martes, 30 de junio de 2009

Capítulo 11: Herencia


Carlos se encontraba tumbado en mi cama relajadamente con las manos tras la cabeza mientras yo terminaba los deberes, sentada en el pupitre le veía reflejado en el espejo que Lidia había instalado en el escritorio, de repente su expresión cambió, frunció el ceño, sonreí, sabía qué pensaba y no podía evitar reírme cuando entrecerraba tanto los ojos y me miraba como si la respuesta a sus dudas se encontrara escrita en letra minúscula en algún punto de mi espalda.
-En serio, no te entiendo...
-Carlos ya hemos hablado de esto...- suspiré.
-Pero no me queda claro por qué no...
-¿Hábitat de las quimeras?- intenté despistarlo.
-Climas tropiclaes- era demasiado rápido- dime solo una cosa ¿Basta con un simple perdón?
-Pues claro que basta, es mi amiga ¿qué más necesitas?
-¡Arrepentimiento!
Giré la silla bruscamente para que mi mirada se encontrara con la suya.
-¿Nunca te ha hecho daño un ser querido?
-Pues claro...- contestó sombríamente.
-¿Y no bastó con un simple perdón?
-No.- Fue una respuesta brusca, helada, que casi me dolió. Le miré con curiosidad, pero con la mirada penetrante de sus ojos cristalinos supe enseguida que esa era un lucha que no iba a ganar, no me iba a hablar de ello... por ahora.
Justo en ese momento Lidia apareció por la habitación y miró con aburrimiento a Carlos.
-¿Otra vez aquí?¿Tan mal huele tu cuarto?- bromeó.
-Vuestros colchones son más cómodos...
-¿sSabes que solo quedan cinco minutos para el toque de queda?- preguntó Lidia, yo me limitaba a observar la escena divertida, Carlos se encogió de hombros.
-Isaac y Melanie son los menos estrictos en cuanto al toque de queda se refiere ¿sabéis lo que quiere decir?-Ambas levantamos las cejas con expresión de interés, aunque Lidia se esforzaba por esconderlo- ¡Voto de castidad para los de agua y tierra!
No pude evitar reírme, pero mi compañera miró a Carlos con desaprobación, puso los ojos en blanco y señaló la puerta.
-Vete.
-Lo que Lidia necesita...
-¡Fuera!- gritó y una pequeña llamita apareció en las pupilas de mi compañera, ya sabíamos lo que eso significaba y Carlos se levantó con tranquilidad de mi cama, me besó en la frente (algo que me desconcertó) y me deseó buenas noches.
-Buenas noches, Lidia. ¡Sueña conmigo!- oímos que decía mientras cerraba la puerta, un cojín se estrelló contra ella y otra vez volví a reír.
-Es un idiota...-susurró mi compañera y le di la razón con un asentimiento de cabeza. Realmente se comportaba como tal pero solo cuando había más gente con nosotros, cuando estábamos juntos cambiaba radicalmente, me pregunté si aquel cambio se debía a aquello que me escondía.
Al día siguiente, después de las aburridas y eternas clases, me senté a comer otra vez con mis amigos de toda la vida.
-¡Hombre, mira quién ha venido!- exclamó Susana.
-Bienvenida- dijo Pedro sonriente.
No fue una bienvenida demasiado calurosa, supongo que era lo que me merecía por haberme comportado de una manera extraña durante varios días, sin ninguna explicación había dejado de relacionarme con ellos, pero me esforzaría para que todo volviera a ser como antes o, por lo menos, se le pareciera algo. Enseguida cada uno siguió con su conversación, <como siempre> pensé, solo que esta vez yo no participaba...
-¿Alguna novedad?- pregunté en general, todos me miraron seriamente, solo faltaba Raquel en la mesa, quien se encontraba en la de enfrente con Marcos hablando casi en susurros- ¿qué?
-Hay varias- dijo Ángel cautelosamente y esperé pacientemente a que se miraran entre ellos y decidían si me lo contaban o no. Finalmente se decidieron afirmativamente y me contaron lo que les había pasado a Ángel, Irene y Jenny con el diario que tantos problemas estaba causando.
-¿Y qué pensáis hacer?- pregunté después de varios minutos, durante los cuales había decidido creerme lo que me habían contado a pesar de que parecía sacado de un cuento de fantasía.
-Bueno, tenemos la posibilidad de decírselo al director- comenzó Irene- y que se entere, no solo de que hemos entrado en su despacho a robar, si no también de que hemos invocado a alguna criatura del mismísimo infierno.
-O, podemos esperar a que esa tal "ama" venga a por nosotros, como nos dijo su mascota, y decirle que todo fue una equivocación, que no queríamos molestar a nadie...- terminó Ángel.
-Voto por la primera- dije asustada con la voz entrecortada.
-Y yo- comentó Jenny.
-Aún así, no tenemos por qué tener miedo a lo que sea que pueda venir a por nosotros, si le explicamos que todo fue un error...
-Entonces quizás ya sea demasiado tarde para solucionarlo, Ángel- le respondí, tenía miedo por ellos y la segunda solución era demasiado arriesgada, puede que diciéndoselo al director se llevaran una amonestación o puede que incluso la expulsión, pero, si así estarían a salvo...
-Supongo que no queda otro remedio- admitió y se cruzó de brazos, Nico le miraba con cautela.
Cuando me levanté de la mesa para ir a las clases prácticas no me sentía más tranquila, decidieran lo que decidieran, estaban metidos en un lío... solo se me ocurría una posibilidad que repondía a lo de "ama" y esa era Meredith Vals, pero el diario databa de tiempos remotos, no podía seguir viva ¿verdad? Solo se me ocurría una persona que pudiera saber algo sobre la vida de Meredith y se encontraba en la puerta del salón mirando con aprensión la mesa que acababa de dejar atrás: Carlos.
-Tú sabías qué era aquel cuaderno.- No era un pregunta, sino una acusación.
-Sí- respondió con calma.
-¿Y bien?
-Luego hablamos- me dijo cortante, entrando en el aula para sentarse con Alex.
Durante las clases prácticas no presté casi atención y mi interés tampoco logró captarlo mi pareja: Lidia, sin embargo cuando por fin el profesor nos despidió (tras su tradicional charla de profesor-ofendido, en la que me nombró por primera vez) me dirigí hacia Carlos, decidida a saber las respuestas, le seguí hasta su cuarto, durante el trayecto no pronunció ni una palabra pero tampoco me impacienté. Abrió la puerta y me indicó que pasara. Lidia estaba completamente equivocada su cuarto no era un pocilga para nada, era precisamente todo lo contrario: si existía un suite en aquel colegio ésta la ocupaban Carlos y Alex, no tenían el típico ordenador rudimentario como todos, tenían un portátil con una pantalla enorme, además de camas de matrimonio y preferí no mirar el baño para no tener más excusas para odiarle.
-¿Y esto?- pregunté impresionada mirando a mi alrededor.
-Eres la primera que entra, a Alex no le hace mucha gracia así que te agradecería que no lo comentaras.
-Pero ¿cómo lo has conseguido? ¿A cuánta gente has tenido que matar?
-No a mucha- rió.- Lo pagan nuestros padres...- Pude notar como escupía las palabras, supuse que odiaba ser un niño mimado aunque me resultó raro: Carlos disfrutaba con el esceso de atención.
Tardé en recordar por qué estaba allí, me senté en una de sus sillas de cuero negro a la espera de sus palabras.
-¿Qué quieres que te cuente? Sí, sabía de quien era ese diario, lo supe por el signo de la portada, hay muchas leyendas sobre la llama encerrada en un círculo, se supone que el círculo simboliza la cárcel de energía pura en la que se encuentra el elemento...
-¿Energía pura?
-Es energía sin convertir, ya sabes, lo normal es expresar esta energía según el elemento pero se dice que la tal Meredith consiguió creearla... si sacas la energía pura de tu interior puedes convertirla en lo que quieras ¡controlarías todos los elemento a tu antojo!- No me gustó la manera en que lo dijo, parecía fascinado por esa idea, sin embargo a mi me asustaba ¿ y si era eso lo que le sucedía a Raquel?
-Pero Meredith murió ¿no?, a pesar de ese gran poder, murió...
-No estoy seguro... las leyendas difieren en este punto, los "fans" de Meredith si es que se les puede llamar así dicen que es imposible que esté muerta, tenía energía invencible que habrá legado a alguien.
Me quedé mirándolo, tanto él como Raquel habían demostrado tener un poder por encima de lo normal, si esta historia era cierta era probable que alguno de ellos hubiera heredado la energía de Meredith, intenté decidir cuál de los dos podría ser y, aunque me dolía pensarlo ambos tenían muchas posibilidades: Carlos era demasiado popular y estaba demasiado seguro de sí mismo como para tener similitud con el carácter inseguro de Meredith, sin embargo le encanta el poder, como a ella; Raquel, ella se parecía más a Meredith en ese sentido pero Raquel no buscaba ser poderosa...finalmente algo en el relato de mis amigos me hizo caer en la cuenta: la criatura había dicho "ama" y si Meredith estaba realmente muerta y su energía había pasado a un heredero, ésta sería una chica.
Creo que acabé algo mareada ya que intentaba levantarme para ir a hablar con los demás pero no me respondían las piernas, Carlos me miró preocupado.
-¿Qué ocurre? Marina, esto solo son leyendas no tienes que...
-No, Carlos... creo que no son... necesito hablar con...- me levanté lentamente y Carlos me siguió cuando salí de su habitación, sabía que slo tenía media hora para encontrarlos y decirles todo antes de que los profesores registraran habitaciones y pasillos para comprobar que todo estaba en orden...

lunes, 29 de junio de 2009

capitulo 10: demasiados cambios...


