domingo, 21 de junio de 2009

Capítulo 3: Clases prácticas.


Me desperté con el horrible sonido del despertador de mi compañera, aún quedaba más de una hora para que empezaran las clases pero mi querida compañera necesita mucho tiempo en el baño incluso ha instalado un horario que pienso hacer estallar en cuanto me enseñen a hacerlo. Mientras ellas se levantaba y se encerraba en el baño me acordé de las demás: ellas estarían durmiendo ahora mismo y luego se pelearían por los chicos más guapos de su clase y yo en cambio tenía que planificarme para poder desayunar, ir a clase y, con un poco de suerte, usar el baño... las echaba de menos. Ojalá el papel no hubiera desaparecido de mis manos, ayer cuando llegué a la clase pensé que realmente había habido un error: yo no podía pertenecer a una clase así, en cualquier caso conseguí entender todo lo que el profesor dijo; de hecho se podía resumir en pocas palabras: siéntete orgulloso de ser fuego y házselo saber a los demás.
A pesar de que solo he estado una vez antes en el aula ya me empieza a resultar familiar, la cálida estancia circular decorada con llamas en las paredes parecía más amenzadora que el día anterior ya que ayer pensaba que conseguiría conocer a alguien con quien poder hablar, pero no fue así, no solo porque muy pocos habían conseguido que su papel desapareciera (tan solo quince) si no también porque cuando llegué los grupos ya estaban hechos, incluso mi compañera de cuarto se sentó con otras tres chicas (todas parecían que habían pasado por la peluquiería antes de ir a clase, me pregunté a qué hora se habrían despertado) así que me senté en un pupitre algo apartado y comencé a tomar apuntes:
-Nota 1: el profesor se llama Isaac.
-Nota 2: Tiene pinta de capullo.
-Nota 3: queda confirmado.
Espero que esta clase tenga algo diferente y consiga aprender algo, y no se pase todo el rato elogiando al elemento. Ya ha llegado tiene el mismo aspecto imponente de ayer, vestido completamente de negro, por fin nos pide que abramos el libro.
-Dentro de poco serán las pruebas del elemento, seguramente no os hayan explicado la importancia de esta prueba, pero con ella se decide si se produce vuestro paso al siguiente curso o de lo contrario os quedáis en primero o, para vuestra desgracia, se descubre vuestra pertenencia a otro elemento. Por ello, para que nada de esto ocurra tendréis las clases más avanzadas de todo el colegio- (caras de orgullo de toda la clase)- espero que no perdáis el tiempo ni hagáis tonterias, ya sabéis el dicho: con el fuego no se juega. Así pues comencemos con la primera lección.
Tras esta charla saqué varias conclusiones antes de unirme otra vez a la clase: Isaac es un hombre muy exagerado: la prueba sería a final de curso (¿eso para él es dentro de poco?) también es un engreído que no piensa permitir que sus alumnos queden mal delante de los otros profesores. Finalmente sonó el timbre y salí aliviada de una inexplicablemente interesante explicación. Me dirigí hacia el gran salón para la comida, por el camino me encontré con Susana que salía charlando alegremente con un chico rubio de ojos claros; al verme me hizo señas para que me acercara.
-Marina este es Nicolás, Nicolás Marina.
Después de dirigirnos sendas sonrisas entramos al gran comedor, ellos seguían hablando de lo estupenda que era su profesora: Melanie, yo en cambio me quejaba de lo duro y estricto que era el mío. Susana le pidió a Nicolás que se sentara con nosotras, poco a poco fueron llegando los demás y Susana les presentaba a su nuevo y agradable compañero. Los últimos en llegar fueron Pedro y Ángel, sin embargo noté algo extraño en Ángel cuando su mirada se posó sobre Nicolás, parecía asombro y entusiasmo a la vez, pero cuando se percató de que yo me había quedado mirándolos me sonrió y se sentó rápidamente en la mesa. Tampoco le di demasiada importancia... Tenía que comer rápidamente: mi plan era llegar a la habitación mientras mi compañera comía para poder usar el baño ya que hasta el día siguiente no lo tenía permitido.
-Bueno chicos me voy, quiero intentar ducharme antes de la siguiente clase.
-Marina, no puedes estar todo el curso así, lo del horario es una estupidez- me dijo Irene.
-Lo sé, lo destruiré cuando pueda hacerlo.- Respondí sonriéndole.
-Deberías hablar con ella, parece una borde pero a lo mejor reacciona...
-Lo dudo... en fin mejor no me entretengo que ya va por el postre.
