lunes, 21 de septiembre de 2009

Capítulo 29: Frío Infierno.


Cuando la colonia es atacada las hormigas soldado salen a su defensa. Ellas no pueden elegir lo que pueden hacer, porque simplemente están predestinadas por la naturaleza a esa función, da igual como sea el enemigo, da igual si el enemigo es mucho más grande o fuerte que ellas, da igual porque no pueden hacer otra cosa que defender, es su función, y perderán la vida.

Así es como me siento, así es como actuamos. Carlos, Iván, Irene, Carlota y yo corríamos como simple hormigas soldado en busca de nuestro enemigo, sin importar el hecho de que pudiera aplastarnos fácilmente contra el suelo, habíamos sido atacados y no teníamos opción.
El cielo estaba de un gris oscuro, más triste que ningún otro día, y hacía frío. Demasiado frío.
En apenas unos minutos todo el concepto de lo que sucedía había cambiado por completo, ¿A quién quería verdaderamente Meredith? ¿Jennifer? ¿Cómo era posible?
Jenny, ella nunca…Es imposible, ¿Jenny esconde en su interior ese gran poder que busca Meredith? Jenny nunca había dado muestras de tener algo especial, es más, ahora que lo pienso nunca le he visto hacer uso de la magia, por lo que pensaba que no sería muy buena en ella… ¿Y si Meredith se equivocaba? ¿No sería Carlos? ¿Marina? ¿O Raquel como siempre habíamos pensado? No puedo entenderlo.
¿Dónde estaban? ¿Nicolás dónde estás?

-¡Suéltala!

La voz de Irene me hizo salir de mi pequeña ensoñación.

-¡Te he dicho que la sueltes!- Esta vez irene no duda y empuja a Marcos.

Habíamos parada en mitad del bosque de la escuela y enfrente nuestra estaba Raquel y Marcos sujetándola por detrás y tapándole la boca, así evitando que emitiese cualquier sonido. Raquel aprovechando la ayuda de Irene se quita la mano de la boca sin apenas esfuerzo, y se vuelve a él.

-¿Qué haces?
-¡Salvarte la vida!
-¿Qué...?
-Ssshh...¿No te das cuenta? ¡No podemos ir a por ella así como así, nos matará!
-¡Está matando a mi mejor amiga!- grita Raquel furiosa.
-¿¡Qué!?- Gritamos todos.
-¿Dónde están?
-¿¡Y Marina!?- Pregunta a gritos Carlos-¿¡Donde está!?

Y como otras muchas veces, todo pasó en una velocidad extremadamente letal, Raquel se quitó a Marcos de encima, salió corriendo hacia un claro del bosque y todos la seguimos.

-¡¡JENNY!!

Allí, en mitad de aquel claro, se encontraba Jennifer, flotando en el aire, inconsciente, sus ojos se encontraban negros y de ellos salían unas pequeñas lágrimas que bajaban por su delicada mejilla. Enfrente de ella Meredith se mantenía de pié, con los ojos cerrados, concentrada y las manos extendidas hacia mi amiga. Algo extraño y resplandeciente salía del cuerpo de Jenny hacia el de Meredith.

-¡¡MALDITA BRUJA SUELTA A MI AMIGA!-Rugió Raquel.

No se lo pensó, solo una cosa rondaba su cabeza: "Tengo que acabar con esto". Furiosa como nunca, se abalanzó hacia la bruja oscura, dispuesta a acabar con ella, sin importarle nada, como una simple hormiga soldado.
Entonces Meredith abrió los ojos.

-Ya no me eres útil.

La maga tenebrosa alzó su brazo izquierdo y después señaló a Raquel. La palabra que dijo Meredith a continuación penetro fríamente en nuestros oídos como un puñal de hielo:

-Muere.

La mano alzada empezó a echar chispas y finalmente un gran rayo negro salió disparado hacia su víctima.

-¡¡NO!!

Y el mortífero rayo negro impactó quitando así una vida, como había ordenado su Dueña. El cuerpo impactó con una fuerza brutal contra un árbol que se quebró por la mitad y se quedó tirado en suelo, inerte, ya sin vida.

-¡RAQUEL!

Raquel parecía no ver ni oír, ni siquiera existir. No se movía. No miraba a ninguna parte, diría que no respiraba ni siquiera. De pié, mirando el cuerpo víctima del rayo susurraba palabras apenas audibles.

-No…No…No puede…Es imposible...Marcos… ¡MARCOS!

Y por fin reaccionó, enseguida empezaron a salir lágrimas por sus ojos, lágrimas de odio e impotencia, lágrimas de tristeza. Se agachó y cogió a Marcos entre sus brazos.

-¿Por qué Marcos? ¿Por qué te has puesto en medio?- y besó sus labios ya sin vida.

Un beso amargo, frío y húmedo como la muerte. Y por primera vez en mi vida vi a Raquel débil y humana, como un papel mojado, cuando está seco es duro y puede llegar a cortar, pero sin embargo cuando se moja se vuelve blando y rompe con facilidad.
Entonces me di cuenta del cuerpo de Marina y Nicolás tirados en el suelo, Carlos corrió hacia Marina, Carlota, Irene e Iván fueron hacia Raquel y Marcos.
Y yo… allí estaba él, su pelo rubio se encontraba despeinado, sus ojos cerrados, y sus labios siempre tentadores ahora llenos de sangre. Corrí hacia él, apena fue unos segundos pero para mí fue un eternidad.

-¡Nico! ¡Mírame Nico!

Le cojo la cabeza, le toco el rostro, y sin querer mis lágrimas caen en su rostro. Cuando las lágrimas caen en él reacciona y abre los ojos. Esos dos ojos azules como el cielo más brillante de un verano. Enseguida levanta su brazo, me coge la cabeza con delicadeza y me acerca a él, pero esta vez, no espero y soy yo quien da el primer paso, mis labios se acercan los suyos, sin importarme el rojo intenso de la sangre, y nos besamos.
Siento como si este fuese el único beso de verdad que hubiéramos tenido él y yo. Le traspaso a través de mi beso, mi aliento y mi vida. Nuestros labios se mueven con delicadeza, todo parece desaparecer, solo existimos él y yo. Cada beso es como un abrazo en el corazón, cada pequeño mordisco en el labio inferior es como una caricia en mi interior, mi corazón late deprisa y se encoge. Y por un instante siento como deja de latir, y no sé si estoy vivo o muerto, lo único que sé es que el chico que tengo enfrente es él, que los labios que estoy besando son de Nicolás.

-No me dejes nunca-Susurro.
-Nunca.

Y nos fundimos en un último beso.


Ayudo a Nico a levantarse, Carlota se acerca a nosotros, en su cara puedo ver el desconcierto, ésta no es la vida que ella quería, Irene y Iván también se acercan cogidos de la mano, se estrechan la mano con fuerza, tienen miedo a separarse, no soportarían la pérdida del otro, se apoyan entre ellos, son una luz entre esta maldita oscuridad. Después vuelve Carlos con Marina a su lado, Carlos le rodea con la mano por la cintura, haciendo ademám de protegerla de cualquier cosa, se ve tan cansada Marina… Tan frágil a simple vista, pero sus ojos... sus ojos brillan, sí, estoy seguro, he visto fuego en ellos, una pequeña llama que sigue aún luchando y que luchará aunque eso suponga apargarse para siempre.
Por último Raquel se levanta poco a poco y se aleja del cuerpo de Marcos, de la persona que amaba, por la que había sacrificado y tenido que hacer muchas cosas de las que se arrepentía y ahora él... él estaba muerto. Sé que no quiere alejarse de él, pero… ¿Qué le pueden quitar más?

Nos situamos enfrente de Meredith, todos juntos, sin decir nada, en un silencio absoluto, preparados al fin. Al fin puedo sentirlo, puedo sentir ese poder, nuestro poder, el poder que irradiamos, tierra, agua, viento, fuego, todos juntos al fin, preparados para la batalla.
Meredith no nos ve, no le resultamos un problema para ella, para ella somos simples orugas, lo que no sabe es que estas orugas se han convertido al fin en mariposas; es hora de desplegar las alas.
Jenny sigue frotando, su cuerpo está demacrado y su piel más pálida de lo normal, Meredith le está robando la vida y no sé cuanto tiempo más podrá aguantar. Alzo la mano hacia ella al mismo tiempo que mis compañeros, como si estuviéramos conectados mentalmente o por algún tipo de fuerza, y después todos, los ocho, dejamos nuestra fuerza salir, nuestra energía salir en estado pura que estalla contra Meredith. Y la conexión entre nuestra amiga y Meredith se rompe y Jenny cae al suelo, pero es demasiado tarde: Meredith ha conseguido lo que quería.
Enfrente nuestra ya no está esa persona mayor, esa anciana…
Ahora hay una chica joven, hermosa como ninguna otra, pelo plateado, blanco como la nieve, ojos azules, piel blanco marfil, rasgos perfectos, simétricos, y esa aura, esta vez más poderosa, la más poderosa que he sentido en mi vida, un aura violenta capaz de arrasar cualquier cosa.

Meredith empieza a reír y su sonrisa metálica retumba en todo el bosque como una fuerte onda de sonido.

-Adorada juventud.


Entonces de pronto el tiempo parece detenerse, todo se vuelve lento, cada vez más lento hasta que todo se detiene, como si la vida hubiera dado una pequeña pausa y miles de imágenes recorren mi cabeza en apenas un efímero instante.
Como una tormenta de lluvia que estalla sin avisar inundaron mi mente. Primero una imagen, luego otra y otra, y finalmente cuando fui consciente de lo que sucedía ya estaba lloviendo a borbotones.
Vi toda mi vida, todos los momentos vividos en esta nueva vida, todo lo bueno, todo lo malo… y cuando al fin dejaron mi mente en paz todo había cambiado.
Todo estaba nevado y congelado, los árboles del bosque se encontraban helados, muertos sin vida., parece la Antártida. Nicolás me aprieta contra él en signo de protección, recorro con la vista mi alrededor, Meredith está enfrente nuestra, preparada y el grupo... todos estamos bien, pero...

-¡No...!-Puedo gritar apenas, y me maldigo por no poder chillar como desearía pero quizás ya no tengas más fuerzas o quizás la muerte es tan cercana a nostros que ya no nos afecta.Mi amiga Carlota ya no me oye, no oye mi grito de dolor: se encuentra sumergida, atrapada dentro de un iceberg. Ella como Pedro, como Susana, como Marcos, Como Jenny, ha caído...


-Bienvenidos al infierno.

Capitulo 28 : Nada es lo que Parece


Iba andando hacia el colegio en busca de los demás, no tardé mucho en llegar y me puse a buscarlos por las salas.
En una de ellas me encontré una pequeña llama de fuego que se iba apagando cada segundo que pasaba y cuando pasé por su lado se apagó eternamente.

Oí algunas voces a lo lejos y me acerqué para ver si realmente eran ellos, las personas a las que estaba buscando.
Pero nada mas entrar en la habitación descubrí a varios alumnos.
Estaban escondidos aunque no resultaba muy difícil descubrir donde estaban,
Sus caras estaban pálidas y en sus ojos se mostraba el miedo que sentían.

Realmente sentí pena por ellos, iba a pasar de largo en busca de las personas que estaba buscando realmente pero me paré en la madera de la puerta.

-Salir de aquí cuanto antes… pero no os acerquéis al bosque.

Se hacía muy poco llevadero, las paredes por las que pasaba delataban todo lo que habían vivido, las personas que habían pasado por ahí e incluso las personas que aún seguían dentro del colegio.

Seguía teniendo en mi poder los medallones de la tierra y del agua, y por eso creía que Meredith todavía no me había matado.

Sino lo más seguro es que ya estuviera muerta.
¿O quizás si que me quería como a una alumna?
Pero valía la pena hacer algunos pequeños sacrificios para que la mayoría de las personas siguieran sanas y salvas.

Entonces al fin descubrí donde estaban, se encontraban en las habitaciones de los alumnos del aire y había más gente desconocida entre ellos.

Salí corriendo hacia donde se encontraban y cuando giré una esquina para llegar a las habitaciones me choqué contra Ángel y los dos caímos al suelo.

-¡¿RAQUEL?! -Dijo Ángel, y en ese momento todos los demás aparecieron en un segundo.

-¿Qué haces tú aquí?-Preguntó Carlos.

Miré por encima a los que estaban detrás de Carlos, Iván, Irene y Carlota.
Habían varios alumnos de primer y segundo año, aunque no sabía de que elementos eran ya que no llevaban sus uniformes ni la capa del colegio.

-Todo va bien.-Dije levantándome del suelo- os ayudaré a encontrar a los demás alumnos y los llevaremos todos al bosque.

-¿Te das cuenta de que ahora estas sola?-Dijo Carlos avanzando varios pasos hasta ponerse frente a mi.

-Si yo no regresara con vosotros Meredith no dudaría en mataros a todos, y… sigo teniendo en mi poder los dos medallones que me distes…
Carlos se quedó en silencio durante varios segundos hasta que yo dije:

-El elemento de la tierra me permite saber donde se encuentran las personas en este colegio.-Dije y me puse a andar hacia una de las habitaciones.- y os podría ayudar en esta búsqueda.

Abrí una puerta y entré en la habitación.

-Aquí ya hemos mirado.-Dijo Ángel entrando después de Carlos.

-No todo es lo que parece…-Dije mientras abría un armario, pero para mi sorpresa no había ninguna persona, sino un tronco.

-No hay nadie.-Volvió a repetir Ángel.

-Si que hay alguien.-Y comencé a pensar en las veces que Meredith había convertido a varias personas en troncos.-aquí hay alguien.

Saqué el tronco con cuidado, si Meredith se había tomado la molestia en convertir a alguien en un trocó y no matarlo sería por algo.

Posé las manos sobre él, y a mi alrededor se comenzó a concentrar la energía de la tierra.
Irene, Ángel y los demás se acercaron lentamente observando todo lo que pasaba.
Poco a poco el tronco empezó a tomar forma humana, pero no una forma cualquiera sino la forma de alguien conocido, la forma de Marcos.

Me quedé de piedra al verlo recobrar el sentido, comenzaba a abrir los ojos y mis manos se aferraron a su cuerpo haciendo que los dos nos fundiésemos en uno, comencé a llorar y Marcos me rodeó con sus brazos.

-Raquel…-Susurró.

-¿Por qué te ha hecho esto?-Pregunté en un susurro apenas audible para los demás.

-Meredith no es lo que parece, no va a ayudarte… acabará contigo como a echo con el director.

Todos nos rodearon con más rapidez al escuchar las ultimas palabras que Marcos había pronunciado.

-No puede matarme, aún sigo teniendo los medallones.

-Te matará cuando se de cuenta que tu no eres la elegida…

Carlos se abalanzó sobre Marcos cayendo de rodillas sobre el suelo.

-¡¿Qué quieres decir?!

-Que la verdadera persona que posee los poderes de Meredith aún sigue ahí fuera…

Nos quedamos en silencio sin saber lo que realmente pasaba, yo no era la portadora de el poder de Meredith.
Entonces ¿Porqué todo este tiempo me habían pasado estas cosas?
Mi extraño poder a qué se debía, y si realmente yo no era la elegida…¿Quién lo era?

-El cuaderno solo lo podía encontrar el descendiente de Meredith ¿No?-Dijo Carlos incorporando a Marcos.

-Así es…

-Entonces el elegido soy yo…

-No, si hubieras sido tú Meredith no habría dejado que Raquel te atacase, y ella hubiera intentado que tú la ayudaras a ella.

-¿Entonces?-Dijo Irene detrás de Ángel.

-¿Quién estaba el día que encontrasteis el diario?-Dijo Marcos mirándome a la cara.

-Carlos, Marina, Jennifer y yo…

-¿Dónde están Marina y Jennifer?

-Estaban en el bosque, pero tranquilos todavía no nos ha llegado ninguna señal-Dijo Carlota.

-¡¡¡ESTÁN EN PELIGRO!!!-Dije y salí corriendo hacia el bosque.

Miré varias veces hacia atrás y veía a mis compañeros corriendo detrás de mí, sin saber lo que realmente pasaba.
Me gritaban cosas a lo lejos pero que apenas llegaban con claridad a mis oídos.
Solo quería llegar cuanto antes, y que no fuera demasiado tarde…

Me paré en seco delante de aquel escenario, Marina y Nico estaban tirados en el suelo agonizantes del dolor.

Busque con la mirada a Jennifer y la encontré no muy lejos de mis compañeros, estaba de pie frente a Meredith que la miraba desconcertada.

Quería llamarla a gritos, pero algo me agarró y me tapó la boca con fuerza.

-¿Qué es lo que pasa aquí?-Dijo Meredith con su aterciopelada y fría voz.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Capítulo 27: La última vez


El tiempo parecía haberse detenido, todos miramos a nuestro alredor buscando a la dueña de esa imponente voz, ésta no se hizo esperar demasiado, apareció seguida de Raquel pero no le ví la cara. Todos nos juntamos más entre nosotros, podía notar y emitir temblores propios de personas que han sido sentenciadas a muerte pero le tienen miedo a la misma...
-Me sorprendéis...- dijo Meredith tranquila.- La primera persona que consiguió entrar tardó años en descubrir cómo salir...
El frío que emitía la simple presencia de Meredith era sobrecogedor y la sensación de tener a mis amigos alrededor lo hacía más llevadero... ¿íbamos a morir? ¿morir por rescatar a una de nuestras amigas que quizás ya no lo era..?
-Meredith- empezó Carlos desafiante pero con un gran miedo contenido- queremos que los que mataste la otra noche vuelvan a vivir y por lo que hemos visto ya has cumplido tu venganza...
-Lo que me pides es difícil...- dijo cortándole e hizo una pausa mientras buscaba las palabra adecuadas- pero no imposible...
Obviamente intentaba imponernos condiciones para cumplir su pacto...
-¿Y bien?
-Haré que vivan siempre y cuando me deis lo que pido... Mi venganza ya está cumplida como bien has dicho, la única persona que había sido capaz de vencerme ya está muerta... Maté a vuestro director hace escasas horas y con él a todos los que se pusieron de su parte... Pero no todos fueron tan valientes... Aún quedan alumnos en el colegio que no he tenido que matar gracias a su prudencia. Encontrarlos, yo no puedo perder tiempo en eso, esperarme todos en el comedor principal, acudiré en seguida con los inocentes que murieron el día de la lucha.
Todos nos miramos entre nosotros, no sabía qué estaban pensando los demás, con la oscuridad no conseguía verles la cara...
-¿Qué hacemos?- susurré, no estaba segura de que Meredith ignorara nuestra conversación, pero sabía que desde la distancia a la que nos encontrábamos ninguna persona normal lo hubiera escuchado...
-Puede ser un trampa.- Añadió Irene, siempre desconfiada.
-Algo trama, eso seguro- le dio la razón Carlos.
-¿Qué podemos perder?- inquirió Nicolás- En el caso de que sea una trampa ¿qué nos hara? ¿matarnos?
-¿Te parece poco?- preguntó Ángel.
-He vivido lo suficiente para llegar a saber lo qué es la felicidad.- dijo mirándole. Y todo resultó algo incómodo, aunque en el momento en el que nos encontrábamos era normal algo así, decir lo que realmente sentíamos... sentí envidia de ellos, a pesar de lo que habían pasado habían sido felices, yo no había experimentado esa felicidad que hacía que tanto le brillaran los ojos a Nico...
-De acuerdo ¡aceptamos!- le gritó Carlota a Meredith, todos la miramos, confusos.
-Bien, entonces nos vemos allí...- dijo Meredith, adentrándose en el bosque seguida de Raquel.

Caminábamos mirando a Carlota con curiosidad, ella nunca habría dicho algo sin pensarlo bien antes, por lo que sabíamos que tenía un plan que no contaría hasta estar seguros de que Meredith no nos oiría, no tardó en comenzar a contarnos lo que pensaba con rapidez y en un susurro inaudible que parecía un grito debido a que el sonido natural del bosque brillaba por su ausencia.
-Vale, algunos podéis quedaros en el bosque e intentar encontrar a Meredith para ver si de verdad parece que va a cumplir su parte del trato, los otros que vayan al colegio a decirles a los demás lo que está ocurriendo, en el caso de que sospechéis que es una trampa enviarnos alguna señal mediente el bosque e intentaremos estar preparados; en el caso contrario regresad al castillo y esperemos...
-De acuerdo...- dijo Ángel- ¿quién se queda?
-Será necesario que se quede Nico, necesitaremos a alguien que controle el aire para mandarnos la señal a los demás.
-Yo también me quedaré- dijo Jenny.
-Y Marina.- propuso Carlos.
Iba a protestar, como siempre hacía, siempre que me tocaba a mi quedarme a esperar al grupo retrasado, pero esto no era una excursión, había mucho en juego y Carlos quería mantenerme lo más lejos posible del colegio y de lo que allí pudiera pasar.
Nos despedimos de los demás demasiado nerviosos como para articular algo más que un sincero "hasta pronto" porque ninguno nos atrevíamos a decir adiós.
Carlos me besó en la frente, como aquella vez que me deseó buenas noches, y no dijo nada más; pero cuando estaba camiando hacia el colegio con los demás se paró en seco y volvió corriendo, me abrazó y, al igual que Nico, pensé que no me importaba morir siempre y cuando muriera así... Luego nuestro labios se buscaron y al encontrarse parecía como si ni el mísmisimo poder del fuego pudiera separarlos, fue un beso único humedecido por nuestras lágrimas que tendría en mi cabeza cuando tuviera que enfrentarme a esta dura prueba que nos había tocado.

Jenny y Nico se pusieron en camino a mi lado, ninguno decía nada, quizás porque no habían palabras que expresaran lo que sentíamos: mezcla de angustia y miedo que hacían insoportable la idea de seguir caminando. La idea de que Meredith nos descubriera era algo en lo que los tres pensábamos y temíamos que ocurriera, porque, de ser así, podríamos darnos por muertos... aunque peor sería lo que estaban pasando los demás en el colegio buscando a los asustados alumnos y esperando a que Meredith apareciera, si no conseguíamos hacerles llegar la señal en el caso de que fuera una trampa estarían perdidos.

De repente oímos unos susurros procedentes de un frondoso escenario, nos acercamos con sigilo y casi se podía oír el latir de nuestros corazones. Vimos a Meredith como se arrodillaba frente a un tronco, lo tocaba y éste ¡se convertía en persona! y no en cualquier persona ¡era Alex! Repitió el proceso con un montón de troncos más que habían esparcidos por el suelo, como si no fueran más que eso... Al finalizar se volvió hacia ellos y se irguió orgullosa.
-Bien, ya sabéis lo que tenemos que hacer.- Se giró para mirar a un bulto que no conseguimos distinguir parecía una persona pero debido a la gran cantidad de fluído rojo no me atrevía a jurarlo.- Bien, ahora verás lo que se sufre al ver a tus alumnos morir uno a uno...