Menuda nochecita. Ángel y yo nos colamos en el despacho del director y robamos el dichoso libro para que luego nos lo robara una especie de duende con muy mala leche. ¿Un duende? Pero si los duendes no existen… cada vez entiendo menos todo esto. Raquel apareció a las tantas en la habitación, despues de que esa cosa nos estampara contra la pared y nos amenazara diciendo que su ama vendria a por nosotros… genial. Ahora una loca asesina se habia empeñado en nosotros tres. Jenny y yo no le dijimos nada, solo la observamos mientras salia del baño y se metia en su cama con una extraña sonrisita. Miré el despertador del escritorio, eran lasa 06:15 de la mañana, aun faltaban tres cuartos de hora para que sonora el despertador. Me incorporé y me senté en mi cama. Habia dormido muy poco, sin embargo jenny estaba profundamente dormida. No pude evitar sonreir. Esta era nuestra Jenny, siempre durmiendo, siempre. Le daba igual lo que ocurriera. Despues miré a Raquel y la sonrisa se borró de mis labios. Solo podia verle la espalda pero supe que no era ella. Siempre habia sido muy callada, hablando siempre lo justo y necesario, aunque de vez en cuando no habia quien la callara. Y ultimamente estaba cambiando mucho. Si, hablaba con nostros y sonreia, pero todos notabamos que algo iba mal. Fui al baño, me duché y me vestí. Faltaba media hora para empezar las clases pero aslí del cuarto y me fui a la sala de descanso de agua.
Allí, claro, no habia nadie, pues aun era demasiado temprano. Me dejé caer en uno de los puffs, dejé la mochila en un lado y apoyé la cabeza, quedandome mirando al techo.
Raquel, Marina… ¿Qué estaba pasando? Siempre habiamos sido amigos pero desde que llegamos aquí estabamos cambiando.A Marina se le notaba menos pero se le notaba. Desde que conoció al tal Carlos ese. Antes se sentaba con nosotros y era la de siempre, hablando con Ángel en ingles, tanto que a veces nos ponía a todos de los nervios, sobretodo a Susana. Pero ya no era así. ¿Y Raquel?, bueno… en Raquel era mejor no pensar… echaba de menos sus amenazas, sus “miradas asesinas” y su genio. Pero ya no era así. Algo fallaba entre todos.
Comenzé a escuchar ruidos y voces en los pasillos. Miré el movil y vi que ya eran las 07:10. Algo sorprendida por lo rápido que había pasado el tiempo, me levanté, cojí me mochila y me encaminé hacia el salón. Había muy pocos alumnos y algunos profesores ya desayunando y hablando. Fui hacia nuestra mesa de siempre y me senté a esperar a los demás. Me apoyé en la mesa y cerré los ojos. Estaba muy cansada. Escuché que alguien se sentaba a mi lado y pensé que era alguno de mis amigos, asique le hice un gesto con la mano a modo de saludo y seguí con los ojos cerrados.
- ¿Irene?
Abrí los ojos de golpe. Escuchar esa voz me sorprendió. Alcé la cabeza y lo miré. Ivan estaba a mi lado con las cejas algo juntas.
- Hola – lo saludé. La voz me sonó rara y me aclaré la garganta.
- ¿estás bien?
- Si. Esque no he dormido muy bien esta noche. ¿Qué haces ya aquí? Tú sueles venir más tarde.
- Esque he ido a tu habitación y jennifer me ha dicho que te habias ido. Y te he estado buscando hasta que te he visto entrar aquí. ¿Por qué estas tu sola? ¿no has venido con ella y Raquel?
- Ah… no. Me he levantado más temprano y me he ido a dar una vuelta. Tenía que pensar en muchas cosas.
- Ya…
- ¿por qué has ido a buscarme?
- ¿qué?- noté que se puso algo nervioso y lo miré extrañada. – bueno, esque queria hablar contigo. Iba a hacerlo ayer pero al final no me atreví – yo tragé saliva. Lo vi mirar por encima de mi cabeza hacia la puerta y luego a mí otra vez. ¿podemos ir a otro sitio?
Miré hacia la puerta y lo entendí. Ángel, Susana, Pedro y Carlota venian hacia nosotros. Volví a mirarlo y asentí. Nos levantamos y fuimos hacia la puerta.
- ¿A dónde vais? – preguntó Pedro cuando pasamos por su lado.
- ¿A dónde crees que van? Anda, callate y tira para la mesa. – le dijo Susana y me sonrió. Yo le devolví la sonrisa y después atravesé la puerta con Ivan a mi lado. Esta vez no fuimos al rio, pues fuera estaba lloviendo como nunca había visto en estos dias. Nos sentamos en la parte más alta de la escalera, pegados a la pared.
- Veras, queria hablar contigo de lo que pasó el otro día en el rio. – dijo sin rodeos.
- Ah! Claro…
- Bueno, no se me da muy bien hablar, asique…
Me quedé mirandolo con el corazón a cien por hora. Sus ojos negros estaban fijos en los mios. Se fue acercando lentamente hasta que me besó. Ahora si, creia que mi corazón iba a saltarme del pecho. Le devolví el beso aun nerviosa. Despues nos separamos y nos quedamos mirandonos ne silencio, sonriendo.
- Vaya, directo al grano ¿eh? – le dije.
- Creo que esto es mejor que hablar. Lo expresa mejor.
- Mucho mejor – le corrijo. El se rió.
Nos quedamos un rato más juntos, hablando y sonriendonos sin parar. Hasta que vi a Raquel atraveasar la sala para pararse a hablar con Marcos. El momento de descanso y despreocupaciones que había tenido y mi sonrisa desaparecieron. Ivan lo notó y siguió la dirección de mi mirada.
- ¿te has enfadado con Raquel?
- No. Esque ultimamente no es ella. Está rara.
- Bueno, yo no la conozco como tu, pero lo que si he visto es que a cambiado.
- No lo sabes tu bien…
El timbre sonó en ese momento. Nos levantamos y fuimos hacia nuestra clase. Miré a Raquel, que no tenia ninguna intención de moverse de allí. Al llegar a nuestra clase nos despedimos con un beso rápido y cada uno se sentó en su sitio. Primero entró jenny, que se sentó a mi lado.
- ¿cómo esta Raquel esta mañana?
- Bien parece. Ha hecho lo de siempre esta mañana.
- Yo la he visto hablando con Marcos ota vez. – le dije.
- No tengo ni idea de que se traen estre manos esos dos… pero no sé… - me dijo Jenny. Raquel apareció en ese momento por la puerta, sonriente. Al final si que ha venido a clase. Se sentó en su sitio y se puso a hablar con nosotras. Intentamos mostrarnos igual que siempre, pero nos resultaba dificil. Cuando Juan Carlos no dijo que ya había llegado la hora de ir al bosque, ya había parado de llover. Nos separamos con nuestras respectivas parejas y nos posicionamos a la orilla del rio.
- Bueno, hoy quiero que construyais figuras con el agua. – Ian y yo nos miramos y sonreimos – cuanto más grandes mejor. Es un ejercicio bastante sencillo asique despues de que lo termineis, debeis hacer aparecer agua de la nada. Normalmente, esto se enseña a final del curso o en el año próximo, pero ya que algunos alumnos lo saben hacer – todos miramos a Raquel de fiorma automática – el director me a pedido que lo intente con los demás. – dijo mi profesor. Parecia que lo decia obligado. – podeis empezar.
Como nos dijo Juan Carlos, el primer ejercicio era bastante sencillo y a casi todos nos salió a la primera. Esta vez Ivan construyó una ramo de rosas entero y yo unas manos que lo cojian. El segundo no fue tan fácil. Tardé bastante, pero casi al final de la clase, logré hacer aparecer de la nada una pequeña esfera de agua, que fue creciendo debilmente hasta que me fallaron las fuerzas.
Cuando terminaron todas las prácticas, estabamos todos sentados en nuestra mesa del salón, incluidos Ivan y Nicolás. Todos menos Raquel y Marina, que estaban con Marcos y Carlos respectivamente.
- ¿Qué tal hoy con Raquel? – nos preguntó Ángel a Jenny y a mí. Le contamos como se había comportado desde que se habia levantado hasta que habiamos terminado las clases.
- Y cuando se ha puesto a crear el agua, ha creado una catarata entera. Pero tenias que haber visto la catarata… - le tyerminé de decir. Respiré profundamente y le pregunté.- ¿pudiste dormir algo anoche?
- Que va. ¿cómo quieres que durmiera? Si con todo lo que pasó… lo del diario, lo que decia esa tal Merediht, y luego lo del enano que nos atacó… no pude pegar ojo.
- Igual que yo. ¿Crees que Raquel hará lo mismo que esa chica? ¿Qué demostrará su poder con la magia oscura?
- No lo sé, pero espero que no la verdad.
- Shhh, callaros que viene. – nos dijo Jenny.
Finjimos estar hablando con los demás hasta que llegó a nuestro lado.
- ¡Hola! – saludó alegremente. Todos alzamos la cabeza para verla.
- Hola Raquel, ¿te sientas? – le preguntó Jenny.
- No que va. Solo vengo a deciros algo a ti, Irene y Ángel.
- ¿asi? ¿Qué?
- Pues que ya se Irene y Ángel entraron anoche al despacho del director y que cojieron el diario. Y que luego, los tres juntos lo leisteis en nuestra habitación. – soltó.
- ¡¿cómo?! – preguntaron los demás que estaban sentados en la mesa, mirando alternativamente a Raquel y a nosotros tres.
- y vengo a que me lo devolvais – terminó de decir extendiendo la mano.
Ángel, jenny y yo nos miramos algo nerviosos. Nos pusimos en pie.
- Verás Raquel, esque no lo tenemos. – le dijo Ángel. Raquel retiró la mano.
- ¿Qué quieres decir?
- Que nos lo quitaron.
- ¿Quién? – preguntó alzando más la voz.
Contamos lo que había pasado a Raquel y a los demás, que miraban con la boca abierta. Y cuando terminamos, vimos como el rostro de Raquel iba cambiando de colores hasta que recuperó el original.
- No sabeis lo que habeis hecho. – nos dijo, moviendo la cabeza de un lado a otro. – ahora va a ir a por vosotros.
- ¿quién va a ir a por ellos? – preguntó Susana. Pero Raquel no contestó. Se dio la vuelta y desapareció por el pasillo.
Vale, ahora estaba asustada. Lo que habia pasado y lo que Raquel no había dicho no era normal. Nos sentamos en el banco, blancos como la cera y tras contestar a los atolondrados cometarios de Susana y las nerviosas preguntas de Ivan y Nicolás, me levanté y fui a mi dormitorio. Ivan me acompañó hasta el. Nos paramos en la puerta.
- ¿me vas a contar que es lo que ha pasado?
- Ya lo sabes todo. Lo que has oido en el salón es lo que ha pasado.
- Y esa cosa que apareció anoche en tu cuarto… ¿Qué fue lo que os dijo?
- Dijo: Oh, Oh, no deberías haber hecho eso, y tambien, Oh Oh, ahora irá a por vosotros. Lo mismo que nos ha dicho Raquel antes.
- Entonces… Raquel sabe algo.
- Ya lo creo que lo sabe, pero estas que suelta algo. Y encima Jenny y yo tenemos que dormir con ella… - le digo. Puse mala cara al imaginarmelo, pero no me quedaba otro remedio. Tras convencer a Ivan de que me dejara entrar a mi cuarto y de despedirme de él, entré a mi habitación. Me quedé apoyada contra la puerta, observando la oscuridad. Buscando que se yo hasta que encendí la luz. Fui hacia la ventana, me quedé mirando como un increible rayo caia a lo lejos. Le siguió una gran tromba de agua, que cada vez caia más y más fuerte. Todos los dias llovia, ¿porque hoy iba a ser diferente?. Me sobresalté cuando Raquel y Jenny entraron. Nos quedamos calladas mirandonos entre nosotras, muy serias. Sin saber muy bien que decir. Algo se habia roto en esa habitación y tuve la extraña y triste impresión de que el sonido de las gotas al caer contra el suelo y la ventana era lo único que se escucharia a partir de ahora en ese cuarto.

Capítulo 9: Flor marchitada



-Pues no, resultan que ni tienen ojos ni boca y menos aún chillan- Dice Pedro

Estamos en la clase de prácticas, en el invernadero y nos toca a hacer en grupos una pócima somnífera con jugo de mandrágora. Pedro sujeta con fuerza como si fuera a escaparse la pobre planta escuálida, la investiga observándola milímetro a milímetro y toqueteándola por todas partes..

-Creo que has visto demasiadas películas Pedrito- Suelta carlota- Toma Ángel, yo ya tengo la mía cortada a trozos.

Cojo los pedazos de mandrágora, los machaco con el mortero y suelto el jugo en la olla con agua hirviendo. Enseguida el líquido coge un color marrón amarillento.

Al terminar la clase, cada grupo llena un recipiente de cristal que lleva los nombres con un poco de pócima, después los dejamos encima de la mesa de Alonso, nuestro profesor para que los examine. Carlota y pedro salen los dos juntos por delante de mí de la clase, yo les sigo por detrás sin ganas, cuando voy a salir me encuentro apoyado en el marco de la puerta a Nicolás. Sonrío nada más verlo, está tan guapo como siempre.

-Hola- saluda con media sonrisa.
-Hola, ¿Qué haces por aquí?
-Creía que dijimos de ir a cenar esta noche a tu habitación.
Le miro y me río.
-Que bien que no te hayas olvidado.
Levanta los brazos y me enseña una bolsa de plástico.
-Les he dicho a las cocineras que estabas malo en tu habitación-se explica.
-Oh, buena idea.