Después de mi clandestina ducha volví a la clase, esta vez más nerviosa si cabía, ya que por las tardes se daban las clases prácticas, ayer no tuvimos porque, al ser el primer día, solo se dieron las clases por la mañana de inicianción. Pensé que, al igual que mis compañeros, nuestro profesor nos llevaría a algún espacio abierto relacionado con nuestro elemento (durante la comida se lo había oído decir a Pedro), pero no fue así y sus razones me dejaron impresionada, nunca imaginé que un profesor exigiera tanto a sus alumnos el segundo día de clase. Apareció con su ya familiar vestimenta negra y su aura de superioridad, y cuando vio que estábamos todos de pie esperando que nos indicara dónde ir nos pidió que nos sentáramos.
-Por vuestra impaciencia me imagino que pensábais que iríamos a alguna sala para hacer nuestras prátitcas, pero no es así y quieros explicaros por qué: los alumnos del profesor Juan Carlos irán al río, los tierra se acercarán al bosque y no sé qué harán los de aire, tampoco me importa; quiero que entendáis por qué van tan cerca de sus elementos ¿alguno de vosotros podría decírmelo?- Miró a su alredor esperando la respuesta, yo la sabía pero no quería empezar perdiendo la poca simpatía de mis compañeros tan rápido- ellos necesitan estar cerca de sus elementos para invocarlos, vosotros conseguiréis hacerlo sin necesidad de tenerlo cerca, necesitaréis concentraros más pero podreís hacerlo.
Lo dicho un borde orgulloso, espero salir de esta clase igual de sana de lo que estoy ahora...
-Hoy empezaremos calentando objetos, creo que para la prueba final conseguiréis sacar el fuego de vuestro interior.
Me quedé impresionada: en las reuniones que tuvimos antes de empezar en el colegio nos dijeron que durante el primer año solo invocaríamos al elemento ¡pero lo crearíamos en segundo!
Comenzó a repartir teteras llenas de agua y nos explicó que cuando terminara la hora quería que el agua saliera hirviendo (puso mucho énfasis al decirlo... la eterna lucha de agua contra fuego) se suponía que debíamos concentrar el calor de nuestro interior en las palmas de las manos y transmitirlo a la tetera. Fue durísimo, al principio parecía imposible y más aún cuando Isaac no para de gritar: "CONCÉNTRATE", finalmente, no sé cómo, noté el calor el mis manos y agarré la tetera, pero había necesitado casi toda la hora para hacerlo y sonó el timbre justo cuando empezaba a calentar el agua. Isaac no parecía nada contento y nos miró con cara de odio.
-Tan solo dos de vosotros han conseguido calentarla, ¡ni siquiera ha empezado a hervir! como mañana al principio de la clase alguien no evapore el agua se irá de mi clase y no volverá hasta que lo consiga.
Lo dijo con tono tranquilo pero todos quedamos igual de asustados, salí rápidamente de la clase pero cuando me dirigía para el comedor para quejarme con los demás alguien me llamó, era el otro chico de la clase que había conseguido calentar el agua, no sabía cómo se llamaba (siempre he sido malísima para esto de los nombres).
-Lo hemos conseguido ¿eh?- Dijo con orgullo.
-Yo lo he hecho de pura potra... espero tener la misma suerte mañana...
-Los de fuego no necesitamos suerte, lo llevamos dentro...
<>Pensé, parecía que prefería ignorar el espantoso fracaso de la clase... Llegamos al comedor y me ofreció sentarme con ellos (todos los alumnos de fuego se sentaban en una mesa solo para ellos) pero me negué y me dirigí hacia donde estaban los demás, todos comentaban entusiasmados sus clases prácticas: Susana, Carlota, Ángel y Nicolás por un lado y Irene, Raquel, Jenny y Pedro por otro. Me senté y les relaté mi experiencia.
-Es un capullo- me dio la razón Ángel.
-En el fondo no sé por qué te extraña que sea así- dijo Nicolás.
-Pero piensa en el lado positivo ¡has sido de las pocas que lo han conseguido!- me animó Raquel.
La verdad es que siempre saben qué decir, es un alivio poder desahogarme con ellos y más sabiendo que me tocaba volver a ver a Lidia, mi compañera de cuarto. A llegar, ella ya estaba allí y he de decir que bastante más cambiada, desde el primer día aprendimos a ignorarnos pero ahora parecía haberlo olvidado.
-Enhorabuena por lo de esta tarde.
-Gra... gracias- contesté extrañanda, no solo había desaparecido la hostilidad de Lidia si no también el horario que colgaba de la puerta del baño.
-¿Crees que podrías ayudarme con la prueba de mañana?
Osea que era eso, por eso parecía tan maja, necesitaba mi ayuda, en cualquier caso no me pude negar, me resulta difícil negarle mi ayuda a alguien, pero me pregunté por qué no se la pidió al otro chico de la clase... Se estaba haciendo tarde, estaba cansada y no me apetecía alaragar la conversación así que me metí en mi cama y me quedé durmiendo intentando no pensar en lo que me esperaba mañana.

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