
-¿Cuánto tiempo llevamos ya?-Pregunta Jenny ansiosa.
-¡Llevamos horas esperando!- Se queja Marina que está a su lado-¿Estarán bien? ¿Y si les ha pasado algo?
-Espero que no sea una trampa…-Dice Irene dejándose caer sobre la pared de la cueva junto a Iván.
Carlota se levanta de mi lado y empieza a dar vueltas.
-¿Entonces qué hacemos?
-¿Deberíamos entrar?-Pregunta Iván abrazando a Irene.
Nicolás que estaba un poco apartado del grupo se acerca a nosotros, me mira y después mira a Iván.
-Creo que es lo más lógico.
Todos nos miramos dudosos, está claro que es lo más normal, ¡hace horas que Carlos y Raquel desaparecieron por esta maldita cueva! Pero parece que no haya pasado el tiempo, en este extraño mundo desconocido es como si el tiempo no existiera, el cielo es de un color gris o blanco entristecido, ¿Acaso no existe el día o la noche en este lugar? Miro a mi alrededor, veo los semblantes de mis compañeros, están cansados pero no como antes, hemos recuperado fuerzas, las suficientes para aguantar este frío infernal que nos pincha como pequeñas agujas por todo el cuerpo. Mire por donde mire está todo nevado, lleno de hielo, de escarcha y de esponjosa nieve blanquecina. Creo que en este mundo paralelo al nuestro la única estación del año que existe es el invierno. Si actuamos debemos de hacerlo ya, no hay tiempo que perder, aunque tengamos miedo debemos de ir hacia delante. Me levanto y los demás también empiezan a levantarse.
-Vayamos-Dice finalmente Irene.
Nos adentramos en la cueva ya artos de la espera. Está todo oscuro y apenas nos podemos ver. Marina va al frente, está preocupada, y todos sabemos que es por Carlos. Vamos profundizando en la cueva que parece no tener fondo cuando alguien me coge la mano, no sé quién es, pero supongo que será Carlota o Jennifer.
-Esperad-Nos pide Marina- Voy a dar un poco de luz a este lugar.
Y enseguida una llama proveniente de la mano derecha de Marina destierra a la oscuridad de nuestro camino. No tardamos en percatarnos de que el camino está lleno de antorchas apagadas que Marina enciende cuando las ve. Ahora podemos ver con claridad, delante como suponía está Marina, más detrás Iván e Irene, luego Jenny y Carlota. Temiéndome lo peor miro a la persona que está a mi lado dándome la mano y como suponía es Nicolás. Nico me mira como esperándome respuesta y yo claramente no le hago esperar: Aparto la mano enfadado. ¿Acaso ahora quiere una reconciliación?
Aprieto el paso y me acerco a mis compañeros. A los pocos segundos la cueva se ensancha de una forma brutal y desembocamos en una habitación gigantesca. Por la decoración diría que antigua, llena de alfombras doradas y rojas, a juego con las cortinas, esta completamente vacía de muebles salvo por aquel trono al final de la sala.
-¡¡CARLOS!!- Grita Marina corriendo hacia él que se encuentra en el suelo inconsciente.
-¿Qué ha pasado?-Susurro.
¿Qué hace Carlos en el suelo? Parece estar herido, Marina se arrodilla llorando ante él y lo apoya en su pecho.
-¡CARLOS, CARLOS!
Los demás nos quedamos sen nuestro sitio, parados contemplando la escena, me fijo en sus miradas y las sigo, me doy cuenta de la presencia de Raquel, que se encuentra de pie, delante de Marina y Carlos, serena, con la mirada triste. Pero no es en ella en quien se fija mis compañeros, más adelante sentada en el trono como un reina hay un extraña figura. La figura se alza del asiento y nos mira sonriente. Su piel es blanca, más blanca que cualquiera que haya visto, más blanca que la de mi amiga Jennifer, su pelo negro como el más puro alquitrán cae con ondulaciones hasta casi llegar a su cintura. Pero lo que más me llama la atención son sus ojos, azules, fríos como el hielo, que hacen estremecerme y sentirme insignificante. A pesar de ser una mujer mayor es indudable que tiene una belleza inaudita. A ninguno de nosotros se nos pasa por alto el aura que le rodea, un aura poderosa y misteriosa. Al levantarse del trono se sacude el largo y hermoso vestido negro que viste con delicadeza: Estrecho por arriba y por bajo con una falda ancha y amplia que llega hasta el suelo como un traje de novia. Meredtih hace llenar la sala de un silencio asombroso que es interrumpido por un chillido de dolor proveniente de Marina.