La habitación está hecha una porquería, la comida esta esparcida por el suelo, no puedo vivir con este desastre, bueno ahora sí. Los labios de Nicolás vuelven a besar los míos y yo cierro los ojos y me dejo llevar. Es extraño, parece que nuestros labios hubieran sido creados a propósito para encajar el uno con el otro, como un puzzle, como una pieza y su engranaje. Mis labios se deslizan con delicadeza por los suyos, es como un mundo infinito con miles de posibilidades. Ahora me muerde suavemente. Sus labios son dulces. Aparto la cara hacia un lado y me mira extrañado.

-Necesitaba respirar- me quejo riéndome.

Estamos en la cama tumbados, él encima de mí, se ríe y a mí me gusta. Vuelve a juntar su cuerpo con el mió, pero está vez más cerca, puedo sentir el palpitar de su corazón chocando contra mi pecho, un palpitar que no es tan fuerte como el mío, sin duda, siento que esta sensación que tengo en el pecho es tan fuerte que me voy a morir, tiene tanta fuerza que hasta causa dolor. Me vuelve a besar.

De pronto abren la puerta. Enseguida Nico y yo nos apartamos y nos sentamos en la cama.

-Ejem…-Tose Pedro.- Ahora ya sé porque no habéis cenado con nosotros.

En otro momento, para ser específico, en otro momento anterior me hubiera asustado, pero hace ya dos días que les dije a mi grupo lo que teníamos Nicolás y yo, así que no me sobresalté mucho.

-¿Ya has terminado de cenar?-Pregunto a Pedro para romper la tensión.
-¿Has visto la hora que es? Queda quince minutos para el toque de queda-mira a Nicolás- tendrías que ir ya tu habitación si no quieres que te castiguen.
-Sí, cierto- Dice levantándose.
-Te acompaño-le digo.


Cuando llegamos a la habitación nos despedimos con un simple “hasta mañana” aunque en el fondo lo que quiero de verdad es abrazarle y besarle. Pero no nos queremos arriesgar a que alguien nos vea.

-Corre si no quieres que te castiguen, no deberías de haberme acompañado, ya son las doce, ti ven la llevas clara.

-Tranquilo-digo.

Salgo del pasillo de los alumnos de viento y me introduzco en la zona circular, está todo completamente oscuro, apenas veo, menos mal que los relámpagos de la tormenta de afuera alumbran la estancia de vez en cuando. De repente como si me hubieran oído el pensamiento una luz alumbra un poco la sala. La luz pertenece a una vela que baja por las escaleras que llevan al segundo piso. Miro y veo que es Melanie, la profesora de viento que bajo en camisón. Si atravieso la sala hacia mi pasillo me verá, así que decido no arriesgarme y me introduzco por el pasillo de agua. Me aprieto en la pared e intento no respirar apenas pero por desgracia la luz de la vela se acerca por este pasillo. Corro sin hacer ruido e intento acordarme de la habitación de Jenny.
Me va a pillar…
Corro hasta el final, intentando no provocar ningún sonido, Melanie cada vez se acerca más, puedo oír sus pasos, la luz casi me alcanza…
Estoy perdido.
Pero de pronto se para. Aprovecho y organizo mis pensamientos. Al fin localizo la puerta de la habitación de mis amigas. No me arriesgo a tocar, así que transformo mi dedo en una llave de madera. Mi dedo se convierte en una fina rama, la introduzco en la cerradura donde se ensancha y se moldea. Al principio no funciona pero al final coge forma y la puerta cede. Paso y cierro rápido.





-¿Raquel?
-¿Tengo pinta de ser Raquel?
Oigo un clic y una pequeña luz procedente de la mesita de noche de Irene alumbra un poco la habitación.
-¡Ángel! ¿Qué haces aquí a estas horas?- pregunta Jenny acurrucada en su cama, al igual que Irene.
-Es una larga historia- Digo sin ganas de dar explicaciones-¿Y Raquel, donde está?
Irene bosteza, estira los brazos y después contesta con sueño.
-La verdad es que creíamos que eras ella, se ha ido hace media hora con el director y aún no ha vuelto.
-¿Y qué quiere el director de ella?
-A lo mejor quiere entregarle el cuaderno que encontramos ella y yo en el bosque- Salta Jenny.
-Eso me ha dado una idea-digo de repente.
Me acerco a la cama de Irene, le cojo de la mano y le saco de un estirón.
-¿Adónde me llevas?-Dice algo asustada.
-Ya verás, ¿Jenny te vienes?
-Emmm… no, prefiero quedarme durmiendo- Y acto seguido se tapa con la manta.

Irene y yo salimos de la habitación cogidos de la mano, yo voy el primero haciendo el camino, doy gracias en mi interior otra vez por la luz que nos proporciona los relámpagos de la tormenta.
-¡Ángel dime dónde vamos!¡Si nos pillan nos matan!
-Vamos a averiguar que está sucediendo, no sé tú, pero están pasando muchas cosas últimamente, Marina, el libro, Raquel… Y ahora el director se interesa por ella.
Me mira con cara de miedo. La misma Irene de siempre.
-Irene, no te quiero obligar, si quieres volver a la habitación, adelante, si quieres venir conmigo no me sueltes la mano. No te voy a reprochar nada, pero decídete ya.
Nos paramos un instante, Irene mi mira confusa, siento que su mano ya no se estrecha con la mía con tanta fuerza, cada vez está más floja, siento que se me resbala y cuando están a punto se soltarse aprieta la mía con más fuerza justo a tiempo.
Nos sonreímos mutuamente y seguimos el camino.
Subimos las escaleras en silencio, cuando llegamos al segundo piso nos dirigimos directos al despacho del director, nos acercamos a la puerta cuando de repente vemos el pomo de la ésta girar. Irene y yo retrocedemos asustados y nos escondemos detrás de un macetero que hay en el pasillo. Salen dos figuras que no tardan en ser delatadas por la luz de la tormenta. Son Raquel y el Director.

-Bien, ahora te enseñaré una cosa más, vamos a la biblioteca-Dice él con su gruesa voz mientras sale del despacho seguido de Raquel que ni se molesta en contestar.

Puedo notar que hay algo distinto en Raquel, algo distinto en sus ojos, como si supiera algo que los demás no supiéramos, como si solo estuviera ella en este mundo y fuera la única que vale la pena. Irene yo aguantamos la respiración hasta que al fin se alejan lo suficiente. Salimos de detrás del macetero y me dijo en que se han dejado la puerta abierta. Irene me sigue la mirada y se da cuenta

-Oh, no, eso si que no Ángel.

Pero no le hago caso, cogidos de la mano, nos introducimos en el despacho. Para mi sorpresa no es muy grande, si no al contrario, es pequeño y ordinario, un escritorio, una estantería, un globo terráqueo… y el libro. El libro misterioso se encuentra encima del escritorio a simple vista, algo que me parece demasiado extraño, pero no hay tiempo, lo agarro y salimos del despacho sin perder más tiempo



Al fin estamos en la habitación, Jenny está en su cama sólo despierta por curiosidad, por saber que contiene ese libro, yo estoy en la cama de Irene con ella, ojeando el libro a la luz de la lámpara pequeña de la mesita.

-Parece un diario…-Dice Irene- Um… Meredith Vals.
-¿Meredith Vals?-Pregunto
-Sí, así se llama.

Empezamos a ojearlo. Pasada media hora llegamos a una conclusión: MeredithVals era una estudiante de fuego en esta misma escuela con hechos muy parecidos a los de Raquel.

-Fíjate – Le digo a Irene señalando una página del diario.

17 de septiembre de 1852

Querido Diario:
Este colegio en una cárcel, ¿Cómo han podido mis padres encerrarme aquí? Necesito salir, no soy nadie. No sirvo para nada y mi profesor se encarga de recordármelo todos los días. Vale no seré una buena maga de fuego ¿y qué? Quiero morirme.

Meredith V.



-Se ve que la chica era un poco depresiva ¿qué pasa con eso?- pregunta Irene extrañada.
-Ahora fíjate en este- Digo buscando otra hoja hasta que al fin la encuentro- lee.

26 de septiembre de 1852

Querido Diario:
Todo ha cambiado. Ahora sé que puedo. Hoy casi mato a un compañero. Ha sido tan fuerte la furia que sentía hacia él que ni me ha costado invocar un remolino de fuego alrededor de él, mientras ardía no pude parar de reírme, por desgracia no ha muerto pero ahora sé que soy fuerte. Tengo poder, soy poderosa y los demás me temen. Por fin soy alguien. Hasta el profesor me ha felicitado y el Director ha hablado conmigo.


-¡Mirad!-Grita Irene como una loca
-¿Qué pasa?- Le sigue Jenny eufórica.
-Te lo dije- digo nervioso-sigue.

Irene me hace caso y sigue leyendo pero está vez en voz alta

-"El director me ha explicado que hay pocas personas como yo, que soy especial, pero no ha dicho en ningún momento que sea poderosa, me tiene envidia, codicia mi poder, he notado que él también me teme- Irene hace una pausa y después prosigue- Me ha explicado que cada persona somos diferentes, que nuestro cuerpo es un transformador de energía, que todos tenemos el mismo tipo de energía, unos más y otros menos, pero es la misma, lo que cambia es la manera en la que sale a la luz, cada cuerpo se encarga de transformarla, esa energía pasa a transformarse en agua, fuego, viento…pero al fin y al cabo es lo mismo; energía pura. Me ha explicado que cuando la energía es devastadora y se hace mal uso de ella cambia nuestra forma de transmitirla de sacarla a la luz, al mundo real, se vuelve oscura. Así nace la magia oscura. Ahora sé lo que me está pasando."

Irene para de leer.
-¿Qué? ¡Sigue!- Grita Jenny enfadada.
-No, no hay más- Digo
¿No hay más?-pregunta Irene.
-Bueno, sí, pero no son importantes, pero sin embargo el último día me ha llamado muchísimo la atención, míralo.

7 enero de 1853

Por fin ha llegado el momento. Tantos meses informándome y entrenándome ha valido la pena. Los demás me temen, los alumnos, los profesores hasta el mismísimo director, ese viejo enclenque. Es hora de demostrar al mundo lo que es la magia de verdad. Lo que es la magia oscura. Es hora de formar mi propio imperio, soy una diamante en bruto entre escoria y ahora lo sé. Nadie me puede parar, soy invencible, he nacido para triunfar, yo soy el poder y esta noche lo demostraré, mataré en un duelo de magia al débil del director y después iré lejos, formaré mi propio reino y seré inmortal.

Meredith V.


-Esta chica no estaba muy bien- dice Jenny.
-Ahora sí que ya no hay más hojas- informa Irene.
-Déjamelo
Irene me pasa el diario, lo examino y encuentro unas palabras pequeñas, casi invisible al final de la hoja, las leo en voz baja y entonces ocurre.
De pronto el sonido de un trueno retumba en toda la habitación, la luz de la lámpara empieza a parpadear pero no se apaga y la ventana se abre dejando pasar el viento de la tormenta y la lluvia.

-¡Maldita sea!-Grita Irene levantándose para cerrarla.

Enseguida oímos una voz cantarina por toda la habitación.

Oh, Oh, no deberías haber hecho eso.

Jenny, Irene y yo miramos a todos los lados asustados.
¿Quién anda ahí?- digo- déjate ver.

