viernes, 11 de septiembre de 2009

Capítulo 24 : Una Promesa


“Nada más verla noté como me quedaba clavada en el suelo, quizás fuera por el miedo, pero lo que realmente sientes al estar frente a ella son un conjunto de sentimientos que no puedes explicar”.

Un nudo en el estómago, mis manos comenzaban a sudar y mis ojos nerviosos buscaban desesperadamente aquella voz. Parecía que hubiéramos entrado en un cuento de hadas, un bosque lleno de pinos se levantaban frente a nosotros cubiertos completamente por nieve. Nadie sabía lo que pasaba allí, Carlos se adelantó un poco a los demás y observó más detenidamente el paisaje cuando de nuevo aquella misteriosa voz se volvió a escuchar.

-Por aquí…-Susurró aquella melódica voz, que provenía de uno de los árboles.

Carlos pareció querer abalanzarse a aquel lugar, pero Marina lo cogió por el brazo parándolo en seco.
-No deberíamos separarnos.
-Marina tiene razón, deberíamos permanecer juntos en todo momento.-Dijo Ángel.

-Os estoy esperando… La voz nos volvió a llamar desde el bosque, haciendo que a todos nosotros nos recorriera un escalofrío por toda la espalda.

-Esta bien, no nos separemos pero deberíamos ponernos en marcha.-Dije cogiendo a Jennifer por la mano, y comencé a caminar.

Seguíamos la voz como corderos que se dirigían por si mismos hacia el matadero, primero íbamos Jennifer, Carlos, Marina y yo, y detrás nuestra estaban Nico, Irene e Iván dejando detrás del todo a Carlota y a Ángel que no dejaban de mirar a todas partes.
Al final llegamos a una especie de cueva, donde se formaba una pequeña ventisca en su entrada.

-Aquí, entrar…-Volvió a decir Meredith.

Todos comenzamos a dudar, y creo que la que más yo, realmente podría tratarse de una trampa, y si Meredith solo quería los medallones y cuando los tuviera nos mataría a todos.

Nadie se había dado cuenta de que habíamos conseguido los medallones, sería tan fácil matarnos y volver al mundo real, pero entonces alguien captó mi atención dándose a oír.

-¡¡¡Entramos ya¡¡¡-Dijo Irene abalanzándose hacia la ventisca, pero cuando quiso pasar algo la repelió haciendo que cayera sobre el suelo nevado.
-Irene ¿Estás bien?-Dijo Iván corriendo hacia ella.
-¡¿Por qué no nos dejas pasar?!-Grito Ángel.

-Sólo dos… Esa voz me estremeció completamente, realmente no sabía como sentirme, estaba claro que Meredith había dicho que solo dos personas entraban, pero todos sabíamos quienes eran esas personas.

Todos se nos quedaron mirando a Carlos y a mí. Carlos se dirigió rápidamente hacia el remolino de nieve y viento, pero Marina volvió a cogerlo por el brazo.
-¡¡Espera!!-Gritó desesperada-¿Y si es una trampa?
-¿Prefieres dejar que los que han muerto sigan así?

Todos nos quedamos en silencio algunos con la mirada perdida y otros buscando alguna respuesta, alguna otra opción disponible.
-No tenemos otra alternativa.-Carlos se giró hacia Ángel y extendió la mano.-Dame los medallones.

Este dudó por un momento, buscando alguna solución en su cabeza, pero pareció no encontrar ninguna cuando le entregó los medallones.

-Vamos Raquel…

Y Carlos entró en la cueva mientras el remolino le dejaba paso.
Miré por última vez a las personas que se encontraban detrás de mí, y avancé lentamente hacia aquel remolino.
Parecía que iba hacia mi propia muerte, paso a paso me acercaba más y más, quizás esto no fuera un final, sino un comienzo.

El remolino fue perdiendo fuerza y poco a poco se convirtió en una brisa que acariciaba mi cara, deje la luz atrás y me adentré en un mundo de oscuridad.
Algo me cogió por la mano y me giré bruscamente para soltarme pero descubrí que era Carlos.