-¡Tú, maldita!¿¡Qué le has hecho a Carlos!?
Enseguida todos tememos por la posible respuesta destructora que puede tener Meredith, sin embargo ella se ríe con una simple risa perfecta pero malévola.
-Pregúntale a tu amiga- sugiere.
Marina y todos nosotros miramos a Raquel que mira solo a Marina con tristeza.
-Lo siento-susurra- No podéis entenderlo.
-¿Cómo es posible?-Pregunta Irene sin esperar respuesta.
-Raquel, no…-Susurro.
-Es hora de irnos- Nos corta Meredith y extiende la mano hacia Raquel.
Raquel se gira y camina lentamente hacia ella.
-¡NO!-Grita Jenny con lágrimas en los ojos.
-¡Eres una traidora!- le espeta Marina con rabia mientras abraza a Carlos.
A pesar de que Raquel avanza hacia nuestra enemiga ninguno de nosotros nos movemos, quizás por el miedo o quizás porque sabemos que es inevitable. Finalmente nuestra excompañera estrecha su mano con la de Meredithy entonces todo empieza a girar a una velocidad de vértigo y antes de desaparecer nos mira y dice con serenidad:
-No es lo que parece.
Una cegante luz ocupa la sala evitando que podamos ver, cuando al final cesa Raquel y Meredith no están, y la extraña habitación tampoco, ahora solo es una simple cueva, hay rocas y más rocas y con ellas el maldito frío.
Nicolás Alza los brazos y señala a los árboles que están llenos de nieve, el viento sopla con fuerza y la nieve cae de sus copas. Después Irene, Jennifer y Iván concierten la nieve en agua en apenas un segundo y Marina la evapora así dejando el suelo limpio. Ahora nos toca el turno a Carlota y a mí. Siento como la magia fluye por mis dedos y llega a los árboles, y para asombro mío no es tan difícil como creíamos, con apenas poca cantidad de magia los árboles empiezan a curvarse hasta crear un techo que tapa el suelo limpio de la nieve. Después en la parte trasera hago crecer unos cuantos árboles haciendo así un pequeño refugio con una sola entrada. No tardamos en entrar y en sentarnos, Iván y Marina dejan a Carlos tumbado al fondo de la cabaña.
-¿Cómo está?- pregunta Carlota.
Marina apoya la cabeza de Carlos en sus piernas.
-Nada nuevo, aún no ha abierto los ojos.
-Deberíamos volver al colegio- Dice Iván.
Irene le mira y suspira.
-¿Y cómo encontramos ahora la puerta? Estamos perdidos, Además-Añade mirando a Jenny- No podemos abandonar a Raquel, es nuestra amiga.
-¡Nos ha traicionado!-Replica Marina.
-Tiene que haber una explicación-Digo- “No es lo que parece” ¿Qué querría decir con eso?
Nicolás se sienta a mi lado.
-Sea lo que sea no podemos volver al colegio, después de lo sucedido nuestros padres querrán sacarnos de la escuela.
Sé que Nicolás tiene razón, pero no quiero dársela, nadie contesta y finalmente me rindo.
-Tiene razón, solos nos queda una opción: Quedarnos aquí y buscar a Raquel, y por lo menos recuperar a Susana y a Pedro.
-Estoy de acuerdo- me apoya Irene- Lo malo es que estamos perdidos en mitad de la nada.
-Estamos congelados- Salta Carlota- Ahí afuera hemos encontrado fuentes termales, sería buena idea darnos un baño y recuperar el calor corporal de momento.
-Yo me quedaré aquí a cuidar de Carlos-Dice Marina.
-Está bien-contesto.
Salimos todos del refugio, Marina se acerca a la orilla de una fuente termal y moja un paño en el agua caliente, luego vuelve adentro y se lo coloca a Carlos en la frente. Iván y Irene se introducen en las aguas desesperados, y por el gesto de sus caras está claro que lo agradecen, se abrazan como dos tortolitos y veo que Iván consigue sacarle una sonrisa a Irene a pesar de todo lo que está pasando. Jenny y Carlota van juntas, investigando el terreno, supongo que para encontrar un fuente termal mejor. A Nicolás sin embargo no lo veo, siento curiosidad por saber donde está, pero me autoconvenzo de que no me importa. Ando hasta una fuente termal donde cae una pequeña catarata con apenas fuerza, introduzco mis pies congelados que enseguida me lo agradecen, la sangre vuelve a circular por ellos. Poco a poco me voy metiendo y mi túnica se pega a mi cuerpo como una lapa, lo que hace sentirme pesado pero me da igual, el calor del agua recorre todo mi cuerpo, es un placer inexplicable. Me acerco a la pequeña catarata y dejo que el agua lentamente caiga sobre mí. Entonces veo a Nicolás que se acerca a mi fuente termal, se queda en la orilla mirándome y se quita la túnica gris, dejando ver sus pantalones vaqueros y su jersey azul oscuro, veo que se introduce en el agua lentamente, y se quita el jersey lo deja en la tierra para que no se moje, bañándose así solo con los vaqueros. Nicolás Avanza hacia mí y se para justo enfrente de la catarata que nos separa. Yo me encuentro debajo de la catarata que gracias a que el agua que tira no es abundante puedo ver claramente a Nico.
-¿Qué quieres?- Pregunto mientras el agua cae por mi rostro.
-Quiero pedirte perdón.
Le miro confuso.
-Ya sé que he sido un estúpido, no tendría que haberte dicho lo que te dije.
Miro a Nico sin saber qué decir, quiero perdonarle, le quiero y quiero que estemos juntos, pero aunque quiero perdonarle siento como si necesitara más que un simple perdón pero no sé exactamente qué.
Nicolás se acerca y se adentra en la cascada junto a mí. Enseguida el agua empieza a recorrer por su pelo rubio, por sus labios jugosos y por su torso desnudo. Acerca sus labios entreabiertos mojados, por donde pasea el agua constantemente hacia mí, yo sin pensarlo me acerco, como una reacción inevitable. Alarga sus brazos desnudos y me coge la cara con ternura, acercándome a él, apoyamos nuestras cabezas una con la otra, nuestras narices se rozan y nuestros labios casi se tocan. Estamos así unos segundos, deseando que nuestros labios se toquen. Notando el agua encima nuestra. Y entonces ocurre: Me acerca a él con fuerza y sus labios chocan contra los míos. Y como suponía encajan perfectamente, los engranajes vuelven a encontrarse. Siento otra vez el salvaje palpitar de mi corazón latiendo con fuerza, un palpitar que echaba de menos. Sus labios carnosos y jugosos juegan con los míos, poco a poco se rozan con pasión, como si siempre hubieran esperado este momento. Nicolás me pega un pequeño mordisco en el labio inferior y después se aleja y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa, y le abrazo.
-¡Llevamos horas esperando!- Se queja Marina que está a su lado-¿Estarán bien? ¿Y si les ha pasado algo?
-Espero que no sea una trampa…-Dice Irene dejándose caer sobre la pared de la cueva junto a Iván.
Carlota se levanta de mi lado y empieza a dar vueltas.
-¿Entonces qué hacemos?
-¿Deberíamos entrar?-Pregunta Iván abrazando a Irene.
Nicolás que estaba un poco apartado del grupo se acerca a nosotros, me mira y después mira a Iván.
-Creo que es lo más lógico.
Todos nos miramos dudosos, está claro que es lo más normal, ¡hace horas que Carlos y Raquel desaparecieron por esta maldita cueva! Pero parece que no haya pasado el tiempo, en este extraño mundo desconocido es como si el tiempo no existiera, el cielo es de un color gris o blanco entristecido, ¿Acaso no existe el día o la noche en este lugar? Miro a mi alrededor, veo los semblantes de mis compañeros, están cansados pero no como antes, hemos recuperado fuerzas, las suficientes para aguantar este frío infernal que nos pincha como pequeñas agujas por todo el cuerpo. Mire por donde mire está todo nevado, lleno de hielo, de escarcha y de esponjosa nieve blanquecina. Creo que en este mundo paralelo al nuestro la única estación del año que existe es el invierno. Si actuamos debemos de hacerlo ya, no hay tiempo que perder, aunque tengamos miedo debemos de ir hacia delante. Me levanto y los demás también empiezan a levantarse.
-Vayamos-Dice finalmente Irene.
Nos adentramos en la cueva ya artos de la espera. Está todo oscuro y apenas nos podemos ver. Marina va al frente, está preocupada, y todos sabemos que es por Carlos. Vamos profundizando en la cueva que parece no tener fondo cuando alguien me coge la mano, no sé quién es, pero supongo que será Carlota o Jennifer.
-Esperad-Nos pide Marina- Voy a dar un poco de luz a este lugar.
Y enseguida una llama proveniente de la mano derecha de Marina destierra a la oscuridad de nuestro camino. No tardamos en percatarnos de que el camino está lleno de antorchas apagadas que Marina enciende cuando las ve. Ahora podemos ver con claridad, delante como suponía está Marina, más detrás Iván e Irene, luego Jenny y Carlota. Temiéndome lo peor miro a la persona que está a mi lado dándome la mano y como suponía es Nicolás. Nico me mira como esperándome respuesta y yo claramente no le hago esperar: Aparto la mano enfadado. ¿Acaso ahora quiere una reconciliación?
Aprieto el paso y me acerco a mis compañeros. A los pocos segundos la cueva se ensancha de una forma brutal y desembocamos en una habitación gigantesca. Por la decoración diría que antigua, llena de alfombras doradas y rojas, a juego con las cortinas, esta completamente vacía de muebles salvo por aquel trono al final de la sala.
-¡¡CARLOS!!- Grita Marina corriendo hacia él que se encuentra en el suelo inconsciente.
-¿Qué ha pasado?-Susurro.
¿Qué hace Carlos en el suelo? Parece estar herido, Marina se arrodilla llorando ante él y lo apoya en su pecho.
-¡CARLOS, CARLOS!
Los demás nos quedamos sen nuestro sitio, parados contemplando la escena, me fijo en sus miradas y las sigo, me doy cuenta de la presencia de Raquel, que se encuentra de pie, delante de Marina y Carlos, serena, con la mirada triste. Pero no es en ella en quien se fija mis compañeros, más adelante sentada en el trono como un reina hay un extraña figura. La figura se alza del asiento y nos mira sonriente. Su piel es blanca, más blanca que cualquiera que haya visto, más blanca que la de mi amiga Jennifer, su pelo negro como el más puro alquitrán cae con ondulaciones hasta casi llegar a su cintura. Pero lo que más me llama la atención son sus ojos, azules, fríos como el hielo, que hacen estremecerme y sentirme insignificante. A pesar de ser una mujer mayor es indudable que tiene una belleza inaudita. A ninguno de nosotros se nos pasa por alto el aura que le rodea, un aura poderosa y misteriosa. Al levantarse del trono se sacude el largo y hermoso vestido negro que viste con delicadeza: Estrecho por arriba y por bajo con una falda ancha y amplia que llega hasta el suelo como un traje de novia. Meredtih hace llenar la sala de un silencio asombroso que es interrumpido por un chillido de dolor proveniente de Marina.
-¡Tú, maldita!¿¡Qué le has hecho a Carlos!?
Enseguida todos tememos por la posible respuesta destructora que puede tener Meredith, sin embargo ella se ríe con una simple risa perfecta pero malévola.
-Pregúntale a tu amiga- sugiere.
Marina y todos nosotros miramos a Raquel que mira solo a Marina con tristeza.
-Lo siento-susurra- No podéis entenderlo.
-¿Cómo es posible?-Pregunta Irene sin esperar respuesta.
-Raquel, no…-Susurro.
-Es hora de irnos- Nos corta Meredith y extiende la mano hacia Raquel.
Raquel se gira y camina lentamente hacia ella.
-¡NO!-Grita Jenny con lágrimas en los ojos.
-¡Eres una traidora!- le espeta Marina con rabia mientras abraza a Carlos.
A pesar de que Raquel avanza hacia nuestra enemiga ninguno de nosotros nos movemos, quizás por el miedo o quizás porque sabemos que es inevitable. Finalmente nuestra excompañera estrecha su mano con la de Meredithy entonces todo empieza a girar a una velocidad de vértigo y antes de desaparecer nos mira y dice con serenidad:
-No es lo que parece.
Una cegante luz ocupa la sala evitando que podamos ver, cuando al final cesa Raquel y Meredith no están, y la extraña habitación tampoco, ahora solo es una simple cueva, hay rocas y más rocas y con ellas el maldito frío.
Nicolás Alza los brazos y señala a los árboles que están llenos de nieve, el viento sopla con fuerza y la nieve cae de sus copas. Después Irene, Jennifer y Iván concierten la nieve en agua en apenas un segundo y Marina la evapora así dejando el suelo limpio. Ahora nos toca el turno a Carlota y a mí. Siento como la magia fluye por mis dedos y llega a los árboles, y para asombro mío no es tan difícil como creíamos, con apenas poca cantidad de magia los árboles empiezan a curvarse hasta crear un techo que tapa el suelo limpio de la nieve. Después en la parte trasera hago crecer unos cuantos árboles haciendo así un pequeño refugio con una sola entrada. No tardamos en entrar y en sentarnos, Iván y Marina dejan a Carlos tumbado al fondo de la cabaña.
-¿Cómo está?- pregunta Carlota.