Oímos un ruido en la oscuridad de un rincón y después vislumbramos dos grandes ojos azules como zafiros. El misterioso intruso se deja ver, resulta ser una extraña criatura, enana, de unos quince centímetros, parece ser un duende, o quizás un hada, su piel es negra y sus alas son como las de un mosquito, me fijo en sus afilados dientes. De pronto da un saltito y empieza a volar, veo el reflejo del libro en sus grandes ojos azules sin pupila ni pestañas.
-¡NO!- Digo cuando me doy cuenta. Pero es demasiado tarde, a la velocidad de la luz, casi invisible vuela hacia el libro, lo agarra sin apenas esfuerzo a pesar de que este es mucho más grande que él.

Jenny no se mueve, está asustada y se mete mucho más en la cama, sin embargo Irene y yo estamos levantados enfrente de la ventana dispuestos a no dejarle marchar.

-Dánoslo si no quieres que te hagamos daño- Digo intentando que no se me note el temblor en mi voz.

La pequeña criatura se coloca a la misma altura de nuestros ojos con el libro en las manos, nos mira y sonríe.

Oh, Oh, no debo hacer esperar a mi señora o se enfadará.

Y con un simple chasquido de sus dedos la ventana se abre y noto un gran fuerza invisible que me empuja y me lanza contra la pared. Cuando intento reaccionar, me pasa lo mismo que la última vez, llego tarde: La criatura ya se ha marchado y se ha llevado el libro con ella.
Irene se levanta del suelo.
-¿Qué ha pasado?
Jenny no tarda en responder.
-Magia negra…
Los tres nos miramos asustados, sin saber que hacer, nerviosos y con el corazón a punto de estallar, tenemos miedo.
-Creo que será mejor que durmamos y ya hablaremos de esto por la mañana- sugiere Irene respirando con dificultad.
-Sí, nos hemos metido en un lío, y esto no es juego.
-Nos vemos mañana.

Abro la puerta y cierro, está todo oscuro, tiemblo nada más de pensar que tengo que traspasar un montón de camino hasta llegar a mi habitación. Mi respiración es agitada, me tiemblan las manos y las piernas, el pulso está demasiado acelerado, la cabeza me quema, no puedo dejar de temblar, no quiero andar, quiero quedarme quieto y pasar toda la noche aquí en el pasillo, tengo miedo de verdad. Pero sé que tengo que llegar, corro sin mirar atrás, tengo ganas de llorar cuando oigo la voz de la criatura entre la oscuridad:

Oh Oh, ahora irá a por vosotros.

Ahora una lágrima cae por mi mejilla, abro la puerta de mi habitación y entro. Por fin estoy a salvo. Voy directo al baño. Me tranquilizo, dejo que el pulso de mi corazón vuelva a la normalidad y me miro en el espejo.
Ha sido un fin de semana intenso y he empezado la semana muy mal. Creo haber abierto los ojos, ahora veo todo de otra forma, con otra perspectiva, me siento extraño, casi no me reconozco; todo está cambiando y tengo miedo a ese cambio, tengo miedo a lo desconocido, a lo que está por venir. Me miro en el espejo, mis dos ojos verdes brillan más de lo normal, pero es un brillo de pena, de desesperanza, de ira, de impotencia, de dolor, de soledad…Un brillo que muestra debilidad. Mi pelo se encuentra despeinado, mi pálida y pecosa piel sudorosa, Ahora que me fijo tengo una cara extraña, soy horroroso. ¿Cómo puede estar Nicolás, alguien tan perfecto y hermoso conmigo? No le merezco, me odio, soy asqueroso. La rabia invade mi cuerpo y con ella las ganas de llorar, y dejándome llevar por un impulso animal cojo lo primero que encuentro, agarro el recipiente del jabón y lo lanzo contra el cristal del baño que se rompe en mil pedazos. Una lágrima cae por mi mejilla, miro mi imagen desfigurada en lo que queda del espejo y veo mi patética cara, sigo dando asco.
Voy vestido pero aún si no dudo en entrar a la ducha y abrir el grifo, me siento y apoyo la espalda contra la pared y dejo que las pesadas gotas de agua caigan sobre mí mezclándose con mis lágrimas dulces, las pequeñas gotas que para mí son enormes van cayendo poco a poco contra mi débil piel humana provocando un sonido seco, suenan como mil latidos al mismo compás. Siento mis pensamientos fluir de un lado a otro, todo se junta en mi cabeza: Lo rara que está Marina últimamente, la pelea que hubo en el bosque, el potencial del Raquel y Carlos que hacen sentirme débil, y ahora esto, una asquerosa criatura que me roba el libro, no sirvo para nada, me siento como un simple peón en una partida de ajedrez y no sé mi papel. Aquella criatura… ¿En qué mundo vivo? Me siento débil e inferior, siento que este mundo en el que he nacido es una mentira, que todo lo que creía cierto no lo es, ¿y si nada fuese cierto? Me siento solo, muy solo, sin nadie a mi lado, necesito que alguien me comprenda, que alguien me busque y pregunte por mí, en vez de ser yo el que siempre lo haga, quizás sólo una persona se preocupe por mí: Nicolás, pero es ¿Real? ¿Y si esto es sueño o una pesadilla? Ahora que fijo y caigo que todos nos resguardamos en el amor, Iván, Mario, el chico en que se ha fijado Raquel, Nico…Necesitamos amor para sentirnos fuertes, para sentirnos queridos. Hoy estoy mal, estoy triste como este día gris. Son más de las tres de la mañana, y solo me conforta el agua caliente al caer contra mi piel, solo aquí me siento seguro, resguardado de la fría tormenta que hay afuera. Siento frío, soledad, siento que estoy más solo que nunca. Cierro los ojos cansado, no puedo hacer nada y lo sé. Me siento marchitar, estoy marchitándome y no sé cuanto podré aguantar, finalmente lleno de impotencia bajo las gotas de agua dejo que este pulso lo gane el dolor…

sábado, 27 de junio de 2009

Capítulo 8: Nueva actitud


Me levanté como de costumbre la primera, la cabeza me daba vueltas no quería que hoy fuera otro día como los demás, no quería que todos volvieran a preguntarme lo mismo de siempre.

Esta vez no abrí la cortina, hice el menor ruido que pude para no despertarlas y entré en el baño para vestirme.

Todo volvía a mi cabeza como de costumbre, la pelea de Carlos, los comentarios de los demás, la forma en que me miraban ahora todos mis amigos.

Hice un esfuerzo para recordar la pelea de Carlos, me senté en la taza del váter y apoyé mi cara entre las piernas cogiéndome la cabeza con las manos.

Encontré el libro dentro de uno de los árboles del bosque, dentro de la madriguera de alguna ardilla.

Lo cogí y lo abrí extrañada de ver un libro tan antiguo por ahí, lo miré por encima y vi algunos dibujos parecidos a los libros de los estudiantes de fuego, leí atentamente y me dí cuenta de que no era un libro de fuego, sino que era un diario.

Era el diario de una chica, al parecer llamada Meredith, leí varios días por encima y para cuando Jenny se percató de que había encontrado algo ya me había centrado en un trozo de el libro.

A la chica le costaba mucho hacer los ejercicios de primer nivel con dificultad, todos incluido el profesor la trataban como si no existiera, hasta que un día reventó cuando uno de los alumnos comenzó a burlarse de ella, y de pronto una llamarada gigante de fuego lo absorbió completamente, sino llega a ser por el profesor ese chico hubiera muerto.

Desde ese momento ella se sintió mejor por que sabía que tenía poder, que ahora todos la respetaban por miedo, y eso le gustaba.

No llegué a leer más cuando Carlos y Marina llegaron de la nada, él al ver el libro que tenía entre las manos comenzó a enfadarse y me dijo que se lo entregara enseguida.

Al oír su tono de voz me comencé a enfadar, ese libro, esa chica, se parecía mucho a mí y necesitaba saber lo que le ocurría.

Me negué y entonces Carlos avanzó para quitármelo pero enseguida le lancé una tromba de agua, el libro se me cayó cuando intentaba esquivar una bola de fuego, y así seguimos hasta que llegaron los demás.

Levanté la cabeza y miré al frente, no podía seguir más así.

Ya estaba vestida así que salí del baño y justo antes de irme abrí las cortinas para que Irene y Jennifer se levantaran.

-¿Raquel..?-Preguntó Irene-¿Qué haces ya vestida?

-Hoy me adelanto.-Dije cerrando la puerta detrás de mí.

Llegué a las aulas de agua, y me senté en mi sitio. Todavía no había llegado nadie, ni siquiera el profesor.

Así que me volví a sumergir en mis pensamientos.

Esta vez pensé en las horas perdidas en el despacho de Juan Carlos, en los comentarios que me hizo, en las desconexiones de mente que hice durante algún tiempo.

Me dijo que se avergonzaba de mí, pero yo por dentro no me lo podía creer, era la única persona de primer año que había conseguido hacer eso, y sin embargo mientras que a Carlos lo premiaban con palmaditas en la espalda a mi me regañaban.

Justo antes de salir del despacho desconecté completamente, ya daba igual lo que dijera, en esos momentos me daba todo igual.

Empezó a llegar gente, ya habrían desayunado, y de entre la multitud pude ver a Irene y a Jennifer.

Se sentaron a mí lado y mientras que Jennifer actuaba como si nada hubiese ocurrido Irene me preguntó.

-¿Por qué te has ido así esta mañana?¿Por qué no has venido a desayunar?

-No tenía ganas de vuestros interrogatorios, y porque no tenía hambre.-Dije sin mirarla.

-Hace tiempo que no desayunas, cenas cuando quieres y no comes casi nada.-Dijo Irene poniendo su cara delante de la mía.-¿Quieres caer enferma?

No respondí a Irene, aparté la mirada pero Irene me cogió por la muñeca.

-No pienso ver como una amiga se hace daño a ella misma y no hacer nada, tienes que volver a ser la de antes.

Me solté de Irene casi sin problemas y la miré desafiante.

-¿Crees que me gusta estar así?

Y salí de la clase justo cuando Juan Carlos entraba.

-Señorita Carreres, ¿Adónde se cree que va?

-Me encuentro mal.-Dije cortantemente y me fui hacia la biblioteca.

En estos momentos prefería estar en un lugar seco antes de que ir al bosque y recordar la escena del otro día.

Cuando entré no había casi nadie, solo algunos alumnos de segundo año que buscaban información para trabajos.

Fui a la sección del agua para encontrar algo que me distrajera, cogí un libro donde explicaban algunos conjuros de defensa.

Me senté en una mesa donde no había nadie y comencé a leer el libro; enseguida comencé a aburrirme y busqué en mis recuerdos alguna imagen gratificante.

Entonces di con un recuerdo de días atrás.

Estaba en el bosque dando un paseo para distraerme cuando di con alguien, era un alumno de segundo de tierra que buscaba algunas plantas por el suelo o por los arbustos.

Se percató de mí y enseguida me saludó con una sonrisa, era pálido, con el pelo y ojos negros, no llevaba la túnica de color verde oscuro porque la había dejado encima de una rama de árbol.

Yo me dí la vuelta y comencé a alejarme pero el chico gritó su nombre.

Yo me volví a girar y con media sonrisa dije el mío.

Ese día no volví a verlo ya que me fui rápidamente de allí, pero pasados unos días lo volví a ver en uno de los pasillos de los exteriores.

Esta vez si que iba con su túnica y al verme pasar por su lado me saludo estrechándome la mano y con una gran sonrisa.

-Raquel…

Me quedé petrificada mirando a mi alrededor observando como la gente nos miraba.

-Eh… hola.-Dije soltándome la mano, estaba demasiado nerviosa como para hablar con nadie, ya que en esos momentos me sentía muy mal.-Tengo que irme.

Notaba como si alguien me observara mientras me alejaba y sabía que era él, me giré para comprobarlo y cuando lo miré me despidió con una sonrisa y un movimiento de mano.

