Reí sin ganas y decidí largarme de allí, antes de que volviera aquella incomodidad, no sabía dónde ir, había pensado que nos pasaríamos todo el tiempo formulando varias hipótesis para intentar averiguar qué ocurría pero todos de estaban comportando de una manera extraña, dejé que mis pies me llevaran hasta la puerta de aquella sala que parecía echarme a patadas, en la puerta me encontré con Lidia que se dirigía a la sala de ocio de fuego.
-¡Hola!- me saludó entusiasta, su relación conmigo había cambiado bastante... -¿dónde vas?
-No lo tengo muy claro, la verdad- me impresionó lo débil que sonó mi voz, Lidia debió de notarlo porque no era una amiga precisamente de confesiones pero sí una amiga de largos ratos de risas.
-¿Por qué no te vienes?
Accedí, últimamente mis compañeros parecían mucho más dispuestos a entablar una conversación conmigo que mis amigos de toda la vida, en la sala todo parecía más tranquilo, nunca había estado allí y me sorprendió ver tantas caras conocidas. Nos sentamos en uno de los sofás del centro de la sala con algunos alumnos más de cursos superiores que nos saludaron sin ganas, Lidia estuvo a punto de proponerme hacer algo pero me adelanté.
-Lidia ¿qué se sabe de Carlos?- no pareció sorprenderle la pregunta y respondió como si se hubiera aprendido la respuesta de memoria.
-Estará en el despacho de Isaac hasta esta noche- le miré levantando las cejas- pero eso ya lo sabes... ¿qué quieres saber?
-Habrá pasado la noche en su cuarto, quiero hablar con su compañero ¿sabes quién es?
-Alex- contestó resueltamente. Miré en dirección a donde lo hacía mi compañera y reconocí a uno de los amigos de Carlos, solían ir siempre juntos y no me sorprendía que fueran compañeros de habitación. Alex se encontraba delante de una de las televisiones de plasma jugando a la play con otro chico de mi clase que no sabía su nombre. Me aproximé hacia él.
-Mmmm... ¿Alex?- pregunté suavemente, intentando no molestarle, para no perder mi oportunidad de conocer algún dato más. Cuando me oyó puso cara de fastidio, puso el juego en pausa y me miró aburrido.
-¿Hablaste con Carlos ayer por la noche?- No tenía por qué fingir, él sabía por qué había ido hasta él, no eran necesarios los preliminares.
-Claro.- Contestó sin dejar de mirarme.
-¿Y qué te dijo?
-¿Quieres saber cómo tu amiga le jodió la tarde? O mejor explícame tu a mí por qué ella no quiso darle el cuaderno cuando ni siquiera lo entendía.
-¿Cómo?
-¡Estaba escrito en runas de fuego! ¿quién se cree que es para cogerlo y no devolverlo? Podría ser de cualquiera de nosotros.
Me quedé aturdida por un momento: ese detalle no me lo había dicho Jenny...
-Pero si fuera así ¿no se lo habrían devuelto ya a su dueño? por lo que sé aún lo tiene el director...
-No intentes disculparla, Marina, lo que hizo no tiene sentido, Carlos solo se lo pidió para devolverlo...
No sabía qué pensar, en el fondo Carlos había actuado para ayudar pero ¿era necesario ayudar atacando? La charla había aclarado algunas cosas pero había dado paso a muchas más dudas que respuestas. Pasé el resto del día yendo de un lado para otro sin hablar con nadie, meditando sobre lo que había pasado por la mente de ambos, no tuve fuerzas para ir a comer y soportar la dura frialdad de los ojos de Jenny, también pensé en ella ¿volveríamos otra vez a ser como antes?, yo no iba a pedir perdón a a nadie ni a defender a ninguno... eso no ayudaría a solucionar las cosas pero pensé que sería lo mejor hasta que se calmaran las cosas. Después de un interminable paseo por el bosque durante el cual no fui consciente de nada, comprendí que había oscurecido: los castigados ya eran libres.
Raquel, decidí que primero la visitaría a ella, así que me dirigí a su habitación. Carlota me abrió la puerta y me sorprendió encontrarme con todos allí. Raquel estaba sentada en la cama con expresión cansada, cuando me vio, su expresión pareció reflejar algo de odio y la poca seguridad que me quedaba se arrastró por el suelo y desapareció tras la puerta.
-¿Cómo estás?
-No solo me ha dicho que se avergüenza de mí, también cree que con mi actitud no voy a servir para nada bueno.- respondió con la mirada perdida.
-Raquel, yo...- los demás permanecían callados mirando al suelo, sabía lo doloroso que tenía que ser para ella que su tutor lo digera eso.
-Eso no es lo peor, ¡Carlos ha estado diciendo en la cena que Isaac está muy sorprendido de que alguien haya sabido hacer eso en primer año!- ya no fingía ni intentaba contenerse, había explotado, toda la ira que había acumulado contra Carlos me estaba estampando en la cara.
-Él pensó que el cuaderno era de alguno de los de clase e intentó...
-¡No, Marina! No te intentes engañar... Ese cuaderno no era de ninguno de los vuestros.
-Raquel- por fin intervino alguien en la discusión- Marina no tiene por qué pagar por lo que hizo Carlos.
-No está pagando por nada, Carlota- al ver que habían intervenido a mi favor, Jenny también habló- es como ellos...
Me estaba rompiendo, mi barrera se había derrumbado, las lágrimas acudieron a mi sin quererlo, pero no iba a llorar delante de ellos, desde pequeña había aprendido a ocultar el llanto y esta ocasión no iba a ser distinta, aunque sabía que no aguantaría mucho así que salí rápidamente de aquella habitación de extraños que aún intentaban ordenar sus pensamientos.
Cuando llegué a mi cuarto vi a mi compañera tumbada en su cama leyendo algo, pero lo dejó al verme entrar.
-He visto a Carlos y dice que... ¿qué ocurre?
-Nada, - respondí intentando en vano que realmente fuera así. Ella no dejó de mirarme hasta que desaparecí por el baño para cambiarme, pero antes de que hiciera nada llamaron a la puerta, por un instante pensé que sería alguno de los que se habían quedado contemplando la discusión en la habitación para decirme que volviera, que las cosas se tenían que solucionar, pero no fue así: al salir del baño me encontré con los ojos color cristal de Carlos, me miró con una sonrisa que no correspondí y creo que intuyó algo de lo que había pasado porque apartó suavemente a Lidia de la puerta y entró a abrazarme, eso terminó con cualquiera de mis defensas y comencé a llorar como nunca me hubiera imaginado capaz, Carlos en ningún momento me soltó y tampoco me preguntó nada. Fue lo mejor que pudo hacer, porque, sin saber cómo, acabé contándole todo.
Ambos me miraban, ninguno de los dos dijo nada, pero lo preferí así, a veces el silencio es buena compañía, finalmente Carlos me tumbó en la cama y volvió a abrazarme, no sabía si el estaba haciendo algo o si realmente aquel abrazo era uno de los más cálidos que había recibido. No recuerdo mucho más, sé que oí las voces de ambos hablando... pero no pensaba en eso, por un momento sentí ganas de decirle a Carlos que por su actitud había perdido dos de mis amigas, pero... ¿no son los amigos lo que te abrazan cuando estás mal?


1 comentario:
no m las subaiis tan de seguiido k ntre sta y la miia no m da tiempo a seguirlo todo XDXD!!!
k wappada d foto...mencanta l momnto nicolas!!!
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