Marina apoya la cabeza de Carlos en sus piernas.
-Nada nuevo, aún no ha abierto los ojos.
-Deberíamos volver al colegio- Dice Iván.
Irene le mira y suspira.
-¿Y cómo encontramos ahora la puerta? Estamos perdidos, Además-Añade mirando a Jenny- No podemos abandonar a Raquel, es nuestra amiga.
-¡Nos ha traicionado!-Replica Marina.
-Tiene que haber una explicación-Digo- “No es lo que parece” ¿Qué querría decir con eso?
Nicolás se sienta a mi lado.
-Sea lo que sea no podemos volver al colegio, después de lo sucedido nuestros padres querrán sacarnos de la escuela.
Sé que Nicolás tiene razón, pero no quiero dársela, nadie contesta y finalmente me rindo.
-Tiene razón, solos nos queda una opción: Quedarnos aquí y buscar a Raquel, y por lo menos recuperar a Susana y a Pedro.
-Estoy de acuerdo- me apoya Irene- Lo malo es que estamos perdidos en mitad de la nada.
-Estamos congelados- Salta Carlota- Ahí afuera hemos encontrado fuentes termales, sería buena idea darnos un baño y recuperar el calor corporal de momento.
-Yo me quedaré aquí a cuidar de Carlos-Dice Marina.
-Está bien-contesto.
Salimos todos del refugio, Marina se acerca a la orilla de una fuente termal y moja un paño en el agua caliente, luego vuelve adentro y se lo coloca a Carlos en la frente. Iván y Irene se introducen en las aguas desesperados, y por el gesto de sus caras está claro que lo agradecen, se abrazan como dos tortolitos y veo que Iván consigue sacarle una sonrisa a Irene a pesar de todo lo que está pasando. Jenny y Carlota van juntas, investigando el terreno, supongo que para encontrar un fuente termal mejor. A Nicolás sin embargo no lo veo, siento curiosidad por saber donde está, pero me autoconvenzo de que no me importa. Ando hasta una fuente termal donde cae una pequeña catarata con apenas fuerza, introduzco mis pies congelados que enseguida me lo agradecen, la sangre vuelve a circular por ellos. Poco a poco me voy metiendo y mi túnica se pega a mi cuerpo como una lapa, lo que hace sentirme pesado pero me da igual, el calor del agua recorre todo mi cuerpo, es un placer inexplicable. Me acerco a la pequeña catarata y dejo que el agua lentamente caiga sobre mí. Entonces veo a Nicolás que se acerca a mi fuente termal, se queda en la orilla mirándome y se quita la túnica gris, dejando ver sus pantalones vaqueros y su jersey azul oscuro, veo que se introduce en el agua lentamente, y se quita el jersey lo deja en la tierra para que no se moje, bañándose así solo con los vaqueros. Nicolás Avanza hacia mí y se para justo enfrente de la catarata que nos separa. Yo me encuentro debajo de la catarata que gracias a que el agua que tira no es abundante puedo ver claramente a Nico.
-¿Qué quieres?- Pregunto mientras el agua cae por mi rostro.
-Quiero pedirte perdón.
Le miro confuso.
-Ya sé que he sido un estúpido, no tendría que haberte dicho lo que te dije.
Miro a Nico sin saber qué decir, quiero perdonarle, le quiero y quiero que estemos juntos, pero aunque quiero perdonarle siento como si necesitara más que un simple perdón pero no sé exactamente qué.
Nicolás se acerca y se adentra en la cascada junto a mí. Enseguida el agua empieza a recorrer por su pelo rubio, por sus labios jugosos y por su torso desnudo. Acerca sus labios entreabiertos mojados, por donde pasea el agua constantemente hacia mí, yo sin pensarlo me acerco, como una reacción inevitable. Alarga sus brazos desnudos y me coge la cara con ternura, acercándome a él, apoyamos nuestras cabezas una con la otra, nuestras narices se rozan y nuestros labios casi se tocan. Estamos así unos segundos, deseando que nuestros labios se toquen. Notando el agua encima nuestra. Y entonces ocurre: Me acerca a él con fuerza y sus labios chocan contra los míos. Y como suponía encajan perfectamente, los engranajes vuelven a encontrarse. Siento otra vez el salvaje palpitar de mi corazón latiendo con fuerza, un palpitar que echaba de menos. Sus labios carnosos y jugosos juegan con los míos, poco a poco se rozan con pasión, como si siempre hubieran esperado este momento. Nicolás me pega un pequeño mordisco en el labio inferior y después se aleja y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa, y le abrazo.


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