domingo, 21 de junio de 2009

Capítulo 2: Primer día.


El sonido que más detesto me despertó por la mañana. Levanté levemente la cabeza de la almohada y miré el despertador, eran las 07:00 en punto.
- Nooooo… - gemí con la voz pastosa.
- Yo no voy, me quedo durmiendo. Decid que me he puesto mala o algo - oigo decir a Jenny.
- Si hombre, ¿vas a faltar ya el primer día? ¡levántate! - le regaña Raquel.
Respiro profundamente y tras hacer un esfuerzo enorme, me levanto de la cama. Me estiro para recuperar la sensibilidad en las extremidades mientras miro como Raquel tira del brazo de Jennifer para hacerla ponerse en pie.
- Venga Jenny levanta. Que en el primer día es cuando se eligen a los chicos - bromeo.
- Aah! Es verdad… - dice con ojos entrecerrados - ¡no me los quitaréis! - dice y se levanta de golpe, haciendo que Raquel cayera de espaldas en su cama.
Entramos al baño en el mismo orden que la noche anterior. Nos pusimos nuestras túnicas y tras coger el flement book y nuestras cosas salimos para reunirnos con los demás en el desayuno.
De camino hacia el comedor nos cruzamos con varios grupos de alumnos. A algunos se les notaba tranquilos, relajados… mientras que a otros, incluidas nosotras tres, íbamos nerviosos, excitados, intrigados por saber como sería nuestra clase, nuestro profesor, nuestros compañeros…
- ¡Qué nervios por favor! - les digo.
Íbamos las tres juntas, formando una fila ya que los pasillos eran suficientemente anchos. Raquel que iba en el centro abrazada a su flement book dijo:
- Va! Yo estoy bien.
- Venga! ¿vas a decirme que no estas ni un poquito nerviosa?
- Bueno si, un poco…
- Ay mi Raquel! - le dice Jennifer riendo.
Al entrar al comedor buscamos a los demás. Miramos en todas direcciones y al fin los encontramos en una de las mesas del fondo.
Mientras caminamos hacia ellos voy sonriendo. Es duro empezar en un sitio nuevo, sobretodo si es un internado como el nuestro donde tienes que convivir más cerca de los demás, pero más duro es hacerlo sin conocer a nadie, y el hecho de estar aquí con ellos ayuda bastante a suavizar la situación. Algunos nos conocimos en una de las reuniones que hicieron hace más de un año para presentar la solicitud para el internado, otros sin embargo ya nos conocíamos de años atrás.
- Pensaba que no llegabais nunca - se quejó Susana en cuanto me senté a su lado.
- Perdón, es que hemos tenido problemillas al levantarnos.
- Ah, Jenny, ¿no? - pregunta comprendiendo. Yo reí y asentí.
A Susana la conocí cuando tenía 11 años y desde siempre ha sido mi mejor amiga.
- ¿Qué tal en tu habitación?
- Bueno, mi compañera es simpática pero… no se, me hubiera gustado estar con vosotras.
- Lo mismo digo.
- ¡ja! - grita Ángel de repente y todos lo miramos. - eso no te lo crees ni tú!
- ¿Qué pasa? - le pregunta Jenny
- Nada, que Marina está encabezonada de que su signo es mejor que el mío, pero yo la estoy corrigiendo - dijo entrecerrando los ojos hacia ella.
- Es que es verdad… - dice marina entre tímida y divertida
- Si ya… Marina, no te metas con los de tierra que aquí somos más y te podemos eh! Y si no, llamamos a alguna de estas tres - dice señalándonos a Raquel, Jenny y a mí - y que te apaguen. ¡a mi no te me pongas chula!
Todos nos reímos.
Apenas desayunamos debido a los nervios. No parábamos de hablar y de reír. Comentábamos todo lo referente a nuestro libro en voz quizá demasiado alta, porque varios alumnos de cursos superiores se giraban en sus asientos y nos miraban con cara de disgusto. Pero a los pocos minutos me di cuenta de que no nos miraban únicamente a nosotros, si no que también a otros grupos de primer año.
- Esta mañana he intentado leer mi libro y no he dado ni una - comentó pedro sentado frente a mí.
- Me gustaría saber como narices vamos a enterarnos de algo si no entendemos lo que pone - dijo Carlota.
El sonido estridente de la campana nos distrajo de nuestra conversación. Alzamos la vista para mirar a nuestro alrededor y ver como los alumnos se levantaban y se encaminaban hacia sus respectivas clases.
Ya ha llegado la hora hay que empezar de nuevo. Me alivia saber que en clase no estaré sola, Raquel y Jenny van a estar conmigo y eso me tranquiliza bastante.
Nos levantamos de nuestros asientos y vamos juntos hacia el lugar donde se separan los pasillos, el lugar donde debemos separarnos.
- Bueno. Luego nos vemos - digo en voz alta.
- ¡Suerte a todos! - dice Pedro.
Miro a mis amigos mientras estamos así, los ocho juntos y siento una sensación extraña. Tenemos que separarnos, cada uno a una clase, algunos juntos sí, pero no todos, y eso no me gusta. Sin embargo me reconforta saber que después de unas horas volveremos a reunirnos. Suspiro y digo:
- Bueno, ¿vamos? - mirando a Raquel y Jenny
- Si, claro. ¡Adiós!
- ¡Dew!
Nuestra clase era la última de un largo pasillo. Las mesas estaban en grupos de dos y de tres. Nosotras corrimos a sentarnos juntas en la penúltima fila, yo me puse al lado de la ventana, Jenny en medio y Raquel a su lado.
Me puse a observar la clase. Era redonda y bastante grande, con las paredes de piedra igual que todo el recinto. En el centro de la clase había una gran pizarra con la mesa del profesor justo enfrente. No había muchos adornos, únicamente filas de mesas. Ya había muchos alumnos sentados con las túnicas iguales que las nuestras y muchos moviendo los dedos de forma descontrolada en la mesa y bastante inquietos en sus sillas.
- ¿Cuándo va a venir el profesor? - les pregunto a mis amigas.
- No lo sé, pero haber si llega ya que estoy nerviosa - dice Raquel.
- Cuanta gente hay ¿no? - comenta Jenny mirando alrededor
En medio de las voces de nuestros compañeros, la puerta se abrió y apareció un hombre bastante mayor con una escasa barba blanca, del mismo color que su pelo. Sus ojos eran pequeños de un color azul claro y estaban escondidos tras unas pobladas cejas. En una mano llevaba un libro exacto al nuestro y una túnica de un color un poco más oscuro.
- Buenos días - saludó. Su voz me impactó cuando habló. Era bastante grave e imponente. (mmm, este va a ser de los que tienen mal genio…) pensé.
Dejó el libro en la mesa y se colocó frente a nosotros.
- Mi nombre es Juan Carlos, y seré vuestro profesor estos dos próximos años. En este curso os enseñaré las cosas más básicas hasta que aprendáis a manejaros perfectamente en el campo del agua. Debéis de sentiros muy afortunados de permanecer a este grupo en particular, ya que cada uno de vosotros, cáncer, Escorpio y piscis, tenéis algo que nadie más tiene. Aprenderéis a controlar al agua, a crear agua de la nada, a dominarla… y muchas otras cosas.
(lo dicho, este va a ser de los duros)…
- Miré a mis amigas y vi que tenían todo su interés en nuestro profesor, y adiviné que pensaban más o menos lo mismo que yo. Volví a mirar al frente, a mi profesor, que continuaba hablando.
- Habréis podido comprobar que el libro os es imposible de comprender, pero no debéis preocuparos ni agobiaros, yo os ayudaré a entenderlo y para ello será mejor que comencemos la clase. Por favor, abrir el libro por la primera página.
Fue la clase más extraña que he tenido jamás. Me costó entender lo que decía el libro, como al resto de la clase, pero al final lo conseguí. El profesor no resultó tan horrible como me había imaginado al principio. Resultó ser bastante simpático y comprensivo con todos. Explicó todo lo que no entendíamos las veces que hizo falta sin queja alguna.
Cuando faltaban 10 minutos para que terminara la clase, Juan Carlos cerró el libro y cogió la lista de clase.
- Bien, y ahora me gustaría pasar lista para conoceros un poco. Veamos…
Conforme decía los nombres los alumnos se iban levantando y presentando, diciendo también su signo. Raquel tenia el número 4, Jenny el 19 y yo el 30, osea, la penúltima y es que tener el apellido Torres me colocaba siempre al final de todas las listas. El último resultó ser un chico que estaba sentado el la segunda fila. Se levantó y presentó como todos. Se llamaba Iván y era piscis, como yo, era bastante alto y grande. Solo puede verle de espaldas y el pelo moreno oscuro.
El timbre sonó y todos nos levantamos de golpe. Salimos de forma desordenada de clase y fuimos a reunirnos con los demás. Nos estaban esperando en la puerta del salón.
- ¿Qué tal? - pregunta Susana cuando nos ve.
- Muy bien. Ha estado interesante. Nuestro profesor se llama Juan Carlos. - le digo sonriendo. - ¿y tu qué tal?
- Bien. Me he sentado con mi compañera de habitación así que bien.
Las horas fueron pasando y cuando al fin se acabaron todas las horas de clase, pudimos reunirnos todos y hablar de nuestros profesores y compañeros.
- El nuestro es súper raro - comentó Pedro - es bajito, gruñón y con los ojos súper pequeños.
- Es verdad, parece más un gnomo que una persona - opinó carlota.
- ¿Y el tuyo que tal Marina?
- Mmm bueno, da miedo - dijo asintiendo - es todo lo contrario al vuestro. Es súper grande y con una cara de espanto. Se llama Isaac.
Cuando pensamos que ya habíamos opinado suficiente de nuestros respectivos profesores, nos despedimos y fuimos a acostarnos.
- No ha estado tan mal ¿no? - pregunté. Ya estábamos con nuestros pijamas y cada una metida en su cama.
- No…
- ¿has visto a alguno que te gustara Jenny? - le pregunto Raquel
- Alguno sí… - le dijo entrecerrando los ojos. - ¿y tu?
- Bueno… puede…
Estuvimos un rato más hablando hasta que el sueño pudo con nosotras.
Me tumbé en mi cama y me tapé con las mantas, acomodándome.
Bueno, ya hemos pasado el primer día y parece que no es tan difícil, esperemos que siga así… mis compañeros parecen buenas personas, aunque bueno, hay que conocerlos primero… mi profesor me gusta, sabe de lo que habla y lo explica todo muy bien… tengo curiosidad por el profesor de marina ¿cómo será? Porque para decir que da miedo tiene que ser… - me machaco la cabeza con multitud de pensamientos de este día hasta que el sueño se apodera de mí y sin darme cuenta me duermo debido a la emoción vivida el primer día y el cansancio que eso me provoca.