-Tranquila soy yo-Dijo cogiéndome por los hombros y me dio algo.-son los medallones del agua y de la tierra.
No entendía lo que hacia pero me guardé los medallones y ambos seguimos el camino el uno al lado del otro.

Seguíamos el rastro de luz que las antorchas nos proporcionaban, recorríamos una especia de túnel echo de piedra que parecía no tener fin.

Pero pasados unos minutos vimos una luz al final del túnel. Parecía la típica imagen de la muerte, un túnel y una luz. Realmente pudiera ser que ya estuviéramos muertos, y que Meredith nos hubiera quitado los medallones.
Cuando entramos en la sala de donde provenía toda esa luz nos quedamos algo extrañados, no parecía la típica sala oscura y llena de humedades que normalmente te imaginas.

Era una pequeña habitación llena de alfombras y de cortinas de diferentes colores, aunque predominaba el color rojo. Y un gran sillón donde parecía que descansaba alguien.

-Por fin estáis aquí…

Nada más verla noté como me quedaba clavada en el suelo, quizás fuera por el miedo, pero lo que realmente sientes al estar frente a ella son un conjunto de sentimientos que no puedes explicar.
Miré de reojo a Carlos, pero el parecía tranquilo y seguro de sí mismo.

-Hacia tanto tiempo que os estaba esperando…

No sabía lo que iba a ocurrir ahora, lo que podía pasarnos a Carlos y a mí, si íbamos a morir o nos utilizaría de alguna forma para beneficiarse ella misma.
Meredith pareció leerme el pensamiento cuando dijo:

-Tranquilos, no os voy a matar, al contrario me hacéis mucho más bien estando vivos que muertos… al menos por el momento.

Se notaba que era una mujer bastante mayor, con el pelo lacio y sin vida que le caía por la cara hasta las rodillas de un negro tan oscuro que destacaba demasiado al contraste de su piel pálida que parecía tan débil, y unos ojos de un azul cielo que parecían intentar hipnotizarte.
En tan pocos segundos se me aparecieron tantas imágenes por la cabeza, cuando llegué al internado, los primeros descubrimientos de mi poder, las primeras peleas, cuando conocí a Marcos, cuando perdimos a Pedro, la gran pelea…

Imágenes que Meredith parecía poder ver a través de mis ojos, y sonrió cuando recordé los momentos que había pasado con Marcos.

-Lo quieres, ¿verdad?.-Me preguntó Meredith.-él también te quiere a ti, y si me ayudas yo te prometo que podréis vivir tranquilos, sin más peleas, sin que nadie interfiera en tu vida, sin que nadie te vuelva a judgar.

Aquellas palabras eran tan tentadoras, hicieron que volviera a recordad a Marcos y cuando lo vi por última vez, dejándolo tirado en el suelo embarrado.

-Y lo más importante tendrás poder…, a cambio solo pido que me ayudes a vengarme de alguien.

Las últimas palabras me dejaron confusa, solo tendría que ayudarla a matar a alguien y a cambio todo volvería a estar bien.
-¿Si te ayudo a vengarte devolverías a la vida a los muertos?¿Y nos dejarías en paz a los demás?

-Si… pero para ayudarme tendrías que tener tú todos los medallones.

Me giré rápidamente hacia Carlos y extendí la mano.
-¡¡¡Dámelos!!!
-Raquel ¿no te das cuenta?, solo te va a utilizar te a escogido a ti por que eres más débil mentalmente, temia que pasara algo así que nos intentara engañar a alguno de los dos, por eso te di los medallones.

-Ya vuelven a infravalorarte… ¿de verdad quieres que todo siga igual por culpa de alguien tan egoísta?

-Lo siento… pero no me dejas elección.-Susurré y acto seguido ataqué a Carlos, dejando que la energía de los medallones fluyera por mi cuerpo fundiéndose así conmigo.

-Perfecto…

No hay comentarios: