lunes, 22 de junio de 2009

Capítulo 5: Una hoja en mitad del bosque.


Estoy solo.
Solo, sin nadie en quien apoyarme, sin nadie que me defienda, sin nadie a quien agarrar y sentirme seguro. Esto totalmente solo sumergido en una oscuridad infinita. Mire por donde mire siempre igual: Oscuridad sin fin.
De pronto veo un reflejo azul. Fijo la vista y puedo distinguir entre la inmersa oscuridad a Irene arrodillada, me acerco un poco. Irene se encuentra llorando, llora y llora, nunca la había visto así. Irene, mi amiga sonriente y risueña... Me duele verla de esa forma, está temblando, solloza sin parar, su cara está llena de dolor. Me acercó más y puedo distinguir entre sus brazos una figura inerte, que no se mueve. Voy corriendo hacia ella pero es como si no estuviera andado, sino al contrario, cada vez estoy más lejos.

-¡IRENE!- Grito desesperado.

Pero ella sigue llorando por la muerte de esa misteriosa figura.
Pronto me alejo tanto que desaparece de mi vista. Ahora todo vuelve a ser como el principio, estoy rodeado de oscuridad, y vuelvo a ver un reflejo azul pero no es Irene, está vez es Raquel.
Raquel se acerca con paso firme, con la mirada fijada en mí, aunque parece que no me ve. En seguida está en frente mía, pero no se detiene sigue andando imparable, invencible. Alza los brazos, me coge por los hombros y se deja caer, arrastrándome a la oscuridad.
Me falta el aire, no puedo respirar.
Me estoy ahogando.
Aunque solo veo oscuridad es como si estuviera en un burbuja de agua, encerrado, no puedo más. Me asfixio y me estoy muriendo, lo sé. Raquel me está ahogando. Necesito aire, salir de aquí. Muevo las manos y los pies intentando escapar de esta muerte segura, pero nada. No sé que hacer ni donde ir, solo veo oscuridad. Mis pulmones están ardiendo, los siento encogerse, me duele. Cierro los ojos vencido.
Cuando los abro estoy jadeando, y toso varias veces arrodillado en el suelo. Dejo que el aire inunde mis pulmones. Me encuentro mareado, mi cabeza no para de dar vueltas y veo nublado. Alzo la cabeza y veo a Marina delante de mí, impasible, mirándome.

-Marina… ayúdame…-Consigo decir en un susurro.

Marina gira la cabeza y mira atrás suya. Sigo su mirada y puedo ver detrás de ella, lejos un grupo de alumnos de fuego. Marina vuelve a mirarme y después se gira y va hacia ellos andando sin prisa. Ha elegido y me ha Dejado solo.
O tal vez no tan solo.
Siento una presencia detrás de mí. Me levanto con las pocas fuerzas que me quedan y puedo ver un rostro perfecto. Totalmente simétrico, Sus labios me tientan, sus ojos azules me inundan en un mar infinito de sensaciones. Su pelo rubio se encuentra desordenado.

-Nicolás.

Nicolás me mira pero sin ver. Me acerco a él pero coloca su mano entre los dos, en mi pecho parándome en seco. Siento mi corazón latir más deprisa como siempre. Quiero que no quite su mano de ahí nunca más.

-No te acerques a mí -Dice- No eres lo suficiente bueno para mí. Me merezco algo mejor. Alguien más guapo, más inteligente, más sensible, más fuerte; no me mereces, no eres suficiente.

Me mira con cara de asco y siento el mundo desplomarse. Finalmente me empuja con violencia y me siento caer pero ahora de verdad. Caigo en la oscuridad, en una oscuridad sin fondo, en un remolino sin fin, pero está vez no intento hacer nada, me merezco caer; quiero ahogarme en la oscuridad.

***

Me despierto. Otra vez la misma pesadilla. Voy al baño y me mojo la cara con agua fría que me ayuda a despejarme. Me miro en el espejo, tengo cara de cansancio. Cuando termino de ponerme la túnica verde cojo mi Flement boock y me dispongo a salir pero antes le pregunto a pedro:

-¿Entonces no vienes?

-No-Responde desde la cama- Me duele demasiado la cabeza.

-Vale, no pasa nada. Luego nos vemos.

Cuando salgo al pasillo me dirijo a la habitación de Carlota. Toco la puerta y espero. En seguida sale una chica morena que no es ella, la cual supongo que será su compañera de habitación.

-Ah…hola- saluda- ¡Carlota es Ángel!

Le dedico una sonrisa y en seguida sale Carlota. Queda aún un cuarto de hora para empezar las clases así que decidimos pasar por el gran salón y coger algo de picar. Nada más entrar me encuentro sentadas en una mesa a Susana y Jennifer bebiendo un vaso de leche y comiendo bollería. Carlota y yo saludamos y esta sigue hacia delante, hacia una mesa que se encuentra en el centro donde hay un buffet variado. Yo me quedo un rato con Jenny y Susana.

-¿Y Irene y Raquel?- pregunto
-Han ido a clase ya-Responde Jenny.
-¿Y tú no vas?
-Jo…-Se queja- No hay ganas.

La misma Jenny de siempre, sin duda hay personas que no cambian nunca.

-¿Y tú Susi?-Pregunto ahora dirigiéndome a Susana.
-¿No lo ves? Se llama desayunar.- responde sarcásticamente.
Ja, ja- me burlo- me voy a por un vaso de leche.

Me dirijo hacia el buffet del centro justo cuando Carlota vuelve, voy directo a donde siempre, a la cafetera a por un vaso de leche. Cojo un vaso y le doy al botón. Se llena poco a poco.

-Hola- Oigo a mis espaldas.
Sé de quien es esa voz y decido no girarme. Me aparto un poco para dejar a los otros alumnos llenar su vaso de leche y empiezo a beberme yo la mía.

-Quiero hablar contigo.

Bebo el último trago de leche y dejo el vaso en la primera mesa que encuentro.

-Ahora no, llego tarde a clase, luego nos vemos.

Y dicho esto me dirijo hacia la salida pasando por al lado de Nicolás, sin rozarle, sin apenas mirarle pues sé que si le mirara no podría irme.


Pronto Carlota y yo llegamos a clase, le explico a nuestro profesor, un hombre mayor y bajito llamado Alonso que Pedro se encuentra mal y no ha podido venir por esa causa.
La clase teórica pasa aburrida, como siempre. Carlota y yo pasamos todo el tiempo escribiéndonos notitas y a veces atendiendo y fijándonos en el Flement book, en su idioma y en las runas que tiene dibujadas. Al finalizar la clase, doy gracias por seguir vivo después de tal aburrimiento.

Cuando llegamos tarde al salón ya están casi todos, y me llama la atención dos cosas, primera: entre ellos distingo una nueva cara, un chico moreno que se encuentra sentado al lado de Irene y segunda: Nicolás, Raquel y Marina no están.

-Este es Iván- Nos presenta Irene.

Me fijo en él, es un chico normal y se ve buena persona, me gusta para ella.
Empezamos a comer y a contarnos que tal nos ha ido el día cuando oímos a Marina chillar.

-¡Que no! ¡En serio!- grita a un chico de túnica roja que parece ser Carlos- ¡No hace falta que me acompañes a todos los lados!

-¿Pero no te das cuenta?-Pregunta él- Juntos formamos un gran equipo.

-Déjame, estás loco, me voy a comer- y se dirige hacia nuestra mesa.

-¿Con ellos?- Dice él extrañado y con cara de asco.- No será verdad. Sabes que te puedes sentar con nosotros.

-Ya, gracias, bueno hasta luego- Dice Marina cortándole y se sienta con nosotros.

El chico se dirige enfadado hacia una mesa llena solo de alumnos de fuego.

-Pff, es un pesado, ¡en serio!- se queja.

Pasamos toda la hora hablando y quejándonos, preguntándonos donde estaría Raquel y por qué Nicolás se ha sentado en otra mesa para comer. Estos me preguntan por Pedro y les digo que es un simple resfriado. Cuando termino mi plato me levanto y me despido.
Necesito tomar el aire.
Salgo de la escuela por uno de sus patios, respiro y me siento libre. Sigo caminando sin rumbo cuando veo a Raquel sentada junto al río. Me acerco a ella sin dudarlo.

-Raquel ¿Qué haces que no vas a comer?

Raquel ni me mira.

