jueves, 3 de septiembre de 2009

Capítulo 20: Buena suerte


Esperaban una respuesta de mí, tenía ganas de restregarle a todos los alumnos de fuego que su querido Carlos había preferido quedarse en su cuarto como un cobarde, pero decidí aceptar la propuesta de Marina y hacer añicos la poca confianza que tendrían los de fuego hacia su compañero cuando lo ganara en nuestra pequeña pelea.
Pronto los profesores anunciaron que Carlos se retiraba, y también empezaron a correr rumores de otra gran pelea mañana por la noche.

El resto del día transcurrió como siempre.
Marcos no se alejaba de mi para nada y por la noche nos fuimos con varios compañeros suyos de segundo año al bosque a hacer un pequeño “picnic”.
Acabe tan mareada que no sabia ni lo que ocurría a mi alrededor, normalmente cuando sus compañeros bebían yo me mantenía al margen pero hoy era una ocasión especial y no paraban de decir que tenía que celebrar la supuesta derrota de Carlos.
A la mañana siguiente me desperté en un cuarto extraño, las sabanas no eran las mías, las paredes no me sonaban en absoluto...
Me levanté rápidamente al ver a Marcos acostado en la cama junto a mí.
Marcos empezó a desperezarse y se sentó en su cama apoyando los brazos en sus rodillas.

-¡¿Qué a pasado aquí?!-Dije señalándole con un dedo.-me miré y por suerte aun conservaba mi camiseta y mi ropa interior.

Marcos se empezó a reír y se levantó dirigiéndose hacia mí, por suerte llevaba unos pantalones de pijama, y al ver que yo me alejaba retrocediendo varios pasos de él se sentó de nuevo sobre su cama.
-Raquel, no a pasado nada aquí.- me dijo con media sonrisa.
-¡¿Entonces qué hago yo aquí?!- dije mirando a mi alrededor en busca de mis pantalones.-¡¿Y dónde esta mi ropa?!
-Ayer estabas muy “alegre” después de todo lo que te hicieron beber.-Dijo Marcos mientras cogía mis vaqueros y me los daba con una gran sonrisa.-nunca te había visto así.

Cogí los pantalones rápidamente y me tape la cara con ellos, que habría echo para que Marcos se estuviera riendo de mí.

-No quería molestar a tus compañeras de habitación y ya que ahora no estáis pasando por un buen momento decidí traerte a mi cuarto, casi siempre duermo solo así que no creí molestar a nadie.
-¿Tan mal estaba que no podía dormir en mi propio cuarto?

-Digamos que te traje en brazos por que tu ya te habías quedado dormida, y suponía que dormir con unos vaqueros y un jersey de cuello vuelto sería un poco incomodo te los quité y te metí en mi cama.
Me comencé a poner los vaqueros y busqué mi jersey con la mirada y una risa tonta dibujada en la cara.

-Entonces… no pasó nada…
-No, yo dormí sobre las sabanas-Marcos se quedó pensativo mientras me acercaba también mi jersey y me ayudaba a ponérmelo-solo con estar a tu lado ya me conformo.
-Que pena…-susurré lanzando una mirada pícara a Marcos.
-¿Qué pena…? Eso lo podemos solucionar ahora.-Dijo Marcos riendo.

Marcos se acercó a mi casi corriendo y yo intenté salir de la habitación pero él ya me había cogido por la cintura y me intentaba tirar sobre la cama.

-¡¡¡Marcos que tengo que ahorrar energías para el combate!!!

Era la hora de comer y por suerte me había escabullido de estar con Marcos diciéndole que primero fuera al baño, al parecer no le molesto para nada y se ducho.
Yo aproveché la ocasión y me fui de su habitación y ahora me encontraba surcando el mar de las salas de los diferentes elementos dirección a mi habitación.
Cuando llegué no había nadie, eran las doce de la mañana así que estas ya estarían dando vueltas por ahí.
Fui a mi armario cogí un vestido azul marino, unos leotardos negros y una muda y me metí en el baño para poder ducharme y quitarme el olor a alcohol.
Al salir de la ducha ya me sentía mucho mejor, me peiné recogiéndome varios mechones de la cara, me cepille los dientes y me puse unas botas negras.
Dejé la habitación como la habían dejado mis compañeras, y salí en dirección a las salas para ver si me encontraba con alguien conocido.

Pero como habría deseado no coger ese camino, no pude evitarlo pero comencé a escuchar la conversación de varios profesores acerca de la desaparición de un alumno.
Estaba claro que era Pedro, cuando uno de ellos pronunció su nombre me quedé pensativa, recordé la conversación de Irene y eso hizo que me estremeciera.