No sé porque pero yo también sonreí y desde ese momento me sentí mucho mejor.

Volví a la realidad y me dí cuenta de que los de segundo año no paraban de mirarme, me pregunté porque sería y me dí cuenta de que no estaba en clase, todos pensarían que me había fugado o algo así.

Dejé el libro y salí casi corriendo de la biblioteca, estuve paseando un buen rato hasta que me topé con algunos alumnos de segundo año de varios elementos, estaban probando sus poderes unos con otros y de entre ellos me fijé en un chico pálido y con el pelo negro.

Me apoyé en la barandilla de piedra y me quedé observándolos, el chico se me quedó mirando y se acercó a mí.

-Raquel…-Susurró.

-Marcos…-Susurré.

No se lo que hacía y porqué me comportaba de esa forma cuando estaba con él, parecía que cada vez que me acercaba a él todo desaparecía y por fin podía estar en paz.

-¿Qué tal estás?

-Mal, ¿acaso no se nota?

Abrí los ojos como platos al ver lo que le había dicho, no me podía creer que le hubiera hablado de esa forma.

-Todos pasamos por un mal momento alguna vez, pero al final pasará.

No sabía lo que me ocurría, quería contarle todo lo que me pasaba, pero no quería contarle nada.

-Creo que debería irme, no tendría que estar aquí.-Dije al ver a lo lejos a un profesor de los de segundo año.

-Tranquila, no te pasará nada.-Dijo y me cogió por la muñeca tirando de mí.

-¡NO! Marcus.

Para cuando me di cuenta ya estaba con los demás alumnos de segundo, todos emitían pequeñas sonrisas al mirarme y cuando llegó el profesor me miró de arriba a abajo.

-¿Tenemos una nueva alumna?

-Oscar.-Dijo Marcus -esta es Raquel.

-Es una de los dos chicos de primero que se pelearon el otro día.-Dijo una chica.

-Estupendo, es extraño ver a varios alumnos de primero que sobresalgan tanto de sus demás compañeros.

-Yo no…-No sabía que hacía allí, su profesor se entretendría hablando de la pelea o me mandaría a mi clase.

-Tranquila, sabemos que deberías estar en clase, pero Juan Carlos no reconoce un verdadero mago cuando lo ve.-Dijo Oscar sonriendo.-Creo que te vendría muy bien que te quedaras a observar lo que hacemos.

-Yo no sé si…

-No pasa nada, quizás podrías enseñarnos algún truco tuyo.

Me asusté al oír esas palabras y después de un rato me vi sentada en la hierba rodeada de gente viendo como dos chicos intentaban ganar, uno creando una flor de agua y el otro intentando deformarla.

En ese momento estaba muy bien, me hubiera gustado entrar directamente a segundo año, esas personas eran más maduras y no se hacían tanta competencia por ser los mejores como en primer año.

Me reí al ver como uno de loa chicos empezó a crear un montón de bichos y la chica con la que tenía que luchar empezó aplastarlos todos con ligeros movimientos de mano.

-¿Por qué no hay ningún alumno de fuego?-Le pregunté a Marcos.

-No se quieren mezclar con nosotros.

Oscar nos hizo un gesto a mí y a Marcos, este me cogió de nuevo por la muñeca y

Me llevó hasta donde todos hacían sus prácticas.

-Tranquila no te haré daño.-Me dijo Marcos en broma.

Marcos creó una pequeña mariposa hecha de hojas y de pequeñas ramas y la empezó a mover como una mariposa auténtica.

Todos me miraban, no sabía que hacer así que me centré en la mariposa y la comencé a visualizar en mi mente cerré los ojos y volví a recordar los momentos de la pelea de Carlos.

Los volví a abrir y vi. a una especie de persona de agua un tanto deformada que cogía la mariposa y se la tragaba destruyendo los pedazos poco a poco.

Me asusté al ver esa cosa, y de pronto todo el agua cayó al suelo empapando a los que estaban cerca.

Todos me miraban sorprendidos pero Oscar me miraba con cara de curiosidad.

Ya casi era la hora de comer y me fui rápidamente de allí despidiéndome de todos.

Cuando llegué al comedor vi la cara de todos al verme, me miraban como si apenas me conocieran, cuando estaba con los alumnos de segundo año me comportaba de otra forma, quizás debería comportarme con ellos así.

Quizás debería guardarme lo que siento y mostrar otra cara a los demás, debería actuar para seguir conservando a mis amigos.

Cogí comida y me senté al lado de Irene que ni siquiera me miró esta vez.

Volví a recordar como me debía comportar y le dí un abrazo a Irene pidiéndole disculpas por todo lo que había echo, me disculpé con los demás también y al ver que no estaba Marina me levanté de la mesa y me acerqué a la mesa de los de fuego, al ver que me acercaba Carlos se levantó pero yo le ignoré y lo saludé con una amplia sonrisa.

Marina se dio la vuelta y al verme sonreír se quedó parada.

La abracé y me quede callada durante un rato.

-Sé que tú no tienes culpa de nada, la culpa es solo mía, por favor perdóname.

En ese momento Carlos y los demás me miraron con aún más odio de lo que estaba acostumbrada a ver.

Tenía que hacerles creer que todo había cambiado en mí, aunque eso no fuera cierto.

Oscar se acercó a mí y me dijo que el director me quería ver otra vez, me quedé extrañada, quizás le había molestado que hubiera estado en la clase de los de segundo y que por eso me volvería a castigar.

Me dirigí a la salida del comedor y me despedí de todos mis amigos con un gesto de mano.

Pasaba por los pasillos del exterior, el camino era un poco más largo pero no tenía prisa, me sabía el camino de memoria.

Llegué pero me dijeron que esperara un poco que enseguida me harían pasar, me quedé mirando por la ventana, estaba lloviendo como de costumbre pero algo en el exterior captó mi atención.

Una mariposa se acercaba hacia el cristal de la ventana, cuando se poso sobre el cristal pude observar que estaba echa de pequeñas hojas y de ramas.

Abrí la ventana y cogí la mariposa en mis manos no pude evitar sonreír y me la guardé dentro de uno de los bolsillos de la túnica.

Alguien abrió la puerta del despacho haciéndome un gesto con la mano para que pasara

viernes, 26 de junio de 2009

Capítulo 7: Explicaciones


No puedo más, el comportamiento de Carlos en la excursión del bosque fue inaceptable, hasta el momento en el que nos topamos con Jenny y Raquel se estaba comportando normal, ni siquiera como un plasta insoportable; pero fue ver ese libro y en seguida intuí que algo no iba bien: en sus ojos pude ver una una intensa llama y en clase nos explicaron que a los de fuego se nos manifiesta la furia de esa manera. Los profesores consiguieron frenar el estropicio que ambos habían cometido y se enfurecieron con sus respectivos alumnos, sabía que en parte, Isaac estaba impresionado con su alumno estrella pero eso no impidió que Carlos tenga ahora que asumir un castigo, al igual que Raquel. Quiero saber qué está pasando, necesito saber por qué actuó así... ¿qué tenía ese libro tan importante para Carlos?
Estuve intentando averiguarlo durante todo el domingo, primero hablé con Jenny durante el desayuno para que me explicara que decía ese libro, pero me dijo que apenas pudo ver nada ya que el libro lo cogió primero Raquel, me dispuse interrogarla a ella también pero, al igual que Carlos, pasaría todo el día con su tutor pagando por lo que hicieron ayer.
Tras el primer fracaso de mi búsqueda, acudí con los demás a una de las cuatro salas de tiempo libre que habían en el colegio, se dividían según el elemento pero, por lo general, tres de ellas siempre estaban entremezcladas, se trataban de salas con varios instrumentos de ocio y llenas de ruido que yo no solía frecuentar, aunque tuve que hacer una excepción para comentar todo lo que estaba ocurriendo con los demás, los encontré tumbados en varios puffs de colores unos sobre otros, a todos excepto a Susana y a Pedro.
-¿Qué se sabe de Raquel?- pregunté arrastrando otro puff hacia ellos.
-Aún no ha salido del despacho...- respondió Irene nerviosa- ayer por la noche no quiso hablar con nadie, se puso a dormir directamente sin dejar de susurrar que... bueno no lo terminé de entender.
Esa frase sin terminar llamó mi atención, algo me escondían.
-¿Sabéis algo más del cuaderno?
-¿Qué quieres que sepamos? Ningún profesor dice nada y cuando lo recogió Juan Carlos se lo llevó al director- Contestó Jenny irritada, creo que no me perdona que yo no esté reprobando el comportamiento de Carlos.
-Es todo muy extraño...- Susurró Ángel que no parecía participar en la conversación.
Hubo un incómodo silencio en el que me sentí como una verdadera intrusa: estábamos en la sala de agua y, a pesar de que no llevaba la túnica roja todos sabían a qué elemento pertenecía, me miraban mucho de reojo además a esto había que sumarle las hostiles miradas de Jenny.
-¿Dónde están Pedro y Susana?- pregunté por fin para romper ese silencio que me helaba por dentro.
-En la enfermería- contestó Carlota y me sentí aliviada de reconocer su voz, sin presión , sin rencor...
-¿Sigue enfermo?
-No, pero dice que la comida de la enfermería es mucho mejor que la del comedor...
Reí sin ganas y decidí largarme de allí, antes de que volviera aquella incomodidad, no sabía dónde ir, había pensado que nos pasaríamos todo el tiempo formulando varias hipótesis para intentar averiguar qué ocurría pero todos de estaban comportando de una manera extraña, dejé que mis pies me llevaran hasta la puerta de aquella sala que parecía echarme a patadas, en la puerta me encontré con Lidia que se dirigía a la sala de ocio de fuego.
-¡Hola!- me saludó entusiasta, su relación conmigo había cambiado bastante... -¿dónde vas?
-No lo tengo muy claro, la verdad- me impresionó lo débil que sonó mi voz, Lidia debió de notarlo porque no era una amiga precisamente de confesiones pero sí una amiga de largos ratos de risas.
-¿Por qué no te vienes?
Accedí, últimamente mis compañeros parecían mucho más dispuestos a entablar una conversación conmigo que mis amigos de toda la vida, en la sala todo parecía más tranquilo, nunca había estado allí y me sorprendió ver tantas caras conocidas. Nos sentamos en uno de los sofás del centro de la sala con algunos alumnos más de cursos superiores que nos saludaron sin ganas, Lidia estuvo a punto de proponerme hacer algo pero me adelanté.
-Lidia ¿qué se sabe de Carlos?- no pareció sorprenderle la pregunta y respondió como si se hubiera aprendido la respuesta de memoria.
-Estará en el despacho de Isaac hasta esta noche- le miré levantando las cejas- pero eso ya lo sabes... ¿qué quieres saber?
-Habrá pasado la noche en su cuarto, quiero hablar con su compañero ¿sabes quién es?
-Alex- contestó resueltamente. Miré en dirección a donde lo hacía mi compañera y reconocí a uno de los amigos de Carlos, solían ir siempre juntos y no me sorprendía que fueran compañeros de habitación. Alex se encontraba delante de una de las televisiones de plasma jugando a la play con otro chico de mi clase que no sabía su nombre. Me aproximé hacia él.
-Mmmm... ¿Alex?- pregunté suavemente, intentando no molestarle, para no perder mi oportunidad de conocer algún dato más. Cuando me oyó puso cara de fastidio, puso el juego en pausa y me miró aburrido.
-¿Hablaste con Carlos ayer por la noche?- No tenía por qué fingir, él sabía por qué había ido hasta él, no eran necesarios los preliminares.
-Claro.- Contestó sin dejar de mirarme.
-¿Y qué te dijo?
-¿Quieres saber cómo tu amiga le jodió la tarde? O mejor explícame tu a mí por qué ella no quiso darle el cuaderno cuando ni siquiera lo entendía.
-¿Cómo?
-¡Estaba escrito en runas de fuego! ¿quién se cree que es para cogerlo y no devolverlo? Podría ser de cualquiera de nosotros.
Me quedé aturdida por un momento: ese detalle no me lo había dicho Jenny...
-Pero si fuera así ¿no se lo habrían devuelto ya a su dueño? por lo que sé aún lo tiene el director...
-No intentes disculparla, Marina, lo que hizo no tiene sentido, Carlos solo se lo pidió para devolverlo...
No sabía qué pensar, en el fondo Carlos había actuado para ayudar pero ¿era necesario ayudar atacando? La charla había aclarado algunas cosas pero había dado paso a muchas más dudas que respuestas. Pasé el resto del día yendo de un lado para otro sin hablar con nadie, meditando sobre lo que había pasado por la mente de ambos, no tuve fuerzas para ir a comer y soportar la dura frialdad de los ojos de Jenny, también pensé en ella ¿volveríamos otra vez a ser como antes?, yo no iba a pedir perdón a a nadie ni a defender a ninguno... eso no ayudaría a solucionar las cosas pero pensé que sería lo mejor hasta que se calmaran las cosas. Después de un interminable paseo por el bosque durante el cual no fui consciente de nada, comprendí que había oscurecido: los castigados ya eran libres.
Raquel, decidí que primero la visitaría a ella, así que me dirigí a su habitación. Carlota me abrió la puerta y me sorprendió encontrarme con todos allí. Raquel estaba sentada en la cama con expresión cansada, cuando me vio, su expresión pareció reflejar algo de odio y la poca seguridad que me quedaba se arrastró por el suelo y desapareció tras la puerta.
-¿Cómo estás?
-No solo me ha dicho que se avergüenza de mí, también cree que con mi actitud no voy a servir para nada bueno.- respondió con la mirada perdida.
-Raquel, yo...- los demás permanecían callados mirando al suelo, sabía lo doloroso que tenía que ser para ella que su tutor lo digera eso.
-Eso no es lo peor, ¡Carlos ha estado diciendo en la cena que Isaac está muy sorprendido de que alguien haya sabido hacer eso en primer año!- ya no fingía ni intentaba contenerse, había explotado, toda la ira que había acumulado contra Carlos me estaba estampando en la cara.
-Él pensó que el cuaderno era de alguno de los de clase e intentó...
-¡No, Marina! No te intentes engañar... Ese cuaderno no era de ninguno de los vuestros.
-Raquel- por fin intervino alguien en la discusión- Marina no tiene por qué pagar por lo que hizo Carlos.
-No está pagando por nada, Carlota- al ver que habían intervenido a mi favor, Jenny también habló- es como ellos...
Me estaba rompiendo, mi barrera se había derrumbado, las lágrimas acudieron a mi sin quererlo, pero no iba a llorar delante de ellos, desde pequeña había aprendido a ocultar el llanto y esta ocasión no iba a ser distinta, aunque sabía que no aguantaría mucho así que salí rápidamente de aquella habitación de extraños que aún intentaban ordenar sus pensamientos.
Cuando llegué a mi cuarto vi a mi compañera tumbada en su cama leyendo algo, pero lo dejó al verme entrar.
-He visto a Carlos y dice que... ¿qué ocurre?
-Nada, - respondí intentando en vano que realmente fuera así. Ella no dejó de mirarme hasta que desaparecí por el baño para cambiarme, pero antes de que hiciera nada llamaron a la puerta, por un instante pensé que sería alguno de los que se habían quedado contemplando la discusión en la habitación para decirme que volviera, que las cosas se tenían que solucionar, pero no fue así: al salir del baño me encontré con los ojos color cristal de Carlos, me miró con una sonrisa que no correspondí y creo que intuyó algo de lo que había pasado porque apartó suavemente a Lidia de la puerta y entró a abrazarme, eso terminó con cualquiera de mis defensas y comencé a llorar como nunca me hubiera imaginado capaz, Carlos en ningún momento me soltó y tampoco me preguntó nada. Fue lo mejor que pudo hacer, porque, sin saber cómo, acabé contándole todo.
Ambos me miraban, ninguno de los dos dijo nada, pero lo preferí así, a veces el silencio es buena compañía, finalmente Carlos me tumbó en la cama y volvió a abrazarme, no sabía si el estaba haciendo algo o si realmente aquel abrazo era uno de los más cálidos que había recibido. No recuerdo mucho más, sé que oí las voces de ambos hablando... pero no pensaba en eso, por un momento sentí ganas de decirle a Carlos que por su actitud había perdido dos de mis amigas, pero... ¿no son los amigos lo que te abrazan cuando estás mal?