Los tres nos miramos incrédulos: era una trampa. En seguida creé una diminuta llama que Nico impulsó de camino al colegio, pero nunca sabríamos si llegaría bien porque en ese momento Meredith se volvió hacia Raquel que miraba con una impasibilidad infinita a lo que quedaba de su antiguo director.
-Raquel, me has ayudado cómo me prometiste, y no te voy a obligar a que vengas conmigo al colegio si no quieres, ya sabes que tendrás todo lo que te prometí y además te ofrezco algo más, algo con lo que quizás nunca soñaste: el secreto de la energía pura... conviértete en mi aprendiz y te enseñaré todo lo que quiereas, serás poderosa.
Justo tras pronunciar esta frase Jenny salió de nuestro escondite delatándonos a todos.
-Raquel, no hagas esto, tú no eres así.
Raquel miró a su amiga preocupada pero no dijo nada... Meredith se volvió hacia Nico y hacia mi y pudimos ver un fuego ardiente en su mirada que nos puso los pelos de punta.
-¡Traidores! Sabía que no podía confiar en vosotros... me estáis obligando a mataros y le había prometido a Raquel que no os tocaría, pero me lo estáis poniendo difícil.
-Raquel no la escuches, nos iba a matar igual- dije aunque no parecía escucharnos- pasa de todas sus promesas.
-Bien Raquel, decide, ¿quieres ser mi aprendiz?-Tras un intenso silencio Raquel, en contra de toda predicción... aceptó.- Muy bien, entonces ves al colegio y finge que todo va bien, que enseguida llegaré al colegio con sus compañeros, descubre si hay algún complot o algún valiente planeando algo y elimínalo.
Raquel se puso en marcha con demasiada naturalidad ¿en realidad era así? ¿fingía?
-Ahora vosotro, sufriréis la misma suerte que vuestros profesores.- Se acercó al cuerpoque jadeaba con dificultad del suelo que algún día había sido del directo, le levantó la cabeza y le susurró- Quiero que veas esto.

Entonces solo hubo dolor, un ardiente dolor que quemaba cada parte de nuestro cuerpo tanto por dentro como por fuera, cada célula prendía pero no se apagaba... era el mismísimo infierno, notaba como se despegaba la piel del cuerpo y supe que moriría así que simplemente evoqué el recuerdo del beso con Carlos por última vez...

martes, 15 de septiembre de 2009

Capítulo 26: Todo por la amistad


Cosa de locos. Todo lo que estaba pasando parecia sacado de una pelicula de terror.
Estabamos atrapados en aquel mundo helado y habiamos perdido a Raquel que habia desaparecido con esa bruja de Meredith, pero no todo era malo. Gracias a los cuidados de Marina, Carlos ya estaba casi recuperado.
Llevabamos dos dias en aquella cueva, buscando la forma de salir de allí y volver a nuestro mundo, pero no habiamos tenido ningun éxito. Tocabamos todas las paredes, recorriamos la cueva de arriba abajo, pero nunca encontrabamos nada. El segundo dia por la tarde, estabamos todos reunidos dentro del refugio que habia construido Ángel, pensando que hacer.
- Yo creo que deberiamos volver a recorrer la cueva, solo para asegurarnos. – dijo Jenny.
- Ya la hemos mirado cincuenta veces y no ha funcionado. Tiene que haber alguna otra forma. – le dijo Carlota con la voz baja.
- Bueno ¿y entonces que hacemos? Raquel y Meredith llevan por ahí demasiado tiempo y a saber lo que estará pasando fuera.
- Tenemos que calmarnos y pensar – digo – Meredith nos introdujo aquí con la magia, asique tendremos que salir del mismo modo ¿no?
- Si, pero ella es mucho más poderosa que todos nosotros – dice Ángel.
- De eso nada. Ella tiene todos los poderes de los 4 elementos, y nosotros tambien – dijo Ivan – somos tres personas de agua, dos de tierra, dos de fuego y uno de aire. Los cuatro elementos, todo lo que nos hace falta.
Todos miramos a Ivan sorprendidos y yo le sonrio orgullosa.
- ¿y se puede saber porque no lo has dicho antes? – le preguntó Marina con voz chillona.
- Porque se me acaba de ocurrir si te digo la verdad. – admite. Yo no puedo evitar reirme.
- Bien, entonces unamosnos todos e intentemos abrir la dichosa puerta a traves de una pared, ¿pero como? – dijo Carlos poniendose de pie y paseando de un lado a otro.
- Recuerdo que cuando seguí a Marcos hasta el sótano vi en la pared un dibujo de un escudo con cuatro partes, uno para cada elemento. Se supone que alli deberian estar los cuatro medallones, y tambien ponia: “Solo los cuatro elementos juntos igualan a la oscuridad”; si encontramos en alguna parte el escudo podriamos juntar nuestros poderes – dijo Ángel
- Si, eso tendria que funcionar – dijo Carlos.
- Pero tambien ponia: “solo el que complete el escudo tendrá el poder de abrir y cerrar esta puerta a su antojo”, si fuera tan fácil ¿no creeis que Meredith ya habria abierto la puerta sin necesidad de tener todos lo medallones?
- Tal vez no encontró a nadie tan loco como ella para ayudarla – le dije.
- Bien, entonces separemosnos y busquemos de nuevo – dijo Marina poniendose tambien de pie al lado de Carlos – recordad, buscamos el dibujo de un ecudo dividido en cuatro partes, fijaos bien. Si alguien encuentra algo que grite. Vamos.
Nos dividimos en parejas: Ángel y Nicolás, Marina y Carlos, Jenny y Carlota y yo con Ivan. Mientras ibamos andando por aquel lugar cojidos de la mano se me ocurrió preguntarle una cosa a Ivan.
- ¿y que se supone que vamos a hacer cuando salgamos de aquí? No sabemos donde estan Raquel y Meredith, ni sabemos lo que quiere.
- Supongo que tendremos que buscarlas por el colegio y todo el bosque. Quizas Meredith tenga algun otro escondite por algun lado ¿no?
- Pero no podemos volver al colegio, si nos ven llamaran para que vengan a recojernos, nos echaran.
- Pues entraremos sin que nos vean. Podemos pedir ayuda a mis amigos y a algunos compañeros más para que nos cubran.
Hice que nos parasemos al lado de la fuente termal a la que nos metimos el primer día. Miré a Ivan y sonreí.
- ¿Qué pasa?
- Te has combertido en todo un experto en el tema y eso que al principio querias que dejara de meterme en todo esto- le dije. El sonrió y me abrazó.
- Bueno, supongo que es por que cuanto antes acabe todo esto más tiempo tendremos para nosotros. Sin estar preocupandonos por que alguien intente matarnos.
- Si, bien pensado – le dije, me acercó más a el y me besó, cuando nos separamos me quedé mirando el agua y entonces caí en la cuenta de algo. – el agua.
- ¿Qué?
- No hemos mirado dentro del agua, quizas en las paredes haya algo. – me solté del abrazo de Ivan y me metí dentro del agua.
- ¿Qué estas haciendo?
- Metete y ayudame a buscar, fijate bien- dije y acto seguido aspiré aire y me sumergí. Las paredes eran roca arrugada y sucia, fui tocando parte por parte y lo único que sentí era lo áspera que eran las paredes. Noté como Ivan caia dentro del agua y justo cuando iva a salir para tomar aire detuve la mano en un trozo algo distinto de roca. Fijé bien la vista y vi el dubujo del escudo dividido en cuatro partes y en cada una de ellas, el hueco del medallón. Salí a la superficie a la vez que lo hacia Ivan.
- Lo he encontrado – le dije – he encontrado el escudo, hay que llamar a los demás.
- ¿estas segura?
- Si. ¡¡eeeh! ¡Venid! ¡¡lo hemos encontrado! – grité. Al minuto siguiente aparecieron corriendo todos.
- ¿lo habeis encontrado? ¿Qué haceis metidos en el agua? – preguntó Ángel mirandonos confusos.
- Está aquí debajo
- Pero no podemos juntar todos los poderes ahí – dijo Marina.
- No pasa nada, podemos evaporar el agua – dijo Ivan. Me ayudó a salir y nos colocamos frente al agua, nosotros dos y Jenny, extendimos las manos y en unos segundos el agua desapareció dejando ver perfectamente el escudo en la pared. Saltamos al hoyo que ahora habia quedado en el suelo y nos quedamos mirandolo.
- ¿y ahora que? – preguntó Nicolás.
- Quizas si ponemos una mano en cada hueco funcione – ideó Carlota.
- Vale, de aire está claro quien la pone ¿pero de los demás?- dijo Marina mirandonos.
- creo que deberia ser yo – dijo Carlos - ¿te parece bien? – preguntó mirandola.
- Si, de acuerdo.
- Y yo pondré la mia – saltó Ángel.
- Sin problema – le dijo Carlota – y ¿de agua?
Miré a Ivan y Jenny y ninguno dijo nada. No se si era porque todos queriamos o por que a todos nos daba miedo.
- Yo la pondré – dije.
- Vale, pues vamos allá – dijo Carlos y acto seguido, Él, Ángel, Nicolás y yo nos acercamos al escudo extendiendo la mano hasta colocarla cada uno en el ueco correspondiente. Nos concentramos al máximo y dejamos que de nuestras manos saliera una pequeña muestra de nuestro poder. Yo empapé mi mano dejando mi hueco completamente bañado en agua, de la mano de Carlos salió una llamarada de fuego muy potente, de la de Ángel una sustancio parecida al barro y de la de Nicolás una rafaga de viento que nos llegó a todos. Por unos segundos pareció no pasar nada hasta que de pronto, el agua, el fuego, la tierra y el aire que desprendimos se juntaron y empezaron a girar sobre nuestras manos, cada vez más rápido hasta que se detuvieron de golpe y todo se detuvo. Nos miramos en silencio.
- ¿ha funcionado? – pregunté y acto seguido nosotros cuatro caimos hacia el lado que teniamos la mano, atravesando la pared.
- Aaaah! ¡dios! ¿Dónde estamos? – pregunté mientras me quitaba de encima de las piernas a Ángel y Carlos y miraba alrededor. - ¿estamos en el sótano de nuevo?
- Si parece – dijo Nicolás poniendose de pie y ayudando a Ángel
- ¿dónde estan los demás? – pregunté asustada
- Aquí – dij una voz. Me giré hacia la pared del sótano y vi a Jenny que ya habia pasado a traves de ella mientras lo hacian los demás.
- ¿ha funcionado? – preguntó un poco asombrada Marina en cuanto pasó. Yo corrí al lado de Ivan.
- Sí, estamos en el sótano del colegio, ahora el problema es como salimos sin que nos vean. – dijo Ángel.
- Y encontrar a Meredith y Raquel, no te olvides de eso – le dijo Carlota.
- Si, eso tambien.
- Bueno salgamos ya de aquí, guardar silencio – dijo Carlos y se puso el primero en la fila guiandonos a todos para salir del sótano. Abrió la puerta muy despacio para impedir que sonara, asomó ligeramente la cabeza por el hueco y vio los oscuros pasillos vacios, nos indicó con la manos que lo siguieramos y salió. No parecia que hubiera nadie por allí, no se oia ningun sonido de alumnos ni profesores vigilando asique seguimos nuestro camino con la espalda pegada a las paredes. Nos detuvimos en la puerta del salón y miramos confusos a la salida. Las puertas estaban abiertas de par en par y el viento hacia que se movieran de forma terrorifica, las hojas de los arboles y las gotas de lluvia que caian fuera entraban, dejandolo todo mojado y sucio. Nos miramos entre nosotros muy confusos y al hacerlo una pequeña porcion de nuestra vista captó el interior del salon y nos giramos para verlo mejor. Todo, absolutamente todo, estaba fuera de su sitio. Las mesas, las sillas, los adornos, los cuadros… todo estaba desparramado y roto por allí. Habia trozos de cristales en el suelo, las cortinas llenas de rajas y quemadas y a las paredes les faltaban algunos trozos.
- ¿Qué ha pasado aquí? – pregunté mientras entrabamos en aquel lúgubre lugar. Daba verdadero miedo entrar. Si ya de por si daba pavor, la noche y la tormenta de fuera empeoraban su aspecto de un modo espectacular.
- parece como si hubiera habido una lucha aquí – dijo Marina.
- Una gran lucha – señaló Ivan. – entonces han atacado el colegio… ¿creeis que aun segiran aquí?
- no. No siguen aquí – dijo Carlos muy serio.
- ¿Cómo estas tan seguro? – le preguntó Marina.
- No lo se. Pero tengo esa sensación. Creo que debemos salir al bosque.
- ¿al bosque? – preguntó Ángel.
- Sí. Meredith y Raquel estan allí. Estoy seguro.
- Bien, pues vayamos. Tenemos que encontrarlas. – dije. Miramos una última vez el salón y nos dirijimos hacia el orcuro bosque. Lo más normal en estos casos, lo que haria la gente cuerda, seria dar la vuelta y huir en dirección contaria a donde está el peligro; pero siempre he creido que nosotros eramos distintos al resto y haciendo lo que estabamos haciendo me confirmaba mi propia teoria. Allí estabamos, adentrandonos en un lugar peligroso en medio de la noche mientras los rayos caian y la lluvia nos empapaba, para buscar y recuperar a nuestra amiga. Era increible hasta donde podiamos llegar por la amistad que sentiamos todos nosotros. Miré a mis compañeros y me fijé en sus caras. Jenny y Carlota parecian asustadas y cansadas pero avanzaban sin dudar en ningún paso; Ángel y Nicolás iban cogidos de la mano y no pude evitar sonreir, conociendo a Ángel seguro que tendria miedo como todos, pero sin duda alguna su interior iba gritando excitado por ir cojido de Nicolás; Marina y Carlos iban los primeros en la fila, Carlos nos guiaba a todos, pero de vez en cuando giraba la cabeza y sonreia a Marina, recordé los problemas que tuvimos al principio con él, pero ahora estabamos juntos en el mismo bando y gracias a el ibamos a arreglarlo todo. Por último miré a Ivan, delante mia, me llevaba cojida de la mano y no me la habia soltado desde que salimos del sótano. Me pareció una suerte increible haberle encontrado y aun más que siguiera conmigo despues de el lio en el que lo habia metido. Aquí estabamos todos, cansados, sucios y con dolores, pero seguiamos caminando hacia el interior del bosque.
De repente el viento aceleró y la lluvia apretó, se escuchó un fuerte crujido y una voz cantarina y estridente sonó entre los árboles asustandosnos y haciendo que nos juntaramos. Yo me junté más a Ivan y el me recojió en su abrazo.
- ¡¿Cómo habeis conseguido salir?!