Pedro no era mi mejor amigo, pero, lo conocía desde hace bastante tiempo no podía creer que Irene pensara que no tenia sentimiento alguno.
Poco a poco solo podía confiar en una persona de ese grupo, Jennifer.

La otra vez me falló pero desde siempre habíamos sido amigas y se que solo lo dijo porque se preocupaba por mi.
Avancé por los pasillos como un fantasma, con la cara seria y la mirada clavada en el suelo.

Al final fui a uno de los jardines exteriores donde me acostumbraba a reunir con varios amigos de Marcos y me senté con ellos nada más verlos.
Me quedé al margen de la conversación, ojeando ocasionalmente la gente que pasaba por allí.
Parecía que todo ocurría para llevarme a algún lado, porque nada más alzar la mirada me topé con Carlos que iba andando por los pasillos exteriores en dirección a la sala de fuego.

Me levanté rápidamente y salí corriendo en su dirección.
Estaba harta de que los que apenas me conocían tomaran la decisión de lo que yo era realmente, creo que yo era la única persona que podía decidir como tendría que ser.

-Carlos… -Susurré pero fue lo justo para que él se girara y me mirara extrañado.
-¡¿Qué quieres?!
-Buena suerte…

Volví a susurrar pero pareció que otra vez lo volvió a escuchar, no dejé que me contestara, quizás por miedo de lo que pudiera decirme y me alejé con la mirada fija en el suelo.

23:00p.m.
Estaba sentada en la corteza de un árbol del bosque justo donde habíamos acordado que sería la pelea.
Marcos estaba a mi lado y me había cedido su chaqueta para que no pasara frío, la gente comenzaba a llegar, pero parecía que Carlos y Marina nunca llegarían.

Algunos aficionados se habían dedicado a delimitar el terreno donde podríamos estar, para que los espectadores no sufrieran daños.
Yo observaba a la gente como tomaba sitio, miraba el cielo, miraba las nubes que señalaban que esta noche iba a haber tormenta.
Marcos pareció darse cuenta de que me pasaba algo.
-No estés nerviosa, acabaras enseguida con él.
-No es eso.-Dije algo nerviosa-es como si supiera que algo malo va a pasar pero no se que.

23:17 p.m.
Al fin Carlos apareció seguido por su amigo Alex y por Marina.
Me levanté del árbol de un salto y le devolví la chaqueta a Marcos dirigiéndome enseguida a mi sitio.
Carlos me siguió rápidamente y se puso a varios metros frente a mi, los dos nos mirábamos y esperamos a que el otro diera el primer paso.
Entonces un trueno captó la atención de todos los asistentes, y del cielo comenzaron a caer varios copos de nieve.
Comenzaba a ponerme muy nerviosa, quería acabar con todo esto ya así que comencé a crear una pequeña fina capa de agua alrededor de mi como si fuera una barrera.
Carlos no se quedó atrás y empezó a crear varias llamas de fuego que impactaban contra mi barrera y se evaporaban.
Yo cree una burbuja de agua alrededor de su cabeza pero este la evaporo sin ningún problema.
Las cosas se alargaban más de lo esperado, yo me limitaba a defenderme con algún que otro pequeño ataque y Carlos creaba mas y mas bolas de fuego que iban dirigidas hacia mí.

23:55 p.m.
Ninguno de los dos mostraba ningún signo de cansancio, y yo me ponía más nerviosa al ver que no se me ocurría nada.
Los finos copos de nieve se convirtieron en gotas de lluvia que no paraban de caer con fuerza.
Aproveché el agua que había a mi alrededor, todo estaba mojado, todo excepto Carlos que gracias a la calentar que irradiaba se mantenía seco.

Me puse de cuclillas tocando el suelo con las yemas de los dedos, y me concentré.
Notaba como las gotas de lluvia caían e impactaban reventando contra el barro y las hojas del suelo.
Ya estaba, poco a poco las hojas del suelo comenzaron a desquebrajarse quedando completamente secas.
Y justo cuando mi ataque iba en dirección a Carlos algo salió de entre en suelo y me agarró la mano.

00:00 a.m.
No pude ahogar un grito al ver aquello, oí otro grito procedente de la dirección donde se encontraba Carlos pero no me hacía falta mirarle para saber que él también estaba en peligro.

No podía apartar la mira de la mano que ahora me sujetaba con todas sus fuerzas, no podía apartar la mirada de la cara que se asomaba de entre el barro, no podía apartar la mirada de pánico ni dejar de chillar al ver el rostro medio descompuesto de Pedro.

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