jueves, 25 de junio de 2009

Capítulo 6: El primer enfrentamiento


Estoy cansada. Por fin hemos terminada el ultimo dia de clases, mañana será fin de semana y tendremos un dia libre, porque el sabado nos llevan a todos los de primer año a dar una vuelta por el bosque y conocer los alrededores. Las prácticas estan bien aunque me agotan. Seguimos yendo al rio a hacerlas donde conseguí mover el agua a la primera y eso me animó bastante. Ahora estaba en el salón con susana, jenny y carlota.
- ¿Dónde esta raquel? – nos pregunta carlota.
- No tengo ni idea. Ultimamente está muy rara. – comenta jenny
- En clase ya estaba super rara. Se ha sentado en su sitio, dejando el tuyo en medio de las dos – les digo mirando a jenny – y se ha puesto a mirar a juan carlos toda la hora, pero parecia que estuviera en las nubes.
- Hay que hablar con ella- opinó susana.
Despues de decidir que susana tenía razon, terminamos de cenar y jenny y yo nos levantamos y fuimos hacia nuestro dormitorio. Al entrar, vimos a raquel sentada en el escritorio, parecia que estaba leyedo algo. Jenny y yo nos miramos de reojo y fuimos hacia ella sin quitarnos ni siquiera la capa.
- ¿Por qué no has venido a cenar?
- No tenia ganas. – me mosqueó la forma en que le contestó a jenny. De una forma demasiado cortante.
- Raquel… ¿Qué te pasa? – le pregunto dejandome de rodeos.
Ella suspiró profundamente, se volvió en la silla y nos miró. Jenny y yo retrocedimos un poco esperando.
- No lo se. – contesta sinceramente mirando al suelo – no se lo que me pasa. No puedo mover pequeñas cantidades de agua y sin embargo el otro dia estuve a punto de tirar a felix al suelo de la tromba de agua que le lancé encima. Empapé a jenny de agua y lo que estaba intado hacer era mover las gotas que se habian quedado en la ventana y hoy mientras hablaba con angel e ahogado a un pajaro…
- ¿Cómo? – preguntamos jenny y yo a la vez
- y lo peor de todo es que todas esas cosas las he conseguido cuando estaba enfadada. Solo puedo mover el agua para todo lo malo.
- Pero bueno raquel, estamos al principio del curso, tu tranquila… – le digo, sin saber que más decir.
- Claro…
- Pero eso no tiene nada que ver… - nos dijo. Se dio la vuelta y continuó leyendo en el ordenador.
Jenny y yo nos miramos. Ambas teniamos la misma expresión, de preocupación y un poco de miedo.
Como aun era pronto para dormir, me quité la túnica y me puse más cómoda. Con unos pantalones y una camiseta de manga corta. Me senté en mi cama y cuando me iba aponer a leer llamaron a la puerta. Miré a mis compañeras. Raquel seguía leyendo y jenny me miraba tumbada en la cama con una sonrisa. Puse los ojos en blanco y dije:
- Tranquilas, no hace falta que vayamos todas a la vez. Ya voy yo.
Cuando abrí la puerta, me llevé la sorpresa de encontarme a ivan, mi compañero de prácticas al otro lado.
- Oh, - dije. – hola
- Hola. ¿estas ocupada?
- No.
- ¿quieres ir a dar una vuelta?
Me quedé quieta un momento con el corazón latiendome a cien por hora.
- Claro – dije al fin. Me volví a mis compañeras para despedirme y vi que ambas sonreian. Cuando volviera me iban a interrogar seguro. Cerré la puerta y seguí a Ivan por el pasillo.
- ¿Cómo has sabido donde estaba mi habitación?
- Me he encontrado a angel por el pasillo y me lo ha dicho, y menos masl porque llevaba un rato largo dando vueltas. – dijo sonriendo, y yo me reí.
Ya habiamos llegado al rio y nos sentamos en la orilla, observando como el agua se iba oscureciendo conforme el sol se ponia.
- Eso es una de las cosas que me gustan de ti, que siempre te estas riendo – me soltó. Yo sonreí y no pude evitar sonrojarme. Odiaba que me pasara eso. Ivan tambien sonrió al verme.
- Estamos avanzando mucho en las prácticas ¿verdad?
- Eeeh, si.formamos una buena pareja. De prácticas – me apresuré a añadir al ver que se me quedaba mirando. El volvió a reir.
- ¿mañana vas a la excursión?
- Si. ¿tu?
- Tambien. ¿te importa que vaya contigo?
- No, claro que no.- le contesté sinceramente.
- Genial. – dijo. Nos quedamos hablando un largo rato más de las clases, mis amigos y los suyos, los profesores… cuando nos dimos cuenta se habia hecho ya demasiado tarde, asique nos le vantamos y fuimos hasta nuestros dormitorios.atravesamos el trozo de bosque hasta dentro del internado. Como los dias anteriores habia llovido, la noche estaba fresca y parecia que la lluvia iba a volver mañana. Ivan me acompañó hasta la puerta de mi habitación.
- Bueno, mañana nos vemos – dijo
- Si…
Nos quedamos en silencio, mirandonos, hasta que ambos dimos un salto al oir una voz llamarme.
- ¡Irene! – pedro venia hacia nosotros con una expresión extraña. En ese momento me dieron ganas de estrangularlo.
- ¿Qué quieres? - le pregunté enfadada.
- ¿puedes acompañarme a la enfermeria? Esque no se me ha pasado el dolor de cabeza.
- Aah, claro. Vamos. – miré a Ivan que reia con la cabeza hacia abajo y le dije.
- Bueno, hasta mañana.
- Adios. Adios pedro, y que no sea nada.
Cuando estabamos a punto de entrar a la enfermeria, le pregunté a Pedro:
- ¿mañana vas a venir a la excursión?
- Claro.
- ¿pero tú no estabas malo?
- Si, pero bueno, es una excursión al aire libre, eso es bueno.
- Pues no eres tu listo ni nada. – le dije riendo. Miré la hora en el movil, raquel y jenny ya deberian estar durmiendo y eso me gustó, asi no tendria que contarles nada de lo que hablé con Ivan... aunque tampoco había mucho que contar la verdad. De todos modos, ya encontrarian el momento de empezar su interrogatorio ayudadas de Susana y Ángel, que seguro serian los primeros.
A las 9:00 de la mañana del día siguiente, todos los de primer año estabamos listos en el salón, esperando a que los profesores nos avisaran para poder irnos. Cuando nos levantamos, Raquel parecia que estaba de mejor humor. Hizo lo de siempre, se levantó la primera y abrió las cortinas para que Jenny y yo nos despertaramos mientras no paraba de hablar sonriendo ampliamente.
- Te lo digo de verdad, hay veces que Raquel me da miedo – le dije a Jenny.
- ¿a ti sola? Porque es mi mejor amiga y se como es, porque si no pensaria que está loca.
- ¿y decis que anoche no estaba bien? – preguntó Susana.
- Que va, tenia cara de desquiciada. – le contesté.
- Bueno, pero ella siempre ha sido asi, ¿no? – dijo riendo, y todos los demás nos reimos. – por cierto, ¿dónde está?
- Yo la he visto hablando con un chico de 2º - nos dijo Carlota.
- ¿de 2º?
- Si. Ah, mirala, por ahí viene.
Miramos en la dirección que Cartlota nos indicaba y vimos a Raquel viniendo hacia nosotros, sonriente.
- Buenas.
- Hola, ¿Qué hacias? – le preguntó Ángel
- Nada, dar vueltas. ¿Cuándo nos vamos?
- En cuanto nos avisen los prefesores. – le dije. Me quedé un poco extrañada por su comportamiento, pero pensé que ya volvia a ser la misma de siempre. Oí mi nombre por el mismo pasillo que vino Raquel, miré y vi a Ivan, que venia hacia nosotros. Se puso a mi lado y sonrió.
- Hola. Hola a todos. – yo le devolví la sonrisa en modo de saludo.
- Haber, atención, es hora de irnos. Andando – anunció Juan Carlos. Todos los alumnos empezarazon a salir a tropel por la puerta y nosotros los seguimos.
La verdad esque no habia nada nuevo en el bosque que no hubieramos visto ya, cada día ibamos a hacer prácticas asique… de todas maneras me gustó que salieramos. Nos habían dejado ponernos la ropa que quisieramos y eso hacia que fuermos más cómodos. Los profesores nos dejaron toda la tarde libre para que pudieramos explorar por nuestra cuanta y si queriamos seguir practicando con los demás.
- Oye, nosotras vamos a dar un paseo. – anunció Raquel tirando del brazo de Jenny, quien tenia una expresión algo preocupda y se perdieron entre lo arboles.
- ¿nos podemos sentar?
- ¿ya empezamos Pedro? – lo regañó Susana.
- Esque estoy cansado
- ¿cansado? Yo si que estoy cansada, ¡pero de ti! Que noo… - dijo riendo
- Va, venga vamos.
- Que pesado eres Pedro, ¡vamos ya y callaté! – le dijo Ángel. Ellos dos más Carlota y Susana (esta última resoplando) fueron a sentarse bajo la sombra de un gigantesto árbol. Marina iba a ir con ellos cuando oimos que la llamaron a nuestras espaldas, al volvernos vimos a su compañero de prácticas que la llamaba y hacia señas con el brazo para que fuera a reunirse con el y varios más de fuego que se disponian a dar un paseo. Marina pareció pensarselo, pero al final se despidió con un leve "hasta luego" y se fue con ellos.