domingo, 13 de septiembre de 2009

Capítulo 25: Nuevo camino.


-¿Cuánto tiempo llevamos ya?-Pregunta Jenny ansiosa.
-¡Llevamos horas esperando!- Se queja Marina que está a su lado-¿Estarán bien? ¿Y si les ha pasado algo?
-Espero que no sea una trampa…-Dice Irene dejándose caer sobre la pared de la cueva junto a Iván.
Carlota se levanta de mi lado y empieza a dar vueltas.
-¿Entonces qué hacemos?
-¿Deberíamos entrar?-Pregunta Iván abrazando a Irene.
Nicolás que estaba un poco apartado del grupo se acerca a nosotros, me mira y después mira a Iván.
-Creo que es lo más lógico.
Todos nos miramos dudosos, está claro que es lo más normal, ¡hace horas que Carlos y Raquel desaparecieron por esta maldita cueva! Pero parece que no haya pasado el tiempo, en este extraño mundo desconocido es como si el tiempo no existiera, el cielo es de un color gris o blanco entristecido, ¿Acaso no existe el día o la noche en este lugar? Miro a mi alrededor, veo los semblantes de mis compañeros, están cansados pero no como antes, hemos recuperado fuerzas, las suficientes para aguantar este frío infernal que nos pincha como pequeñas agujas por todo el cuerpo. Mire por donde mire está todo nevado, lleno de hielo, de escarcha y de esponjosa nieve blanquecina. Creo que en este mundo paralelo al nuestro la única estación del año que existe es el invierno. Si actuamos debemos de hacerlo ya, no hay tiempo que perder, aunque tengamos miedo debemos de ir hacia delante. Me levanto y los demás también empiezan a levantarse.

-Vayamos-Dice finalmente Irene.



Nos adentramos en la cueva ya artos de la espera. Está todo oscuro y apenas nos podemos ver. Marina va al frente, está preocupada, y todos sabemos que es por Carlos. Vamos profundizando en la cueva que parece no tener fondo cuando alguien me coge la mano, no sé quién es, pero supongo que será Carlota o Jennifer.

-Esperad-Nos pide Marina- Voy a dar un poco de luz a este lugar.

Y enseguida una llama proveniente de la mano derecha de Marina destierra a la oscuridad de nuestro camino. No tardamos en percatarnos de que el camino está lleno de antorchas apagadas que Marina enciende cuando las ve. Ahora podemos ver con claridad, delante como suponía está Marina, más detrás Iván e Irene, luego Jenny y Carlota. Temiéndome lo peor miro a la persona que está a mi lado dándome la mano y como suponía es Nicolás. Nico me mira como esperándome respuesta y yo claramente no le hago esperar: Aparto la mano enfadado. ¿Acaso ahora quiere una reconciliación?
Aprieto el paso y me acerco a mis compañeros. A los pocos segundos la cueva se ensancha de una forma brutal y desembocamos en una habitación gigantesca. Por la decoración diría que antigua, llena de alfombras doradas y rojas, a juego con las cortinas, esta completamente vacía de muebles salvo por aquel trono al final de la sala.

-¡¡CARLOS!!- Grita Marina corriendo hacia él que se encuentra en el suelo inconsciente.
-¿Qué ha pasado?-Susurro.

¿Qué hace Carlos en el suelo? Parece estar herido, Marina se arrodilla llorando ante él y lo apoya en su pecho.

-¡CARLOS, CARLOS!

Los demás nos quedamos sen nuestro sitio, parados contemplando la escena, me fijo en sus miradas y las sigo, me doy cuenta de la presencia de Raquel, que se encuentra de pie, delante de Marina y Carlos, serena, con la mirada triste. Pero no es en ella en quien se fija mis compañeros, más adelante sentada en el trono como un reina hay un extraña figura. La figura se alza del asiento y nos mira sonriente. Su piel es blanca, más blanca que cualquiera que haya visto, más blanca que la de mi amiga Jennifer, su pelo negro como el más puro alquitrán cae con ondulaciones hasta casi llegar a su cintura. Pero lo que más me llama la atención son sus ojos, azules, fríos como el hielo, que hacen estremecerme y sentirme insignificante. A pesar de ser una mujer mayor es indudable que tiene una belleza inaudita. A ninguno de nosotros se nos pasa por alto el aura que le rodea, un aura poderosa y misteriosa. Al levantarse del trono se sacude el largo y hermoso vestido negro que viste con delicadeza: Estrecho por arriba y por bajo con una falda ancha y amplia que llega hasta el suelo como un traje de novia. Meredtih hace llenar la sala de un silencio asombroso que es interrumpido por un chillido de dolor proveniente de Marina.

-¡Tú, maldita!¿¡Qué le has hecho a Carlos!?

Enseguida todos tememos por la posible respuesta destructora que puede tener Meredith, sin embargo ella se ríe con una simple risa perfecta pero malévola.

-Pregúntale a tu amiga- sugiere.

Marina y todos nosotros miramos a Raquel que mira solo a Marina con tristeza.

-Lo siento-susurra- No podéis entenderlo.
-¿Cómo es posible?-Pregunta Irene sin esperar respuesta.
-Raquel, no…-Susurro.
-Es hora de irnos- Nos corta Meredith y extiende la mano hacia Raquel.

Raquel se gira y camina lentamente hacia ella.

-¡NO!-Grita Jenny con lágrimas en los ojos.
-¡Eres una traidora!- le espeta Marina con rabia mientras abraza a Carlos.

A pesar de que Raquel avanza hacia nuestra enemiga ninguno de nosotros nos movemos, quizás por el miedo o quizás porque sabemos que es inevitable. Finalmente nuestra excompañera estrecha su mano con la de Meredithy entonces todo empieza a girar a una velocidad de vértigo y antes de desaparecer nos mira y dice con serenidad:

-No es lo que parece.

Una cegante luz ocupa la sala evitando que podamos ver, cuando al final cesa Raquel y Meredith no están, y la extraña habitación tampoco, ahora solo es una simple cueva, hay rocas y más rocas y con ellas el maldito frío.



Nicolás Alza los brazos y señala a los árboles que están llenos de nieve, el viento sopla con fuerza y la nieve cae de sus copas. Después Irene, Jennifer y Iván concierten la nieve en agua en apenas un segundo y Marina la evapora así dejando el suelo limpio. Ahora nos toca el turno a Carlota y a mí. Siento como la magia fluye por mis dedos y llega a los árboles, y para asombro mío no es tan difícil como creíamos, con apenas poca cantidad de magia los árboles empiezan a curvarse hasta crear un techo que tapa el suelo limpio de la nieve. Después en la parte trasera hago crecer unos cuantos árboles haciendo así un pequeño refugio con una sola entrada. No tardamos en entrar y en sentarnos, Iván y Marina dejan a Carlos tumbado al fondo de la cabaña.

-¿Cómo está?- pregunta Carlota.

Marina apoya la cabeza de Carlos en sus piernas.

-Nada nuevo, aún no ha abierto los ojos.
-Deberíamos volver al colegio- Dice Iván.
Irene le mira y suspira.
-¿Y cómo encontramos ahora la puerta? Estamos perdidos, Además-Añade mirando a Jenny- No podemos abandonar a Raquel, es nuestra amiga.
-¡Nos ha traicionado!-Replica Marina.
-Tiene que haber una explicación-Digo- “No es lo que parece” ¿Qué querría decir con eso?
Nicolás se sienta a mi lado.
-Sea lo que sea no podemos volver al colegio, después de lo sucedido nuestros padres querrán sacarnos de la escuela.
Sé que Nicolás tiene razón, pero no quiero dársela, nadie contesta y finalmente me rindo.
-Tiene razón, solos nos queda una opción: Quedarnos aquí y buscar a Raquel, y por lo menos recuperar a Susana y a Pedro.
-Estoy de acuerdo- me apoya Irene- Lo malo es que estamos perdidos en mitad de la nada.
-Estamos congelados- Salta Carlota- Ahí afuera hemos encontrado fuentes termales, sería buena idea darnos un baño y recuperar el calor corporal de momento.
-Yo me quedaré aquí a cuidar de Carlos-Dice Marina.
-Está bien-contesto.

Salimos todos del refugio, Marina se acerca a la orilla de una fuente termal y moja un paño en el agua caliente, luego vuelve adentro y se lo coloca a Carlos en la frente. Iván y Irene se introducen en las aguas desesperados, y por el gesto de sus caras está claro que lo agradecen, se abrazan como dos tortolitos y veo que Iván consigue sacarle una sonrisa a Irene a pesar de todo lo que está pasando. Jenny y Carlota van juntas, investigando el terreno, supongo que para encontrar un fuente termal mejor. A Nicolás sin embargo no lo veo, siento curiosidad por saber donde está, pero me autoconvenzo de que no me importa. Ando hasta una fuente termal donde cae una pequeña catarata con apenas fuerza, introduzco mis pies congelados que enseguida me lo agradecen, la sangre vuelve a circular por ellos. Poco a poco me voy metiendo y mi túnica se pega a mi cuerpo como una lapa, lo que hace sentirme pesado pero me da igual, el calor del agua recorre todo mi cuerpo, es un placer inexplicable. Me acerco a la pequeña catarata y dejo que el agua lentamente caiga sobre mí. Entonces veo a Nicolás que se acerca a mi fuente termal, se queda en la orilla mirándome y se quita la túnica gris, dejando ver sus pantalones vaqueros y su jersey azul oscuro, veo que se introduce en el agua lentamente, y se quita el jersey lo deja en la tierra para que no se moje, bañándose así solo con los vaqueros. Nicolás Avanza hacia mí y se para justo enfrente de la catarata que nos separa. Yo me encuentro debajo de la catarata que gracias a que el agua que tira no es abundante puedo ver claramente a Nico.

