
Correr. Eso era lo único que podia hacer. El cadaver que me sigue solo quiere destruirme y correr es la única via de escape que tengo. Aunque ese cadaver se parezca a mi amigo. Susana y yo nos hemos separado y no se que es de ella.
Miré hacia atrás y vei al cadaver de Pedro persiguiendome, corre tanto como yo y el agotamiento empieza a apoderarse de mí. Con un movimiento de mano levanto una pared de hielo detrás de mí, pero segundos despues comienza a derretirse y para cuando el cadaver la atraviesa no es más que una leve cortina de agua, estoy debil. Decido no seguir adentrandome en el bosque y cambio de dirección hacia el rio, aunque esté lloviendo, en una mayor cantidad de agua me sentiré mucho mejor, y así es. Hago un último esfuerzo cuando veo una hilera azul en el suelo, a unos metros de mí y me doy prisa para meterme en el agua, me doy la vuelta enseguida, pero al hacerlo veo que pedro ha desaparecido. Extrañada, miro en todas direcciones buscandolo, pero lo único que veo son árboles y más árboles, creo que ya puedo respirar tranquila. De repente oigo una voz pedir ayuda.
- Ángel – dije. Salgí corriendo hacia él, pero de repente algo me agarró del brazo, apretando muy fuerte y me tiró al suelo. Antes de que pueda hacer cualquier movimiento, una mano fria como el hielo me agarró del tobillo y me arrastró hacia el interior del bosque. Con mucho esfuerzo y un dolor intenso en el brazo conseguí agarrame a un árbol y la fria mano me sueltó. Me di la vuelta para mirarlo. El deforme cadaver está enfrente, listo para volver a por mí. O eso me pareció. Repiraba de forma agitada, el pecho le subia y le bajaba a una velocidad casi anormal, a traves de la lluvia vi que tenia los ojos muy abiertos en los que me parecia ver… ¿miedo? Este no es como los demás, este es distinto. Lo observé más atenta y veío que no está tan demacrado como los otros y que ya no parece que quiera atacarme.
- ¿Pedro? – pregunté timidamente. No me contesta, solamente está parado frente a mí sin hacer el intento de moverse. - ¿eres tu?
- Teneis que parar – su voz tambien sonaba distinta, de una forma más terrorifica – teneis que darle los medallones, solo así nos dejará en paz y solo así regresará a la vida a los que mueran.
- ¿Quién más va a morir?
- Teneis que darselos. Dejad que obtenga lo que desea. Devolverle lo que es suyo, solo así nos dejará en paz y regresará a la vida a los que mueran. – repitió.
Puedo sentir como el miedo me recorria por dentro al escuchar esas palabras. Intenté ponerme en pie apoyandome en el árbol.
- Pedro, ¿Quién está haciendo todo esto? ¿es Meredith verdad?
- No puedo decir nada, ni siquiera tendria que estar aquí. Por esta noche no atacará más, pero solo por ahora. Hacer lo que os digo… – de repente la voz de Ángel volvió a escucharse por el bosque y miré en su dirección – y hacedlo rápido. – cuando volví a mirar al frente Pedro habia desaparecido. Me tomé dos segundos para asimilar lo que acababa de pasar y comienzé a correr, aunque cojeando.
- ¡Ángel! ¡Ángel! ¡¿Dónde estas?! ¡¡Ángel!!
- ¡aquí! ¡en la cabaña! ¡estamos en la cabaña!
¿En la cabaña? No sabia de ninguna cabaña por allí, pero no parecian estar lejos. Entrecerré los ojos para poder ver mejor entre la lluvia y entre los árboles distingí la cabaña. Al entrar vi a Ángel arrodillado al lado de Susana que estaba tirada en el suelo temblando y rodeada de sangre.
- ¡¿Qué le pasa?!
- ¡la han mordido! ¡uno de esos cadaveres la ha mordido!
- ¿Dónde está Marina? – pregunté mientras me arrodillaba al lado de Susana.
- Ha ido a pedir ayuda, pero no ha vuelto ¡¿Qué hacemos?!
Miré a mi amigo y puedo verle la cara de preocupacion y miedo que seguro se me habria puesto a mí.
- Hay que llevarla a la enfermeria
- ¿pero como? Esta lloviendo a cantaros y hay mucho terreno hasta que llegemos al colegio
- ¡lo sé!... no nos queda más remedio que esperar hasta que Marina vuelva.
- ¿y que hacemos con la herida? Está sangrando mucho…
De golpe, Susana paró de temblar y se quedo totalmente quieta. Ángel y y nos miramos asustados.
- ¿Susana?, ¿Susana? – preguntó Ángel moviendola un poco.
Ya no contestó. Habia parado de sangrar y parecia un muñeco tendida en el frio suelo. Noté como se me paraba el corazón mientras me dejaba caer apoyandome en la pared, mirando a mi amiga. Una lágrima empezó a caerme por la mejilla, Ángel se llevó las manos a la cabeza y tambien empezó a llorar.
El dolor y el agotamiento empezaban a apoderarse de nosotros pero Ángel y yo nos negabamos a irnos dejando a Susana allí. Poco a poco nos fuimos quedando dormidos apoyados en la pared, casi nos nos dimos cuenta cuando los ojos se nos cerraban mientras mirabamos a nuestra amiga por última vez…
- ¿Ángel? ¿Susana? – Marina entró en la cabaña y nos despertamos de golpe. - ¿Dónde está Susana?- escuché que le preguntaba a Ángel.
- Allí – dijo señalando al centro de la cabaña. Miramos en esa dirección pero lo único que vimos era el sucio suelo de madera.
- ¿Dónde está? – pregunté yo poniendome en pie. – ¡estaba aquí!
- Quizas consiguió irse, ahora nosotros tenemos que volver al colegio…
- ¡no! ¡no ha podido irse Marina! ¡habia muerto! – exclamó Ángel.
- ¿Qué?
- ¡Sí! ¡Tendria que estar aquí! – Ángel y yo nos miramos sin entender absolutamente nada.
- ¡Irene! ¡Ángel! – Jenny y Carlota acababan de aparecer por la puerta, llenas de arañazos y golpes, seguidas por Ivan y Nicolás que tenian el mismo aspecto que ellas.
- ¡Irene! – gritó Ivan, poniendose delante mia cojiendome la cara mirandome - ¿estas bien? ¿Qué ha pasado?
- Susana… Susana ha desaparecido… - miré a Ángel para que me explicara lo que había pasado, pero él tenia la misma cara que yo mientras Nicolás y Carlota lo examinaban para ver si tenia alguna herida.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Jenny a mi lado. Intenté aclararme y comenzé a explicarle lo que habí pasado.
- Estaba huyendo con Susana pero nos separamos, a mi me siguió un solo cadaver, al principio me atacó, me cojió del brazo y luego del tobillo, pero de golpe se quedó parado y empezó a hablar…
- ¿Qué? ¿Qué te dijo? – me preguntó Ivan.
- ¿de que estais hablando? – preguntó Nicolás al lado de Ángel.
- Me dijio que debiamos darle los medallones a Meredith, que solo así devolveria la vida a los que murieran y nos dejaria en paz. - repití
- ¿devolveria la vida a los que mueran? – preguntó Carlota.
- Si, eso dijo.
- Pues entonces tenemos que darselos – dijo Jenny. – así Pedro y Susana volveran ¿no?
- Pero si se los damos será mucho peor, ella volverá y no estamos seguros de que cumpla su palabra, alomejor solo es un engaño para conseguirlos – le dije.
- De todas maneras falta un medallón ¿no? – preguntó Ivan.
- No – dijo Ángel, y del bolsillo sacó un objeto pequeño y brillante – ya los tenemos todos.
- ¿entonces que hacemos? – preguntó Marina.
Nos miramos sin saber que hacer. Lo ocurrido esa noche habia sido muy extraño en todos los sentidos. ¿Pedro había hablado enserio, o solo era un truco?, ¿Dónde estaba Susana?, ¿habria aún alguna esperanza para ellos o seria demasiado tarde?, ¿estariamos en peligro alguno más de nosotros?, y lo más importante…¿ deberiamos darle los medallones a Meredith o intentar acabar con ella perdiendo a nuestros amigos para siempre?.


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