- Bueno, solo quedamos nosotros – me dijo Ivan - ¿quieres que vayamos al rio?
- Vale.
Pasamos por al lado de mis amigos y sonreí al ver la cara de Susana. Nos sentamos en el mismo sitio de la noche anterior.
- Oye ¿Susana y Pedro siempre estan así?
- Bah, y eso no es nada… - le dije poniendo los ojos en blanco.
- Pues vaya – sonrió.
- Esque los dos son bastante cabezotas…
- Un poco, si.
Silencio. Cuando no estamos hablando la cabeza me va a mil por hora, intentando encontrar algun tema de combersación, pero lo único que se me ocurre es hablar de las prácticas, "qué original", decido quedarme callada, esperando que hable él primero. Me pongo a mirar correr el agua por el cauce del rio, muevo la mano por encima pero sin llegara tocarla y agua empieza a moverse en la dirección contaria. Miro de reojo a Ivan y veo que está sonriendo. De repente alzó sus manos y también las colocó encima del agua, empezó a moverlas en circulos, como moldeando algo. Dejé de mover el agua y lo miré extrañada, me indicó con la cabeza que observara el agua y al hacerlo abrí los ojos impresionada. En el aire, flotando delante de mí había una preciosa rosa formada completamente de agua. Los débiles rayos de sol que entraban entre las ramas de los árboles hacían que brillara intensamente, dando la sensación de estar hecha de cristal. Me volví y le dediqué una sonrisa radiante. La rosa fue hacercandose a mi, hasta el punto en que pude llegar a tocas sus pétalos. El agua estaba fria, muy fria, pero me encantó.
De repente se oyó un ruido ensordecedor proviniente de detrás nuestro, ambos nos giramos y la rosa desapareció, cayendome el agua encima. Yo salté y me puse de pie cuando el agua congelada me cayó encima.
- Lo siento, ¿estás bien? – me preguntó Ivan mientras me apartaba mechones de pelo mojado de la cara.
- Si, si, tranquilo, esque está congelada. Pero, ¿qué ha sido eso? – le dije, volviendo a mirar en la dirección del sonido.
- No tengo ni idea, espera ¿eso es humo?
- ¡Si! ¿se habrá prendido fuego algo?
- Vamos a ver.
Corrimos hacia donde provenia el humo y nos paramos en seco al lado de un árbol. Raquel estaba parada frente al compañero de Marina, ambos con las manos colocads de la forma en que se hacian las prácticas y con cara de enfado. Vi a Jenny detrás de Raquel, con cara de susto. Cojí a Ivan del brazo y fuimos con ella.
- ¡Jenny! ¿Qué es lo que pasa?
- ¡se estan peleando!
- ¿Por qué?
- Raquel y yo estabamos paseando y encontramos ese libro – dijo señalando a un cuaderno pequeño que habia en medio de los dos chicos – -Carlos, el compañero de Marina nos vió leyendolo y vino a quitarnoslo, Raquel se enfadó e hizo que le cayera encima una gran tromba de agua, mucho mayor que la que le tiró a Felix,¡y el otro se ha defendido con fuego! ¡Han chocado en el aire y a pegado una explosión! E incluso un poco de fuego ha ido a parar a un árbol. Marina y yo les estamos pidiendo que paren pero no nos hacen caso. ¡Y tampoco podemos meternos en medio porque no dejan de atacarse el uno al otro! – habló rapidamente, mirandome nerviosa.
- ¡Raquel! ¡Raquel para ya! – la llamé.
- ¡Raquel!
- ¡Raquel estaros quietos! – le dijo también Ivan. Pero no pudimos seguir llamandola, porque en ese momento un llamarada de fuego, proviniente de las manos de Carlos, pasó por su lado y dio en el árbol que teniamos a nuestras espaldas justo despues de que los tres nos tiraramos el suelo. Levanté la cabeza y los miré. Raquel se defendia bien, muy bien en realidad, el igual que su contrincante. Cantidades enomes de agua chocaban contra cantidades enormes de fuego. Una voz grave los llamó, y por el otro extremo apareció Juan Carlos acompañado de los demás profesores, que fueron corriendo hacia ellos. Ivan nos ayudó a levantarnos a Jenny y a mi y los tres nos quedamos mirando como Juan Carlos e Isaac, utilizaban sus poderes para detener el agua y el fuego respectivamente.

lunes, 22 de junio de 2009

Capítulo 5: Una hoja en mitad del bosque.


Estoy solo.
Solo, sin nadie en quien apoyarme, sin nadie que me defienda, sin nadie a quien agarrar y sentirme seguro. Esto totalmente solo sumergido en una oscuridad infinita. Mire por donde mire siempre igual: Oscuridad sin fin.
De pronto veo un reflejo azul. Fijo la vista y puedo distinguir entre la inmersa oscuridad a Irene arrodillada, me acerco un poco. Irene se encuentra llorando, llora y llora, nunca la había visto así. Irene, mi amiga sonriente y risueña... Me duele verla de esa forma, está temblando, solloza sin parar, su cara está llena de dolor. Me acercó más y puedo distinguir entre sus brazos una figura inerte, que no se mueve. Voy corriendo hacia ella pero es como si no estuviera andado, sino al contrario, cada vez estoy más lejos.

-¡IRENE!- Grito desesperado.

Pero ella sigue llorando por la muerte de esa misteriosa figura.
Pronto me alejo tanto que desaparece de mi vista. Ahora todo vuelve a ser como el principio, estoy rodeado de oscuridad, y vuelvo a ver un reflejo azul pero no es Irene, está vez es Raquel.
Raquel se acerca con paso firme, con la mirada fijada en mí, aunque parece que no me ve. En seguida está en frente mía, pero no se detiene sigue andando imparable, invencible. Alza los brazos, me coge por los hombros y se deja caer, arrastrándome a la oscuridad.
Me falta el aire, no puedo respirar.
Me estoy ahogando.
Aunque solo veo oscuridad es como si estuviera en un burbuja de agua, encerrado, no puedo más. Me asfixio y me estoy muriendo, lo sé. Raquel me está ahogando. Necesito aire, salir de aquí. Muevo las manos y los pies intentando escapar de esta muerte segura, pero nada. No sé que hacer ni donde ir, solo veo oscuridad. Mis pulmones están ardiendo, los siento encogerse, me duele. Cierro los ojos vencido.
Cuando los abro estoy jadeando, y toso varias veces arrodillado en el suelo. Dejo que el aire inunde mis pulmones. Me encuentro mareado, mi cabeza no para de dar vueltas y veo nublado. Alzo la cabeza y veo a Marina delante de mí, impasible, mirándome.

-Marina… ayúdame…-Consigo decir en un susurro.

Marina gira la cabeza y mira atrás suya. Sigo su mirada y puedo ver detrás de ella, lejos un grupo de alumnos de fuego. Marina vuelve a mirarme y después se gira y va hacia ellos andando sin prisa. Ha elegido y me ha Dejado solo.
O tal vez no tan solo.
Siento una presencia detrás de mí. Me levanto con las pocas fuerzas que me quedan y puedo ver un rostro perfecto. Totalmente simétrico, Sus labios me tientan, sus ojos azules me inundan en un mar infinito de sensaciones. Su pelo rubio se encuentra desordenado.

-Nicolás.

Nicolás me mira pero sin ver. Me acerco a él pero coloca su mano entre los dos, en mi pecho parándome en seco. Siento mi corazón latir más deprisa como siempre. Quiero que no quite su mano de ahí nunca más.

-No te acerques a mí -Dice- No eres lo suficiente bueno para mí. Me merezco algo mejor. Alguien más guapo, más inteligente, más sensible, más fuerte; no me mereces, no eres suficiente.

Me mira con cara de asco y siento el mundo desplomarse. Finalmente me empuja con violencia y me siento caer pero ahora de verdad. Caigo en la oscuridad, en una oscuridad sin fondo, en un remolino sin fin, pero está vez no intento hacer nada, me merezco caer; quiero ahogarme en la oscuridad.

***

Me despierto. Otra vez la misma pesadilla. Voy al baño y me mojo la cara con agua fría que me ayuda a despejarme. Me miro en el espejo, tengo cara de cansancio. Cuando termino de ponerme la túnica verde cojo mi Flement boock y me dispongo a salir pero antes le pregunto a pedro:

-¿Entonces no vienes?

-No-Responde desde la cama- Me duele demasiado la cabeza.

-Vale, no pasa nada. Luego nos vemos.

Cuando salgo al pasillo me dirijo a la habitación de Carlota. Toco la puerta y espero. En seguida sale una chica morena que no es ella, la cual supongo que será su compañera de habitación.

-Ah…hola- saluda- ¡Carlota es Ángel!

Le dedico una sonrisa y en seguida sale Carlota. Queda aún un cuarto de hora para empezar las clases así que decidimos pasar por el gran salón y coger algo de picar. Nada más entrar me encuentro sentadas en una mesa a Susana y Jennifer bebiendo un vaso de leche y comiendo bollería. Carlota y yo saludamos y esta sigue hacia delante, hacia una mesa que se encuentra en el centro donde hay un buffet variado. Yo me quedo un rato con Jenny y Susana.