-¿Qué quieres?- Pregunto mientras el agua cae por mi rostro.
-Quiero pedirte perdón.
Le miro confuso.
-Ya sé que he sido un estúpido, no tendría que haberte dicho lo que te dije.
Miro a Nico sin saber qué decir, quiero perdonarle, le quiero y quiero que estemos juntos, pero aunque quiero perdonarle siento como si necesitara más que un simple perdón pero no sé exactamente qué.
Nicolás se acerca y se adentra en la cascada junto a mí. Enseguida el agua empieza a recorrer por su pelo rubio, por sus labios jugosos y por su torso desnudo. Acerca sus labios entreabiertos mojados, por donde pasea el agua constantemente hacia mí, yo sin pensarlo me acerco, como una reacción inevitable. Alarga sus brazos desnudos y me coge la cara con ternura, acercándome a él, apoyamos nuestras cabezas una con la otra, nuestras narices se rozan y nuestros labios casi se tocan. Estamos así unos segundos, deseando que nuestros labios se toquen. Notando el agua encima nuestra. Y entonces ocurre: Me acerca a él con fuerza y sus labios chocan contra los míos. Y como suponía encajan perfectamente, los engranajes vuelven a encontrarse. Siento otra vez el salvaje palpitar de mi corazón latiendo con fuerza, un palpitar que echaba de menos. Sus labios carnosos y jugosos juegan con los míos, poco a poco se rozan con pasión, como si siempre hubieran esperado este momento. Nicolás me pega un pequeño mordisco en el labio inferior y después se aleja y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa, y le abrazo.



viernes, 11 de septiembre de 2009

Capítulo 24 : Una Promesa


“Nada más verla noté como me quedaba clavada en el suelo, quizás fuera por el miedo, pero lo que realmente sientes al estar frente a ella son un conjunto de sentimientos que no puedes explicar”.

Un nudo en el estómago, mis manos comenzaban a sudar y mis ojos nerviosos buscaban desesperadamente aquella voz. Parecía que hubiéramos entrado en un cuento de hadas, un bosque lleno de pinos se levantaban frente a nosotros cubiertos completamente por nieve. Nadie sabía lo que pasaba allí, Carlos se adelantó un poco a los demás y observó más detenidamente el paisaje cuando de nuevo aquella misteriosa voz se volvió a escuchar.

-Por aquí…-Susurró aquella melódica voz, que provenía de uno de los árboles.

Carlos pareció querer abalanzarse a aquel lugar, pero Marina lo cogió por el brazo parándolo en seco.
-No deberíamos separarnos.
-Marina tiene razón, deberíamos permanecer juntos en todo momento.-Dijo Ángel.

-Os estoy esperando… La voz nos volvió a llamar desde el bosque, haciendo que a todos nosotros nos recorriera un escalofrío por toda la espalda.

-Esta bien, no nos separemos pero deberíamos ponernos en marcha.-Dije cogiendo a Jennifer por la mano, y comencé a caminar.

Seguíamos la voz como corderos que se dirigían por si mismos hacia el matadero, primero íbamos Jennifer, Carlos, Marina y yo, y detrás nuestra estaban Nico, Irene e Iván dejando detrás del todo a Carlota y a Ángel que no dejaban de mirar a todas partes.
Al final llegamos a una especie de cueva, donde se formaba una pequeña ventisca en su entrada.

-Aquí, entrar…-Volvió a decir Meredith.

Todos comenzamos a dudar, y creo que la que más yo, realmente podría tratarse de una trampa, y si Meredith solo quería los medallones y cuando los tuviera nos mataría a todos.

Nadie se había dado cuenta de que habíamos conseguido los medallones, sería tan fácil matarnos y volver al mundo real, pero entonces alguien captó mi atención dándose a oír.

-¡¡¡Entramos ya¡¡¡-Dijo Irene abalanzándose hacia la ventisca, pero cuando quiso pasar algo la repelió haciendo que cayera sobre el suelo nevado.
-Irene ¿Estás bien?-Dijo Iván corriendo hacia ella.
-¡¿Por qué no nos dejas pasar?!-Grito Ángel.

-Sólo dos… Esa voz me estremeció completamente, realmente no sabía como sentirme, estaba claro que Meredith había dicho que solo dos personas entraban, pero todos sabíamos quienes eran esas personas.

Todos se nos quedaron mirando a Carlos y a mí. Carlos se dirigió rápidamente hacia el remolino de nieve y viento, pero Marina volvió a cogerlo por el brazo.
-¡¡Espera!!-Gritó desesperada-¿Y si es una trampa?
-¿Prefieres dejar que los que han muerto sigan así?

Todos nos quedamos en silencio algunos con la mirada perdida y otros buscando alguna respuesta, alguna otra opción disponible.
-No tenemos otra alternativa.-Carlos se giró hacia Ángel y extendió la mano.-Dame los medallones.

Este dudó por un momento, buscando alguna solución en su cabeza, pero pareció no encontrar ninguna cuando le entregó los medallones.

-Vamos Raquel…

Y Carlos entró en la cueva mientras el remolino le dejaba paso.
Miré por última vez a las personas que se encontraban detrás de mí, y avancé lentamente hacia aquel remolino.
Parecía que iba hacia mi propia muerte, paso a paso me acercaba más y más, quizás esto no fuera un final, sino un comienzo.

El remolino fue perdiendo fuerza y poco a poco se convirtió en una brisa que acariciaba mi cara, deje la luz atrás y me adentré en un mundo de oscuridad.
Algo me cogió por la mano y me giré bruscamente para soltarme pero descubrí que era Carlos.

-Tranquila soy yo-Dijo cogiéndome por los hombros y me dio algo.-son los medallones del agua y de la tierra.
No entendía lo que hacia pero me guardé los medallones y ambos seguimos el camino el uno al lado del otro.

Seguíamos el rastro de luz que las antorchas nos proporcionaban, recorríamos una especia de túnel echo de piedra que parecía no tener fin.

Pero pasados unos minutos vimos una luz al final del túnel. Parecía la típica imagen de la muerte, un túnel y una luz. Realmente pudiera ser que ya estuviéramos muertos, y que Meredith nos hubiera quitado los medallones.
Cuando entramos en la sala de donde provenía toda esa luz nos quedamos algo extrañados, no parecía la típica sala oscura y llena de humedades que normalmente te imaginas.

Era una pequeña habitación llena de alfombras y de cortinas de diferentes colores, aunque predominaba el color rojo. Y un gran sillón donde parecía que descansaba alguien.

-Por fin estáis aquí…

Nada más verla noté como me quedaba clavada en el suelo, quizás fuera por el miedo, pero lo que realmente sientes al estar frente a ella son un conjunto de sentimientos que no puedes explicar.
Miré de reojo a Carlos, pero el parecía tranquilo y seguro de sí mismo.

-Hacia tanto tiempo que os estaba esperando…

No sabía lo que iba a ocurrir ahora, lo que podía pasarnos a Carlos y a mí, si íbamos a morir o nos utilizaría de alguna forma para beneficiarse ella misma.
Meredith pareció leerme el pensamiento cuando dijo:

-Tranquilos, no os voy a matar, al contrario me hacéis mucho más bien estando vivos que muertos… al menos por el momento.

Se notaba que era una mujer bastante mayor, con el pelo lacio y sin vida que le caía por la cara hasta las rodillas de un negro tan oscuro que destacaba demasiado al contraste de su piel pálida que parecía tan débil, y unos ojos de un azul cielo que parecían intentar hipnotizarte.
En tan pocos segundos se me aparecieron tantas imágenes por la cabeza, cuando llegué al internado, los primeros descubrimientos de mi poder, las primeras peleas, cuando conocí a Marcos, cuando perdimos a Pedro, la gran pelea…

Imágenes que Meredith parecía poder ver a través de mis ojos, y sonrió cuando recordé los momentos que había pasado con Marcos.

-Lo quieres, ¿verdad?.-Me preguntó Meredith.-él también te quiere a ti, y si me ayudas yo te prometo que podréis vivir tranquilos, sin más peleas, sin que nadie interfiera en tu vida, sin que nadie te vuelva a judgar.

Aquellas palabras eran tan tentadoras, hicieron que volviera a recordad a Marcos y cuando lo vi por última vez, dejándolo tirado en el suelo embarrado.

-Y lo más importante tendrás poder…, a cambio solo pido que me ayudes a vengarme de alguien.

Las últimas palabras me dejaron confusa, solo tendría que ayudarla a matar a alguien y a cambio todo volvería a estar bien.
-¿Si te ayudo a vengarte devolverías a la vida a los muertos?¿Y nos dejarías en paz a los demás?

-Si… pero para ayudarme tendrías que tener tú todos los medallones.

Me giré rápidamente hacia Carlos y extendí la mano.
-¡¡¡Dámelos!!!
-Raquel ¿no te das cuenta?, solo te va a utilizar te a escogido a ti por que eres más débil mentalmente, temia que pasara algo así que nos intentara engañar a alguno de los dos, por eso te di los medallones.

-Ya vuelven a infravalorarte… ¿de verdad quieres que todo siga igual por culpa de alguien tan egoísta?

-Lo siento… pero no me dejas elección.-Susurré y acto seguido ataqué a Carlos, dejando que la energía de los medallones fluyera por mi cuerpo fundiéndose así conmigo.

-Perfecto…

jueves, 10 de septiembre de 2009

Capítulo 23: Decisión final


Pasamos toda la noche en la cabaña juntos, pero parecía que estuviéramos tan solo Ángel, Carlota y Nicolás, los demás se apartaron en seguida de la conversación: no aguantaban más, el dolor el agotamiento y la tristeza habían podido con Jeny, Irene e Iván que no se separaba de ella.
-No deberíamos decidir nada sin que esté Raquel presente, su opinión también la necesitamos...- comentaba Ángel con voz apesadumbrada, los demás asentimos.
-Iré a bsucarla.- Me ofrecí, sintiéndome culpable por mi primer fracaso en el que había intentado pedir ayuda, aunque siendo sincera conmigo misma no era esa la única razón... El bosque estaba tranquilo, silencioso, se palpaba en el ambiente el paso de la tormenta, no veía a nadie tras la larga y dura pelea que se había llevado a cabo hacía escasas horas, me alejé de la cabaña intentando encontrar el camino de vuelta al colegio, no resultó difícil cuando llegué a un punto en el que se oían voces y lamentos, me acerqué temerosa y un auténtico campo de cuerpos mutilados se presentó ante mis ojos acompañado de un olor a sangre y barro algo nauseabundo. Observé con atención y llegué a la conclusión de que no había ningún cuerpo inmóvil por lo que no deberíamos de lamentar muchas muertes... Por fin, entre tanto dolor encontré a mi amiga arrodillada junto al cuerpo de Marcos, éste sangraba bastante por un costado, me aproximé a ellos y me arrodillé, Marcos estaba inconsciente pero Raquel parecía tranquila, por lo que deduje que no sería grave...
-¿Cómo está?
-A perdido mucha sangre pero la hemorragia se está deteniendo ya.
-No ha muerto nadie ¿no?- el temblor de mi voz era más que evidente. Raquel levantó la vista del cuerpo semidesnudo de Marcos y me miró entristecida.
-Sí, Marina ha muerto más gente- miré a mi alrededor incrédula- los cuerpos desparecen, no sé explicarlo, los profesores no dan a basto con todo esto...
-Joder Raquel todo esto es por mi culpa. Yo organicé la dichosa pelea...
-Marina culparte no ayuda mucho ahora ¿no crees? ¿Y los demás?
-Están en una cabaña en el bosque, queríamos hablar contigo, uno de los Pedros llegó a hablar con Irene... pero les diré que vengan, aquí serán más útiles.
-No, primero quiero que me expliquéis eso. ¡Lucas! Quédate con Marcos por favor.
Ambas salimos de aquel tétrico escenario y mientras caminábamos hacia la cabaña le puse al corriente de todo, supe su posición nada más empezar a hablar: ella optaba por darle los medallones enseguida, quería recuperar a sus amigos.
Al llegar a la cabaña formulé en voz alta la preocupación que tan solo podría haber salido a la luz debido a la seguridad de que, al entrar, comenzaría un debate que no me dejaría pensar en ello.
-Raquel... ¿viste a Carlos?
-No...- contestó- pero es muy buen alumno, Marina, a pesar del cansancio tenía poder suficiente para aguantar esto.
Me tranquilicé, aunque no sabía si lo había dicho para calmarme o porque de verdad lo pensaba.

-No creo que sea una trampa.- Opinó Raquel.
-Pero está esa opción y no deberíamos arriesgarnos- comentó Irene.
-Tenemos que tomar una decisión cuanto antes- dijo Ángel- en el caso de que decidamos no darle los medallones ¿qué proponéis que hagamos?
Todos nos quedamos en silencio, no se nos ocurría nada, pero era un decisión bastante dura. Por una parte, de ser verdad el pacto de Meredith, recuperaríamos todas las vidas perdidas hoy, aunque ella podría ir y venir a su antojo por la puerta del sótano; en el caso de que fuera una trampa, no perderíamos nada y ella seguería pudiendo ir y venir a su antojo, en cualquiera de los dos casos ella conseguiría lo que quiere... Por mi parte decidí que valía la pena arriesgarse.
-Yo se los daría- dije- ganamos más de lo que perdemos.
-En el caso de que sea cierto- comentó Iván.
Raquel y Jeny también pensaban como yo, pero Ángel, Carlota y Nico no estaban seguros, por su parte, Irene e Iván se negaban a arriesgarse. Tras dos horas de meditación que se me hicieron eternas, aún más cuando pensaba Carlos, Carlota decidió pensar como Irene e Iván mientras que Nico creía que debíamos arriesgarnos, todos miramos expectantes a Ángel como si todo dependiera de su decisión. Él suspiró y se levantó.
-No decidiré nada hasta hablar con Marcos.- Dijo y salió de la cabaña, supe que escondía algo que no nos había contado ¿por qué?

Al llegar hasta el trágico escenario, todos nos pusimos a ayudar como podíamos: trasladando alumnos a sus cuartos, interviniedo con rústicos primeros auxilios... Pero mi mente seguía ocupada con él, no lo veía por ninguna parte, preguntaba por él a cada alumno que ayudaba pero ninguno sabía resnponderme o no estaba en condiciones para ello, con esto aumentaba mi preocupación.
Finalmente, cuando apenas quedaban alumnos en el claro y supe que podrían apañárselas sin mí, me puse a buscarlo, pero en el bosque ya no parecía quedar nadie, le pregunté a Isaac por él y me dijo que todos los alumnos heridos habían sido llevados al claro para ser atendidos allí y luego trasladados a sus habitaciones, cosa de la que ya nos habíamos ocupado.
-Por cierto, Marina, mañana habrá una reunión para todos los alumnos al mediodía, hazlo saber, por favor.
Caminé lentamente por los pasillos de colegio, más vacíos que nunca, estaba amaneciendo y si quería llegar a la reunión, prefería hacerlo descansada, pero no sin antes saber qué había sido de Carlos, llegué con la claridad del amanecer a la puerta de su cuarto, empujé levemente y se abrió sin oponer resistencia. Allí estaba, un enorme peso que me oprimía desde el comienzo de la noche había desparecido, me acerqué rápidamente y le imprimí un beso en los labios que él no correspondió, se cubrió la cara con las manos y comenzó a llorar; me empezaba a imaginar parte de la historia, me senté a su lado y le cogí la mano.
-Le mordieron, está muerto...
No supe que decirle ¿qué se dice en estos casos? ¿qué está en un lugar mejor? Engaño, tratándose de Meredith es difícil ¿que todos moriremos tarde o temprano? Engaño, él seguiría vivo si no hubiera pasado esto ¿que nadie tiene la culpa? Engaño, la que está a su lado tiene la culpa.
-Carlos, lo siento, si yo no...
-No necesito que te culpes, ambos sabemos de qué va todo esto...
Después de un gran momento en el que mi impotencia llenó la habitación acompañando sus llantos, creí que me dormiría sentada si era posible, el cansacio me vencía, me recosté en su cama, él apoyó la cabeza en mi pecho y no recuerdo mucho más, solo como mi respiración acompasaba sus sollozos.

Al despertar, miré la hora, aún quedaba una hora para la reunión y se estaba demasiado bien allí por lo que no me molesté en despertar a Carlos, a pesar de que sentía enormes calambres por todo el cuerpo ya que no me había movido en las cinco horas que había dormido, miré a Carlos como respiraba apacible aún tenía el rostro manchado debido a las peleas y lleno de la salinidad de las lágrimas que dibujaban curiosos caminos en su rostro y me recordaron la monstruosa noche que habíamos vivido, ambos habíamos perdido a dos amigos, pero a él le afectaba de forma inimaginable. En seguida comenzó a parpadear y abrió los ojos, unos ojos rojos cuya belleza cristalina parecía haber desparecido.
-Buenos días.- Susurré.
Él se levantó pesadamente y se dirigió al baño, noté como la circulación volvía a regar todas las partes de mi cuerpo y le imité estirando al máximo todas mis extremidades. Le comuniqué la hora de la reunión y cuando estuvo listo nos dirigimos al comedor, allí le pedí que se sentara con mis amigos, que necesitábamos su opinión también, aunque resultaba evidente, él sin ganas ni fuerzas para discutir se sentó a mi lado ignorando las posibilidades que existían de ayudar a Alex.
Cuando el comedor estuvo repleto de estudiantes con exceso de tristeza, el director, también con escasos ánimos, se puso en pie dispuesto a comenzar su discurso.
-Buenos días, todos sabemos por qué estamos aquí, lo acontecido anoche es de una gravedad inmensurable, hemos perdido a muchos compañeros y no sabemos cómo explicarselo a sus familiares.- Sentí nauseas- He decidido informar a vuestros padres y tutores de lo ocurrido para que sean ellos los que decidan si os quedáis o prefieren que continuéis vuestros estudios en otro colegio. Hasta nuevo aviso no estará permitido salir del edificio sin compañía de un profesor, también hemos tenido que suspender las pruebas del torneo ya que iban a ser celebradas en el bosque y no queremos más ataques.
Dicho esto se retiró de la mesa cabizbajo acompañado por algunos tutores. Por otra parte en mi mesa, Ángel se levantó y todos le seguimos, sabíamos que se dirigía al cuarto de Marcos ya que éste no había asistido a la reunión por falta de fuerzas. Al llegar, guiados por Raquel, pidió que le dejáramos entrar solo. Mi sospecha de que sabía algo que lo demás ignorábamos se hizo cierta cuando Raquel, molesta porque no había podido entrar con Ángel a pesar de su insistencia, se fue con Jeny a dar una vuelta. Fue entonces cuando Irene me contó lo que Ángel había visto en el bosque durante la pelea.
-Ángel quiere saber lo que opina Marcos del plan de Meredith y pensó que sería mejor mantener al margen a Raquel.
-Eso no está bien, ella debería saberlo.
-Creemos que debe de ser Marcos el que le diga la verdad a Raquel ¿no? si tanto la aprecia...
-Pero no se lo dirá es un maldito cobarde.
Ángel salió cerrando tras de sí la puerta. Nos miró confundido, y al percatarse de que Raquel no estaba empezó a contarnos lo que había averiguado.
-Marcos dice que lo de los cuerops estaba programado y la pelea facilitó muchas cosas, no quería llevarse a tanta gente solo iba a por una persona, pero con tantas personas piensa que es más fácil que cedamos a lo que nos pide. Según Marcos ella fue encerrada tras la puerta hace muchos años debido a una pelea que perdió y solo puede salir con los medallones. También dice que es muy probable que no sea una trampa...
-Pero él está con Meredith, puede estar mintiéndonos...- sugirió Irene, leyéndome el pensamiento.
-No me lo parece- respondió Ángel,- estaba tan nervioso, se ha arriesgado mucho contando los planes de Meredith... creo que deberíamos estar agradecidos.
En ese momento apareció Raquel e interrogó con la mirada a Ángel, algo mosqueada.
-¿Y bien?
-Raquel creo que Marcos te debe muchas explicaciones... Pero primero deberíamos decidir qué hacer con lo de los medallones- propuse.
Raquel confusa, mantuvo su opinión de entregarlos y, finalmente, Irene también decidió que valía la pena recuperar a Pedro y a Susana. Carlos al enterarse de toda la historia había estado más que dispuesto a entregar los medallones.

Bajamos todos, encabezados por Ángel al sótano del colegio dónde había oído la voz de Meredith por primera vez. Al llegar, la humedad y oscuridad hacía que toda nuestra energía abandonara nuestros cuerpos, el nerviosismo era más que palpable en el ambiente, de repente la puerta por la que habíamos entrado se cerró arrojándonos un enorme golpe de viento helado y una melódica vvoz femenina se oyó por toda la estancia.
-Os estaba esperando...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

capitulo 22: decisiones



Correr. Eso era lo único que podia hacer. El cadaver que me sigue solo quiere destruirme y correr es la única via de escape que tengo. Aunque ese cadaver se parezca a mi amigo. Susana y yo nos hemos separado y no se que es de ella.
Miré hacia atrás y vei al cadaver de Pedro persiguiendome, corre tanto como yo y el agotamiento empieza a apoderarse de mí. Con un movimiento de mano levanto una pared de hielo detrás de mí, pero segundos despues comienza a derretirse y para cuando el cadaver la atraviesa no es más que una leve cortina de agua, estoy debil. Decido no seguir adentrandome en el bosque y cambio de dirección hacia el rio, aunque esté lloviendo, en una mayor cantidad de agua me sentiré mucho mejor, y así es. Hago un último esfuerzo cuando veo una hilera azul en el suelo, a unos metros de mí y me doy prisa para meterme en el agua, me doy la vuelta enseguida, pero al hacerlo veo que pedro ha desaparecido. Extrañada, miro en todas direcciones buscandolo, pero lo único que veo son árboles y más árboles, creo que ya puedo respirar tranquila. De repente oigo una voz pedir ayuda.


- Ángel – dije. Salgí corriendo hacia él, pero de repente algo me agarró del brazo, apretando muy fuerte y me tiró al suelo. Antes de que pueda hacer cualquier movimiento, una mano fria como el hielo me agarró del tobillo y me arrastró hacia el interior del bosque. Con mucho esfuerzo y un dolor intenso en el brazo conseguí agarrame a un árbol y la fria mano me sueltó. Me di la vuelta para mirarlo. El deforme cadaver está enfrente, listo para volver a por mí. O eso me pareció. Repiraba de forma agitada, el pecho le subia y le bajaba a una velocidad casi anormal, a traves de la lluvia vi que tenia los ojos muy abiertos en los que me parecia ver… ¿miedo? Este no es como los demás, este es distinto. Lo observé más atenta y veío que no está tan demacrado como los otros y que ya no parece que quiera atacarme.