-¿Para qué?
-¿Cómo que para qué?- pregunto extrañado y me siento a su lado.
-Mira-me dice.

Raquel coloca su mano sobre el agua y esta se mueve, pero apenas se nota.

-¿Ves?, no sirvo, tengo sed y no puedo sacar agua del río.
-Estamos empezando Raquel, es normal.
No es normal- replica- fíjate en el pájaro.

Giro la cabeza y veo un pequeño pájaro a unos pocos metros de nosotros, cerca del río.
Raquel alza la mano y de repente unas manos delicadas y perfectas formadas de agua pura salen del río, cogen al pájaro y lo sumergen en la profundidad del lago.

-¡Raquel!- grito levantándome- ¿Qué haces? ¡Sácalo de ahí ya! ¡Es un ser vivo no un objeto!

Raquel esta vez me mira y veo pena en sus ojos.

-No puedo- coloca su mano sobre el agua pero no pasa nada- No puedo.

Nervioso pienso en usar magia para salvar al pobre animal, pero no sé que hacer, no puedo ayudarle soy débil aún. Pronto sale el pájaro flotando en el agua sin vida, ahogado.

-Sólo puedo hacer daño- susurra Raquel para ella.

Le miro desconfiado.

-Raquel no sé lo que te está pasando pero estás extraña, tenemos que hablar.

-Deja de molestarme- me corta- ves a molestar a Nicolás.

-¿Nicolás? ¿Qué sabes tú?- pregunto nervioso.

-Más de lo que crees.

-Lo dudo, Raquel tenemos que hablar, hablaré con el grupo, necesitamos hablarlo todos juntos, estás demasiado rara.

No me contesta, y no espero a que lo haga, me alejo de ella, no sé si porque estoy enfadado o tengo miedo. ¿Qué sabe ella de Nico y yo? La cabeza me da vueltas.


Por fin llego al patio trasero, un pequeño parque para las prácticas de alumnos de tierra. Ya están todos los de mi clase, Carlota se acerca a mí.

-¿Dónde estabas?

-Dando una vuelta- Respondo sin ganas- ¿Dónde está Alonso?

-Ahí viene.- y señala a la entrada.

Como dice Carlota ahí está Alonso acompañado de una mujer, que si no me equivoco es la profesora de viento, Melanie. Con horror puedo distinguir detrás de ella a sus alumnos.

-Buenas tardes- saluda-Hoy para hacer la práctica contaremos con ayuda de los chicos y chicas de viento que se han prestado para ayudar. Ya sabéis, es lo mismo que ayer pero con un poco de más dificultad. Elegid a un compañero de distinto elemento y empezad.

Bien…-Le digo a Carlota- Estamos muertos.

Carlota se ríe. Los alumnos de viento se van acercando a los de tierra para empezar el ejercicio. Veo a Susana que se acerca a mí, le saludo con la mano. Pero para mi desgracia o suerte Nicolás se adelante y se coloca enfrente mía, por lo que Susana se va con carlota y mira con mala cara a Nico.

Nicolás y yo nos miramos un rato en silencio.

-Bueno…-dice- ¿Empezamos?
-Empecemos.

Me agacho en el suelo y él hace lo mismo. Estamos situados cada uno enfrente del otro con un pequeño espacio entre los dos que aprovecho para poner la mano y sacar una pequeña rosa amarilla. Algo tan simple como hermoso. Un gesto que parece pequeño para los ojos de los demás pero sin duda para mí es hermoso, es sacar la vida de la tierra, crear vida.

-¿ya?- pregunta con su hipnotizadora voz.
-No, espera.