-¿Y Irene y Raquel?- pregunto
-Han ido a clase ya-Responde Jenny.
-¿Y tú no vas?
-Jo…-Se queja- No hay ganas.

La misma Jenny de siempre, sin duda hay personas que no cambian nunca.

-¿Y tú Susi?-Pregunto ahora dirigiéndome a Susana.
-¿No lo ves? Se llama desayunar.- responde sarcásticamente.
Ja, ja- me burlo- me voy a por un vaso de leche.

Me dirijo hacia el buffet del centro justo cuando Carlota vuelve, voy directo a donde siempre, a la cafetera a por un vaso de leche. Cojo un vaso y le doy al botón. Se llena poco a poco.

-Hola- Oigo a mis espaldas.
Sé de quien es esa voz y decido no girarme. Me aparto un poco para dejar a los otros alumnos llenar su vaso de leche y empiezo a beberme yo la mía.

-Quiero hablar contigo.

Bebo el último trago de leche y dejo el vaso en la primera mesa que encuentro.

-Ahora no, llego tarde a clase, luego nos vemos.

Y dicho esto me dirijo hacia la salida pasando por al lado de Nicolás, sin rozarle, sin apenas mirarle pues sé que si le mirara no podría irme.


Pronto Carlota y yo llegamos a clase, le explico a nuestro profesor, un hombre mayor y bajito llamado Alonso que Pedro se encuentra mal y no ha podido venir por esa causa.
La clase teórica pasa aburrida, como siempre. Carlota y yo pasamos todo el tiempo escribiéndonos notitas y a veces atendiendo y fijándonos en el Flement book, en su idioma y en las runas que tiene dibujadas. Al finalizar la clase, doy gracias por seguir vivo después de tal aburrimiento.

Cuando llegamos tarde al salón ya están casi todos, y me llama la atención dos cosas, primera: entre ellos distingo una nueva cara, un chico moreno que se encuentra sentado al lado de Irene y segunda: Nicolás, Raquel y Marina no están.

-Este es Iván- Nos presenta Irene.

Me fijo en él, es un chico normal y se ve buena persona, me gusta para ella.
Empezamos a comer y a contarnos que tal nos ha ido el día cuando oímos a Marina chillar.

-¡Que no! ¡En serio!- grita a un chico de túnica roja que parece ser Carlos- ¡No hace falta que me acompañes a todos los lados!

-¿Pero no te das cuenta?-Pregunta él- Juntos formamos un gran equipo.

-Déjame, estás loco, me voy a comer- y se dirige hacia nuestra mesa.

-¿Con ellos?- Dice él extrañado y con cara de asco.- No será verdad. Sabes que te puedes sentar con nosotros.

-Ya, gracias, bueno hasta luego- Dice Marina cortándole y se sienta con nosotros.

El chico se dirige enfadado hacia una mesa llena solo de alumnos de fuego.

-Pff, es un pesado, ¡en serio!- se queja.

Pasamos toda la hora hablando y quejándonos, preguntándonos donde estaría Raquel y por qué Nicolás se ha sentado en otra mesa para comer. Estos me preguntan por Pedro y les digo que es un simple resfriado. Cuando termino mi plato me levanto y me despido.
Necesito tomar el aire.
Salgo de la escuela por uno de sus patios, respiro y me siento libre. Sigo caminando sin rumbo cuando veo a Raquel sentada junto al río. Me acerco a ella sin dudarlo.

-Raquel ¿Qué haces que no vas a comer?

Raquel ni me mira.

-¿Para qué?
-¿Cómo que para qué?- pregunto extrañado y me siento a su lado.
-Mira-me dice.

Raquel coloca su mano sobre el agua y esta se mueve, pero apenas se nota.

-¿Ves?, no sirvo, tengo sed y no puedo sacar agua del río.
-Estamos empezando Raquel, es normal.
No es normal- replica- fíjate en el pájaro.

Giro la cabeza y veo un pequeño pájaro a unos pocos metros de nosotros, cerca del río.
Raquel alza la mano y de repente unas manos delicadas y perfectas formadas de agua pura salen del río, cogen al pájaro y lo sumergen en la profundidad del lago.

-¡Raquel!- grito levantándome- ¿Qué haces? ¡Sácalo de ahí ya! ¡Es un ser vivo no un objeto!

Raquel esta vez me mira y veo pena en sus ojos.

-No puedo- coloca su mano sobre el agua pero no pasa nada- No puedo.

Nervioso pienso en usar magia para salvar al pobre animal, pero no sé que hacer, no puedo ayudarle soy débil aún. Pronto sale el pájaro flotando en el agua sin vida, ahogado.

-Sólo puedo hacer daño- susurra Raquel para ella.

Le miro desconfiado.

-Raquel no sé lo que te está pasando pero estás extraña, tenemos que hablar.

-Deja de molestarme- me corta- ves a molestar a Nicolás.

-¿Nicolás? ¿Qué sabes tú?- pregunto nervioso.

-Más de lo que crees.

-Lo dudo, Raquel tenemos que hablar, hablaré con el grupo, necesitamos hablarlo todos juntos, estás demasiado rara.

No me contesta, y no espero a que lo haga, me alejo de ella, no sé si porque estoy enfadado o tengo miedo. ¿Qué sabe ella de Nico y yo? La cabeza me da vueltas.


Por fin llego al patio trasero, un pequeño parque para las prácticas de alumnos de tierra. Ya están todos los de mi clase, Carlota se acerca a mí.

-¿Dónde estabas?

-Dando una vuelta- Respondo sin ganas- ¿Dónde está Alonso?

-Ahí viene.- y señala a la entrada.

Como dice Carlota ahí está Alonso acompañado de una mujer, que si no me equivoco es la profesora de viento, Melanie. Con horror puedo distinguir detrás de ella a sus alumnos.

-Buenas tardes- saluda-Hoy para hacer la práctica contaremos con ayuda de los chicos y chicas de viento que se han prestado para ayudar. Ya sabéis, es lo mismo que ayer pero con un poco de más dificultad. Elegid a un compañero de distinto elemento y empezad.

Bien…-Le digo a Carlota- Estamos muertos.

Carlota se ríe. Los alumnos de viento se van acercando a los de tierra para empezar el ejercicio. Veo a Susana que se acerca a mí, le saludo con la mano. Pero para mi desgracia o suerte Nicolás se adelante y se coloca enfrente mía, por lo que Susana se va con carlota y mira con mala cara a Nico.

Nicolás y yo nos miramos un rato en silencio.

-Bueno…-dice- ¿Empezamos?
-Empecemos.

Me agacho en el suelo y él hace lo mismo. Estamos situados cada uno enfrente del otro con un pequeño espacio entre los dos que aprovecho para poner la mano y sacar una pequeña rosa amarilla. Algo tan simple como hermoso. Un gesto que parece pequeño para los ojos de los demás pero sin duda para mí es hermoso, es sacar la vida de la tierra, crear vida.

-¿ya?- pregunta con su hipnotizadora voz.
-No, espera.

Cierro los ojos y me concentro. Puedo sentir las plantas, la tierra. La vida de mi alrededor, las pequeñas cosas que pasan desapercibidas para los demás, cada pequeña gota de vida es un mundo infinito. Intento concentrarme más y sólo en una flor, la que me interesa, la rosa amarilla que nos separa a Nicolás y a mí. Ya está. Todo lo demás ha desaparecido, solo está la rosa y yo. Hago un gesto a Nicolás para indicarle que estoy listo. Intento concentrarme más, esto es fácil, me digo, sólo tengo que hacerle sentir a la planta lo que yo siento.
Nicolás levanta la mano y la coloca enfrente de la rosa, ahora aprieta con fuerza y intenta ahogarla, está quitándole el aire, intentando marchitarla, pero yo lo evito, ahora la planta y yo somos uno. Mientras que yo respire la planta respirará, pero tengo que tener cuidado, puede darse el caso inverso, puede ahogarme a mí.
Abro los ojos, y me encuentro a Nicolás miándome fijamente con esos ojos embaucadores. Al ver que manejo la situación aprieta más fuerte el puño y entonces me doy cuenta tarde que he pasado esa pequeña línea: Me estoy ahogando y esta vez no es un sueño.
De pronto me duele el pecho, siento calor, empiezo a ver nublado, me duele la sangre en las venas, mis pulmones están ardiendo y se estrechan.

-Air…-Susurro

Y intentó respirar exageradamente pero solo sale un ronquido de mi garganta. Caigo al suelo cogiéndome con las dos manos el cuello. Oigo una voz pero me llega difusa y no entiendo. De repente el aire vuelve a mis pulmones, puedo respirar.

-¿¡Estás bien!?- Grita Nicolás y se coloca un poco encima de mí para poder verme mejor, colocando o mejor dicho chafando mi mano con la suya tan suave.

-Si…

Nicolás respira aliviado y se aparta para dejarme levantar, quita su mano de la mía.

-No…

-¿Qué?

-No… No pasa nada- consigo decir.

Terminamos la clase y todo el mundo se dirige al gran salón a cenar pero Nico y yo nos quedamos en el patio hablando.

-Lo siento mucho de veras- dice arrepentido.
-No lo sientas por mí, siéntelo por ella- digo señalando la rosa amarilla que se encuentra marchitada.- no he podido salvarla.
-Ha sido mi culpa.
-Cierto- digo con una sonrisa- Por tener esa mirada.

Nicolás se ríe y yo también.

-Siento también lo de ayer- dice ruborizado.
-No pasa nada, no pude resistirme.
-Ha sido mi culpa por tontear contigo y luego apartarme cuando fuiste a besarme.
¿Te arrepientes?- pregunto confuso y nervioso.
-Me arrepiento- confirma.

Se me acerca muy despacio, tan despacio que creo que nunca va a llegar a tocarme, pero sus labios no van a los míos, sino que se acercan a mi oreja y a mi cuello, con lo que puedo sentir su aliento. Se me pone la piel de gallina. Sus jugosos y dulces labios rozan mi cuello, y después sube hacía mis labios pero apenas los toca y me deja con ganas de más. Se retira un poco, pero enseguida vuelve y me coge el labio inferior con sus labios, me da un pequeño beso que apenas dura un segundo y que me hace dudar si lo he vivido o no.

-Se ha hecho tarde- Dice mirando el cielo y alejándose- Es mejor que volvamos.



Voy por el pasillo, no pienso entrar al gran salón, no tengo hambre, lo que quiero es ir a mi habitación y ordenar mis pensamientos. Por el camino me encuentro a Iván que me pregunta por la habitación de Irene, le indico donde es y me da las gracias, después me dirijo hacia mi pasillo pero antes de llegar veo a Marina en el gran recinto circular con un grupo de alumnos de fuego hablando muy animada. Finalmente llego a mi habitación. A pesar de lo pronto que es Pedro está durmiendo ya y yo voy por el mismo camino. Me pongo el pijama, me lavo la cara y me lavo los dientes, destapo la cama y cierro la ventana que se encuentra abierta cuando alguien toca a la puerta. Voy rápido preguntándome quien será y abro la puerta. Cuando la abro no hay nadie, pero sí algo, una pequeña rosa amarilla en el suelo. Sin poder evitarlo sonrío. Me asomo por el pasillo pero es en vano, aunque no me hace falta para saber quien ha sido. Dejo la rosa en el escritorio y me cuesto en la cama por fin. Mi cuerpo me lo agradece, sobre todo mis ojos. ¿Qué le está sucediendo a Raquel? Está extraña, pero ahora no quiero pensar en eso, ahora solo pienso en la rosa amarilla, y sólo una pregunta recorre mi cabeza ¿A qué juega?