- ¿Pedro? – pregunté timidamente. No me contesta, solamente está parado frente a mí sin hacer el intento de moverse. - ¿eres tu?
- Teneis que parar – su voz tambien sonaba distinta, de una forma más terrorifica – teneis que darle los medallones, solo así nos dejará en paz y solo así regresará a la vida a los que mueran.
- ¿Quién más va a morir?
- Teneis que darselos. Dejad que obtenga lo que desea. Devolverle lo que es suyo, solo así nos dejará en paz y regresará a la vida a los que mueran. – repitió.
Puedo sentir como el miedo me recorria por dentro al escuchar esas palabras. Intenté ponerme en pie apoyandome en el árbol.
- Pedro, ¿Quién está haciendo todo esto? ¿es Meredith verdad?
- No puedo decir nada, ni siquiera tendria que estar aquí. Por esta noche no atacará más, pero solo por ahora. Hacer lo que os digo… – de repente la voz de Ángel volvió a escucharse por el bosque y miré en su dirección – y hacedlo rápido. – cuando volví a mirar al frente Pedro habia desaparecido. Me tomé dos segundos para asimilar lo que acababa de pasar y comienzé a correr, aunque cojeando.


- ¡Ángel! ¡Ángel! ¡¿Dónde estas?! ¡¡Ángel!!
- ¡aquí! ¡en la cabaña! ¡estamos en la cabaña!


¿En la cabaña? No sabia de ninguna cabaña por allí, pero no parecian estar lejos. Entrecerré los ojos para poder ver mejor entre la lluvia y entre los árboles distingí la cabaña. Al entrar vi a Ángel arrodillado al lado de Susana que estaba tirada en el suelo temblando y rodeada de sangre.
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡la han mordido! ¡uno de esos cadaveres la ha mordido!
- ¿Dónde está Marina? – pregunté mientras me arrodillaba al lado de Susana.
- Ha ido a pedir ayuda, pero no ha vuelto ¡¿Qué hacemos?!
Miré a mi amigo y puedo verle la cara de preocupacion y miedo que seguro se me habria puesto a mí.
- Hay que llevarla a la enfermeria
- ¿pero como? Esta lloviendo a cantaros y hay mucho terreno hasta que llegemos al colegio
- ¡lo sé!... no nos queda más remedio que esperar hasta que Marina vuelva.
- ¿y que hacemos con la herida? Está sangrando mucho…
De golpe, Susana paró de temblar y se quedo totalmente quieta. Ángel y y nos miramos asustados.
- ¿Susana?, ¿Susana? – preguntó Ángel moviendola un poco.
Ya no contestó. Habia parado de sangrar y parecia un muñeco tendida en el frio suelo. Noté como se me paraba el corazón mientras me dejaba caer apoyandome en la pared, mirando a mi amiga. Una lágrima empezó a caerme por la mejilla, Ángel se llevó las manos a la cabeza y tambien empezó a llorar.
El dolor y el agotamiento empezaban a apoderarse de nosotros pero Ángel y yo nos negabamos a irnos dejando a Susana allí. Poco a poco nos fuimos quedando dormidos apoyados en la pared, casi nos nos dimos cuenta cuando los ojos se nos cerraban mientras mirabamos a nuestra amiga por última vez…
- ¿Ángel? ¿Susana? – Marina entró en la cabaña y nos despertamos de golpe. - ¿Dónde está Susana?- escuché que le preguntaba a Ángel.
- Allí – dijo señalando al centro de la cabaña. Miramos en esa dirección pero lo único que vimos era el sucio suelo de madera.
- ¿Dónde está? – pregunté yo poniendome en pie. – ¡estaba aquí!
- Quizas consiguió irse, ahora nosotros tenemos que volver al colegio…
- ¡no! ¡no ha podido irse Marina! ¡habia muerto! – exclamó Ángel.
- ¿Qué?
- ¡Sí! ¡Tendria que estar aquí! – Ángel y yo nos miramos sin entender absolutamente nada.
- ¡Irene! ¡Ángel! – Jenny y Carlota acababan de aparecer por la puerta, llenas de arañazos y golpes, seguidas por Ivan y Nicolás que tenian el mismo aspecto que ellas.
- ¡Irene! – gritó Ivan, poniendose delante mia cojiendome la cara mirandome - ¿estas bien? ¿Qué ha pasado?
- Susana… Susana ha desaparecido… - miré a Ángel para que me explicara lo que había pasado, pero él tenia la misma cara que yo mientras Nicolás y Carlota lo examinaban para ver si tenia alguna herida.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Jenny a mi lado. Intenté aclararme y comenzé a explicarle lo que habí pasado.
- Estaba huyendo con Susana pero nos separamos, a mi me siguió un solo cadaver, al principio me atacó, me cojió del brazo y luego del tobillo, pero de golpe se quedó parado y empezó a hablar…
- ¿Qué? ¿Qué te dijo? – me preguntó Ivan.
- ¿de que estais hablando? – preguntó Nicolás al lado de Ángel.
- Me dijio que debiamos darle los medallones a Meredith, que solo así devolveria la vida a los que murieran y nos dejaria en paz. - repití
- ¿devolveria la vida a los que mueran? – preguntó Carlota.
- Si, eso dijo.
- Pues entonces tenemos que darselos – dijo Jenny. – así Pedro y Susana volveran ¿no?
- Pero si se los damos será mucho peor, ella volverá y no estamos seguros de que cumpla su palabra, alomejor solo es un engaño para conseguirlos – le dije.
- De todas maneras falta un medallón ¿no? – preguntó Ivan.
- No – dijo Ángel, y del bolsillo sacó un objeto pequeño y brillante – ya los tenemos todos.
- ¿entonces que hacemos? – preguntó Marina.
Nos miramos sin saber que hacer. Lo ocurrido esa noche habia sido muy extraño en todos los sentidos. ¿Pedro había hablado enserio, o solo era un truco?, ¿Dónde estaba Susana?, ¿habria aún alguna esperanza para ellos o seria demasiado tarde?, ¿estariamos en peligro alguno más de nosotros?, y lo más importante…¿ deberiamos darle los medallones a Meredith o intentar acabar con ella perdiendo a nuestros amigos para siempre?.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Capítulo 21: Veneno



10:45 de la mañana.

El cielo estaba despejado, bañado absolutamente de un azul claro donde los pájaros planeaban moviendo sus ágiles alas bajo la luz del sol. El sol bañaba todo el bosque del alrededor del colegio por donde yo iba andando. No tardé en llegar a mi destino y como suponía ella estaba allí. El Árbol madre estaba hermoso, la anterior noche no pude contemplar su belleza pero ahora a la luz del día podía ver esa aura majestuosa que le rodeaba. Contemplé un pequeño bulto que había en el tronco, miré a Pedro y me di cuenta de que ya no parecía él. Con el paso del tiempo poco a poco se convertía en una parte más del gran árbol y así iba perdiendo su figura humana. Ella se encontraba delante del árbol observando lo que quedaba de Pedro, al darse cuenta de mi presencia se secó una pequeña lágrima que caía por su mejilla.

-Sabía que te encontraría aquí.

Ella no se giró para contestarme y siguió con la vista fija en Pedro.

-Es como un veneno, ¿verdad?

Miré a Irene sin entender, ella pareció darse cuenta.

-El colegio, esta nueva vida que empezamos hace unos cuatro meses, hace cuatro meses nos inyectaron un veneno.

Vuelvo a mirar a Irene que sigue impasible, su voz es tranquila y parece estar pensando en voz alta.

Esta vez Irene se gira y me mira.

-Una maldita toxina que recorre nuestras arterias y venas, que nos comprime y nos quita la vida poco a poco- hace una pequeña pausa y continúa- Y Pedro fue su primera víctima.

Dicho esto volvió a mirar al frente.

-¿Te acuerdas del sueño que tuve?- pregunto intentando cambiar de tema- En el que había una muerte y tu llorabas, en el que Raquel se volvía extraña, Nicolás me dejaba, y Marina me daba la espalda.

-Sí.

-No sé si es casualidad o no pero se han cumplido muchas cosas de ese simple sueño.

Irene se dio la vuelta y empezó a irse.

-No era un simple sueño. Era una pesadilla.


23:55 de la noche.

Hemos venido a ver el combate entre Carlos y Raquel, estamos todos: Susana, Irene, Marina, Carlota, Iván y yo.
El combate parece no tener fin y nuestras gargantas están irritadas de tanto apoyar a Raquel. El combate ha caído en una rutina pesada: atacar y esquivar, atacar y esquivar…
Después de unos cuantos minutos me doy cuenta de la ausencia de Marcos, empiezo a buscarlo y lo localizo apartado del combate, escondido en el bosque y parece estar hablando con alguien. Me acerco por detrás intentando no ser visto.

-¡No ahora no!-grita a alguien que no consigo ver.

-Oh, oh, mi señora ya ha empezado.

-¡No!

Cuando llego solo veo dos ojos azules entre la oscuridad que desaparecen enseguida. Marcos se gira y me mira sorprendido y enfadado.

-¿¡Qué haces tú aquí!?

-¡Eres un traidor!-Grito.

Marcos abre la boca para replicar pero un grito de auxilio le hace callar a la vez que un trueno retumba en el cielo y empieza a llover.


00:00 De la noche


-¡¡¡CORRED!!!- Da la alarma un joven.

Al principio todo el mundo se queda perplejo sin saber qué sucede, pero no tardan en darse cuenta de la situación. Enseguida todo el mundo corre de vuelta a la escuela gritando asustados.

-¡Socorro!-Grita Raquel.

Algo ha salido de la tierra y agarra con fuerza a Raquel que intenta soltarse sin resultado.

-¡No, a ella no!- Grita Marcos corriendo hacia Raquel, su brazo se convierte en piedra y pega un puñetazo aquella criatura que cae al suelo.

Carlos también parece necesitar ayuda y su amigo Alex y Marina no tardan en ayudarle.

-¿Cómo…?-Susurra Jenny.

-No es posible-Dice Irene-¿Pedro?

El suelo empieza temblar con más fuerza y de ella salen muchas más manos. Cuando nos damos cuenta estamos rodeados de miles de Pedro que empiezan a ir cegados a por los alumnos.

-¡Corred!-Grita Carlota y sale corriendo junto a Jenny hacia la escuela.

Irene, Susana y yo nos juntamos asustados sin saber qué hacer contemplado el caos que se ha creado en el bosque: Miedo, pánico, gritos, lluvia, viento…
Los alumnos se defienden como pueden de los cadáveres vivientes que corren a una velocidad sorprendente.
De repente una mano se aferra al cuello de Irene.

-¡No!- Grito

Susana y yo hacemos el ademán de atacarle pero Irene nos lo impide.

-¡Esperad!- Mira al cadáver de Pedro asustada- Pedro ¿Qué te pasa?, ¿No me reconoces? ¡Soy yo! ¡Irene!

La criatura afloja el agarre por un segundo pero luego vuelve apretar con más fuerza. Irene emite un grito. De pronto una llamarada de fuego lanza a Pedro por los aires que cae al suelo envuelto en llamas y empieza a carbonizarse. Me doy la vuelta y veo a Marina, su larga melena negra revolotea en el aire a causa del viento y sus ojos se encuentran llenos de fuego. Son como dos llamas de fuego puro. Levanta su mano y esta se llena de fuego que es lanzado contra otro cadáver viviente de Pedro que se acercaba a nosotros.

-Irene, ninguno de ellos es Pedro, ellos son los enemigos, o son ellos o nosotros.

Cuando Irene se repone salimos corriendo.

-¡Vayamos a la escuela!- grita Susana.

Salimos corriendo bajo la lluvia y nos adentramos en el bosque. Unos cuantos cadáveres nos siguen.

-¡Separémonos!- Dice Marina.

No tardamos en hacer caso, Irene y Susana se van a la izquierda y Marina y yo a la derecha.
Marina y yo nos miramos de reojo, sabemos que nos siguen dos cadáveres, podemos oír sus pasos detrás de nosotros, la lluvia empapa mi cara y siento una electricidad que empieza desde las puntas de mis dedos y de los pies, que me recorre todo el cuerpo hasta llegar a mi corazón que empieza a latir mucho más fuerte. Siento la adrenalina por todas partes, me siento fuerte y capaz de hacer cualquier cosa. Me giro y ceso el ritmo haciendo que Pedro me alcance, cuando está a punto de tocarme le rozo con el dedo pulgar y salen miles de raíces del suelo que lo envuelven a una velocidad brutal. Al segundo donde había un Cadáver viviente solo hay vegetación. El otro cadáver se abalanza hacia mí pero Marina es más rápido que él. Marina extiende los dos brazos separados hacia el enemigo con los puños cerrados, después junta los brazos y al mismo tiempo que los levanta abre las manos. Como se esperaba el fuego acude fiel como siempre a su llamada: Del suelo sale un torbellino de fuego que carboniza en un tiempo record a Pedro.

-¡Vamos!,¡Ya queda menos!- me dice.

Seguimos nuestro camino cuando Susana sale entre los árboles y se acerca a nosotros corriendo. Dos cadáveres le siguen.

-¿Y Irene?-pregunto sin parar de correr.

-¡Nos hemos separado!.

Susana se gira y con un simple movimiento de mano lanza a un enemigo por el aire, el otro embiste contra ella y la tira al suelo.

-¡Susana!-gritamos Marina y yo.

-¡Mierda! ¡Me ha mordido, me ha mordido!- grita mientras levanta a pedro en el aire y lo lanza contra un árbol.

Marina y yo nos acercamos a ella y le ayudamos a levantarse.

-¿Estás bien?

-Estoy mareada- levanta la cabeza y deja que el agua moje su rostro.

-Descansemos – sugiero.

-¿Pero dónde?-pregunta Marina mirando a todas partes.

-Allí- Dice Susana señalando a una pequeña cabaña.

Nos acercamos y nos resguardamos de la lluvia. Dejamos a Susana apoyada en la pared.

-Arg…, me escuece-se queja.

La herida está sangrando, cojo mi túnica y la rompo, y le hago un torniquete. Una gota de sangre cae al suelo y de pronto éste empieza a brillar.

-¿Qué es eso?-Pregunta Marina-¡Es un medallón!

-¡No es posible!-grito

-¿El medallón de viento?

Enfrente de Susana se encuentra un medallón brillando que ha salido del suelo, Susana lo agarra pero enseguida lo suelta porque se queda inconsciente. Cojo el medallón y me lo guardo.

-Voy a pedir ayuda- Dice Marina y sale de la cabaña.
-¡Ten cuidado!

Marina sale corriendo y nos deja a Susana y mí solos. Miro a mi amiga, está inconsciente y a pesar del frío que hace está sudando, Sus labios están morados. Le limpio el sudor de la frente y aprieto fuerte mi túnica contra la hemorragia. Susana no tarda en empezar a temblar lo que hace que me asuste y me preocupe mucho más por su vida.

-¡Susana , despierta!

De repente se pone rígida y escupe un poco de sangre.

-¡¡AYUDA PORFAVOR!

jueves, 3 de septiembre de 2009

Capítulo 20: Buena suerte


Esperaban una respuesta de mí, tenía ganas de restregarle a todos los alumnos de fuego que su querido Carlos había preferido quedarse en su cuarto como un cobarde, pero decidí aceptar la propuesta de Marina y hacer añicos la poca confianza que tendrían los de fuego hacia su compañero cuando lo ganara en nuestra pequeña pelea.
Pronto los profesores anunciaron que Carlos se retiraba, y también empezaron a correr rumores de otra gran pelea mañana por la noche.

El resto del día transcurrió como siempre.
Marcos no se alejaba de mi para nada y por la noche nos fuimos con varios compañeros suyos de segundo año al bosque a hacer un pequeño “picnic”.
Acabe tan mareada que no sabia ni lo que ocurría a mi alrededor, normalmente cuando sus compañeros bebían yo me mantenía al margen pero hoy era una ocasión especial y no paraban de decir que tenía que celebrar la supuesta derrota de Carlos.
A la mañana siguiente me desperté en un cuarto extraño, las sabanas no eran las mías, las paredes no me sonaban en absoluto...
Me levanté rápidamente al ver a Marcos acostado en la cama junto a mí.
Marcos empezó a desperezarse y se sentó en su cama apoyando los brazos en sus rodillas.

-¡¿Qué a pasado aquí?!-Dije señalándole con un dedo.-me miré y por suerte aun conservaba mi camiseta y mi ropa interior.

Marcos se empezó a reír y se levantó dirigiéndose hacia mí, por suerte llevaba unos pantalones de pijama, y al ver que yo me alejaba retrocediendo varios pasos de él se sentó de nuevo sobre su cama.
-Raquel, no a pasado nada aquí.- me dijo con media sonrisa.
-¡¿Entonces qué hago yo aquí?!- dije mirando a mi alrededor en busca de mis pantalones.-¡¿Y dónde esta mi ropa?!
-Ayer estabas muy “alegre” después de todo lo que te hicieron beber.-Dijo Marcos mientras cogía mis vaqueros y me los daba con una gran sonrisa.-nunca te había visto así.

Cogí los pantalones rápidamente y me tape la cara con ellos, que habría echo para que Marcos se estuviera riendo de mí.

-No quería molestar a tus compañeras de habitación y ya que ahora no estáis pasando por un buen momento decidí traerte a mi cuarto, casi siempre duermo solo así que no creí molestar a nadie.
-¿Tan mal estaba que no podía dormir en mi propio cuarto?

-Digamos que te traje en brazos por que tu ya te habías quedado dormida, y suponía que dormir con unos vaqueros y un jersey de cuello vuelto sería un poco incomodo te los quité y te metí en mi cama.
Me comencé a poner los vaqueros y busqué mi jersey con la mirada y una risa tonta dibujada en la cara.

-Entonces… no pasó nada…
-No, yo dormí sobre las sabanas-Marcos se quedó pensativo mientras me acercaba también mi jersey y me ayudaba a ponérmelo-solo con estar a tu lado ya me conformo.
-Que pena…-susurré lanzando una mirada pícara a Marcos.
-¿Qué pena…? Eso lo podemos solucionar ahora.-Dijo Marcos riendo.

Marcos se acercó a mi casi corriendo y yo intenté salir de la habitación pero él ya me había cogido por la cintura y me intentaba tirar sobre la cama.

-¡¡¡Marcos que tengo que ahorrar energías para el combate!!!

Era la hora de comer y por suerte me había escabullido de estar con Marcos diciéndole que primero fuera al baño, al parecer no le molesto para nada y se ducho.
Yo aproveché la ocasión y me fui de su habitación y ahora me encontraba surcando el mar de las salas de los diferentes elementos dirección a mi habitación.
Cuando llegué no había nadie, eran las doce de la mañana así que estas ya estarían dando vueltas por ahí.
Fui a mi armario cogí un vestido azul marino, unos leotardos negros y una muda y me metí en el baño para poder ducharme y quitarme el olor a alcohol.
Al salir de la ducha ya me sentía mucho mejor, me peiné recogiéndome varios mechones de la cara, me cepille los dientes y me puse unas botas negras.
Dejé la habitación como la habían dejado mis compañeras, y salí en dirección a las salas para ver si me encontraba con alguien conocido.

Pero como habría deseado no coger ese camino, no pude evitarlo pero comencé a escuchar la conversación de varios profesores acerca de la desaparición de un alumno.
Estaba claro que era Pedro, cuando uno de ellos pronunció su nombre me quedé pensativa, recordé la conversación de Irene y eso hizo que me estremeciera.

Pedro no era mi mejor amigo, pero, lo conocía desde hace bastante tiempo no podía creer que Irene pensara que no tenia sentimiento alguno.
Poco a poco solo podía confiar en una persona de ese grupo, Jennifer.

La otra vez me falló pero desde siempre habíamos sido amigas y se que solo lo dijo porque se preocupaba por mi.
Avancé por los pasillos como un fantasma, con la cara seria y la mirada clavada en el suelo.

Al final fui a uno de los jardines exteriores donde me acostumbraba a reunir con varios amigos de Marcos y me senté con ellos nada más verlos.
Me quedé al margen de la conversación, ojeando ocasionalmente la gente que pasaba por allí.
Parecía que todo ocurría para llevarme a algún lado, porque nada más alzar la mirada me topé con Carlos que iba andando por los pasillos exteriores en dirección a la sala de fuego.

Me levanté rápidamente y salí corriendo en su dirección.
Estaba harta de que los que apenas me conocían tomaran la decisión de lo que yo era realmente, creo que yo era la única persona que podía decidir como tendría que ser.

-Carlos… -Susurré pero fue lo justo para que él se girara y me mirara extrañado.
-¡¿Qué quieres?!
-Buena suerte…

Volví a susurrar pero pareció que otra vez lo volvió a escuchar, no dejé que me contestara, quizás por miedo de lo que pudiera decirme y me alejé con la mirada fija en el suelo.

23:00p.m.
Estaba sentada en la corteza de un árbol del bosque justo donde habíamos acordado que sería la pelea.
Marcos estaba a mi lado y me había cedido su chaqueta para que no pasara frío, la gente comenzaba a llegar, pero parecía que Carlos y Marina nunca llegarían.

Algunos aficionados se habían dedicado a delimitar el terreno donde podríamos estar, para que los espectadores no sufrieran daños.
Yo observaba a la gente como tomaba sitio, miraba el cielo, miraba las nubes que señalaban que esta noche iba a haber tormenta.
Marcos pareció darse cuenta de que me pasaba algo.
-No estés nerviosa, acabaras enseguida con él.
-No es eso.-Dije algo nerviosa-es como si supiera que algo malo va a pasar pero no se que.

23:17 p.m.
Al fin Carlos apareció seguido por su amigo Alex y por Marina.
Me levanté del árbol de un salto y le devolví la chaqueta a Marcos dirigiéndome enseguida a mi sitio.
Carlos me siguió rápidamente y se puso a varios metros frente a mi, los dos nos mirábamos y esperamos a que el otro diera el primer paso.
Entonces un trueno captó la atención de todos los asistentes, y del cielo comenzaron a caer varios copos de nieve.
Comenzaba a ponerme muy nerviosa, quería acabar con todo esto ya así que comencé a crear una pequeña fina capa de agua alrededor de mi como si fuera una barrera.
Carlos no se quedó atrás y empezó a crear varias llamas de fuego que impactaban contra mi barrera y se evaporaban.
Yo cree una burbuja de agua alrededor de su cabeza pero este la evaporo sin ningún problema.
Las cosas se alargaban más de lo esperado, yo me limitaba a defenderme con algún que otro pequeño ataque y Carlos creaba mas y mas bolas de fuego que iban dirigidas hacia mí.

23:55 p.m.
Ninguno de los dos mostraba ningún signo de cansancio, y yo me ponía más nerviosa al ver que no se me ocurría nada.
Los finos copos de nieve se convirtieron en gotas de lluvia que no paraban de caer con fuerza.
Aproveché el agua que había a mi alrededor, todo estaba mojado, todo excepto Carlos que gracias a la calentar que irradiaba se mantenía seco.

Me puse de cuclillas tocando el suelo con las yemas de los dedos, y me concentré.
Notaba como las gotas de lluvia caían e impactaban reventando contra el barro y las hojas del suelo.
Ya estaba, poco a poco las hojas del suelo comenzaron a desquebrajarse quedando completamente secas.
Y justo cuando mi ataque iba en dirección a Carlos algo salió de entre en suelo y me agarró la mano.

00:00 a.m.
No pude ahogar un grito al ver aquello, oí otro grito procedente de la dirección donde se encontraba Carlos pero no me hacía falta mirarle para saber que él también estaba en peligro.

No podía apartar la mira de la mano que ahora me sujetaba con todas sus fuerzas, no podía apartar la mirada de la cara que se asomaba de entre el barro, no podía apartar la mirada de pánico ni dejar de chillar al ver el rostro medio descompuesto de Pedro.