Cierro los ojos y me concentro. Puedo sentir las plantas, la tierra. La vida de mi alrededor, las pequeñas cosas que pasan desapercibidas para los demás, cada pequeña gota de vida es un mundo infinito. Intento concentrarme más y sólo en una flor, la que me interesa, la rosa amarilla que nos separa a Nicolás y a mí. Ya está. Todo lo demás ha desaparecido, solo está la rosa y yo. Hago un gesto a Nicolás para indicarle que estoy listo. Intento concentrarme más, esto es fácil, me digo, sólo tengo que hacerle sentir a la planta lo que yo siento.
Nicolás levanta la mano y la coloca enfrente de la rosa, ahora aprieta con fuerza y intenta ahogarla, está quitándole el aire, intentando marchitarla, pero yo lo evito, ahora la planta y yo somos uno. Mientras que yo respire la planta respirará, pero tengo que tener cuidado, puede darse el caso inverso, puede ahogarme a mí.
Abro los ojos, y me encuentro a Nicolás miándome fijamente con esos ojos embaucadores. Al ver que manejo la situación aprieta más fuerte el puño y entonces me doy cuenta tarde que he pasado esa pequeña línea: Me estoy ahogando y esta vez no es un sueño.
De pronto me duele el pecho, siento calor, empiezo a ver nublado, me duele la sangre en las venas, mis pulmones están ardiendo y se estrechan.

-Air…-Susurro

Y intentó respirar exageradamente pero solo sale un ronquido de mi garganta. Caigo al suelo cogiéndome con las dos manos el cuello. Oigo una voz pero me llega difusa y no entiendo. De repente el aire vuelve a mis pulmones, puedo respirar.

-¿¡Estás bien!?- Grita Nicolás y se coloca un poco encima de mí para poder verme mejor, colocando o mejor dicho chafando mi mano con la suya tan suave.

-Si…

Nicolás respira aliviado y se aparta para dejarme levantar, quita su mano de la mía.

-No…

-¿Qué?

-No… No pasa nada- consigo decir.

Terminamos la clase y todo el mundo se dirige al gran salón a cenar pero Nico y yo nos quedamos en el patio hablando.

-Lo siento mucho de veras- dice arrepentido.
-No lo sientas por mí, siéntelo por ella- digo señalando la rosa amarilla que se encuentra marchitada.- no he podido salvarla.
-Ha sido mi culpa.
-Cierto- digo con una sonrisa- Por tener esa mirada.

Nicolás se ríe y yo también.

-Siento también lo de ayer- dice ruborizado.
-No pasa nada, no pude resistirme.
-Ha sido mi culpa por tontear contigo y luego apartarme cuando fuiste a besarme.
¿Te arrepientes?- pregunto confuso y nervioso.
-Me arrepiento- confirma.

Se me acerca muy despacio, tan despacio que creo que nunca va a llegar a tocarme, pero sus labios no van a los míos, sino que se acercan a mi oreja y a mi cuello, con lo que puedo sentir su aliento. Se me pone la piel de gallina. Sus jugosos y dulces labios rozan mi cuello, y después sube hacía mis labios pero apenas los toca y me deja con ganas de más. Se retira un poco, pero enseguida vuelve y me coge el labio inferior con sus labios, me da un pequeño beso que apenas dura un segundo y que me hace dudar si lo he vivido o no.

-Se ha hecho tarde- Dice mirando el cielo y alejándose- Es mejor que volvamos.



Voy por el pasillo, no pienso entrar al gran salón, no tengo hambre, lo que quiero es ir a mi habitación y ordenar mis pensamientos. Por el camino me encuentro a Iván que me pregunta por la habitación de Irene, le indico donde es y me da las gracias, después me dirijo hacia mi pasillo pero antes de llegar veo a Marina en el gran recinto circular con un grupo de alumnos de fuego hablando muy animada. Finalmente llego a mi habitación. A pesar de lo pronto que es Pedro está durmiendo ya y yo voy por el mismo camino. Me pongo el pijama, me lavo la cara y me lavo los dientes, destapo la cama y cierro la ventana que se encuentra abierta cuando alguien toca a la puerta. Voy rápido preguntándome quien será y abro la puerta. Cuando la abro no hay nadie, pero sí algo, una pequeña rosa amarilla en el suelo. Sin poder evitarlo sonrío. Me asomo por el pasillo pero es en vano, aunque no me hace falta para saber quien ha sido. Dejo la rosa en el escritorio y me cuesto en la cama por fin. Mi cuerpo me lo agradece, sobre todo mis ojos. ¿Qué le está sucediendo a Raquel? Está extraña, pero ahora no quiero pensar en eso, ahora solo pienso en la rosa amarilla, y sólo una pregunta recorre mi cabeza ¿A qué juega?

1 comentario:

Lune dijo...

wueeeeª!!!!!
mencantahh nicolas