lunes, 31 de agosto de 2009

capitulo 18: lazos rotos.


- ¿Qué es lo que os ha pasado?
- ¡ayudame!
Jenny saltó de su cama y cojió a Raquel por el otro brazo, y entre las dos la sentamos en su cama.
-¿¡que ha pasado?! – insistió mientras yo me dejaba caer en la mia.
- tenemos… tenemos el medallón – dije entre jadeos, y acto seguida abrí el puño de la mano izquierda y se lo di.
- ¿Cómo lo habeis conseguido? – preguntó mientras lo observaba.
- al parecer ya… ya lo teniamos, o mas bien Raquel lo tenia ¿Por qué no dijiste nada? – le pregunté enfadada.
- no estaba segura de querer deciroslo.
- ¿Por qué? Nos habriamos ahorrado todo lo sucedido esta noche ¡¿Por qué no lo dijiste?!
- ¡no puedo explicaroslo! – dijo. Se puso en pie y salió de la habitación.
Yo miré a Jenny, que tenia cara de no entender nada, respiré hondo y le expliqué lo que habia ocurrido.
- ¿y donde estan?
- no lo se. No se si han vuelto ya.
- espero que esten bien.
- y yo...
Esperamos un poco, ya sin ganas de volver a dormirnos. Me duché y cambié de ropa mientras la cabeza me daba mil vueltas, pensando en todo.
Cuando salí del baño, Jenny estaba sentada a los pies de su cama. Yo me apoyé en la pared y nos quedamos mirando sin saber que decir.
Ambas nos sobresaltamos cuando llamaron a la puerta.
Ivan estaba al otro lado y al verlo me calmé un poco, pero la calma me duró poco.
- Teneis que venir.
Lo seguimos hasta el dormitorio de Ángel. Allí estaban todos. Susana, Marina y llenos de tierra, Carlota, Ángel y…
- ¿Dónde esta Pedro? – pregunté automaticamente. Nadie me contestó.
- joder Ángel ¡¿Dónde está Pedro?!
En realidad ya sabía la respuesta pero tenia la esperanza de que alguien me llevara la contraria. Sentí como se me iba yendo la sangre de la cara y como el corazon me latia cada vez más rápido.
Pedro no. por favor Pedro no. Mi amigo no.
Muchas veces he pensado lo que seria perder a uno de mis mejores amigos, a uno de ellos, los que ahora tenia conmigo en la habitación, pero una cosa es pensarlo y otra muy distinta era vivirlo. Era como si me hubieran quitado una parte de mi alma. Algo me faltaba. Algo no estaba bien.
Miré entonces a mis amigos. A todos les caian las lágrimas por las mejillas y tenian el mismo rostro pálido que seguro tendria yo.
Ángel metió la mano en su bolsillo y sacó el medallón de tierra, lo dejó en la mesa y se metió en el baño sin decir ni una palabra.
Cuando salimos de la habitación, ya sin ganas de estar allí más tiempo, fuimos directamente a nuestra mesa del salón. Todos nos sentamos en nuestros sitios, dejando un hueco. El salón estaba practicamente vacio a excepción de un par de alumnos de aire que estaban sentados tres mesas más atrás.
- ¿Dónde está Raquel? – preguntó Jenny con la voz aspera.
- Creiamos que estaba con vosotras – nos dijo Marina.
- Ahí está – dije yo señalando a la puerta.
Se habia cambiado de ropa, seguramente habia entrada a la habitación cuando Jenny y yo salimos. Venia cojida de la mano de Marcos y con una sonrisita tonta, al igual que su novio. Al ver que todos la mirabamos, se separó de él y vino a nuestra mesa. Como si no hubiera pasado nada por la noche y esta mañana, se sentó al lado de Jenny y saludó a todos sonriendo.
- ¿Qué os pasa que teneis todos esa cara? – preguntó al mirarnos. De pronto se paró en el hueco. - ¿Dónde está Pedro?
Una vez más el silencio bastó para aclarar esa nefasta pregunta. La sonrisa que habia entrado con ella desapareció de golpe y su rostro pasó a ser como el nuestro.
Verla así me molestó. Respiré profundamente intentado calmarme, pero era imposible, la pena y la rabia que sentia en ese momento luchaban por salir de una vez.
- Lo que no entiendo es porque te entristeces Raquel. – le hablé con toda la furia que habia contenido todo este tiempo – Pedro se ha quedado por el camino pero por lo menos Ángel y Carlota consiguieron el medallón de tierra. Ya te queda menos para conseguir lo que sea que quieras conseguir.
- ¿Qué dices?
- Irene… - empezó Ivan, pero yo lo interrumpí
- ¿Qué? ¿esque no es lo que quieres? Conseguir todos los medallones para ti sola ¿no? Si no fuera así habrias dicho que tenias el de agua en cuanto lo conseguiste.
- No sabes lo que estas diciendo.
- Claro que lo se. En cuanto consigamos el de aire y fuego ya los tendras todos y si nos pasa algo a los demás no importará, porque lo importante esque los tendrás.
Cuando me di cuenta Raquel y yo estabamos de pie, una enfrente de la otra, mientras nuestros amigos y los pocos alumnos que habia en la sala, incluido Marcos, nos miraban en silencio.
- ¡claro que me importa lo que os pase!
- Si, claro… mira Raquel, estan pasando muchas cosas, la mayoria graves. Todos estamos juntos y sabemos muy bien lo que estamos haciendo. Hemos elegido un bando. La única que no lo ha hecho has sido tú. Asique te aconsejo que lo escojas pronto. Pero de momento nosotros tenemos los medallones y hasta que no te decidas los mantendremos alejados de ti. Pero recuerda quienes son tus amigos.
Raquel se habia quedado sin palabras. Me miraba a mí y al resto de la mesa buscando algun apoyo. Al ver que no lo encontraba se paró en Jenny.
- Irene tiene razón Raquel – dijo Ángel.
- Sí. – dijo tambien Susana
- ¿tú opinas lo mismo? – preguntó Raquel aun mirando a Jenny.
Esta estaba mirando a la mesa, respiró hondo y dijo mirandola.
- Yo soy tu mejor amiga Raquel y te quiero mucho ya lo sabes, pero creo que tienen razon. Estas muy rara, no eres la de siempre. – dijo con pena.
- Vale. Está bien.
Se retiró de la mesa y fue a buscar a Marcos, que la esperaba dos mesas más atrás.

tres dias despues de aquel extraño día tuve la pelea contra Marcos. Fue extraño luchar contra el novio de una de mis mejores amigas, con la que ahora estaba peleada, y que nos miraba desde el otro lado de donde estaban los demas. Recordé lo que me habia hecho en la habitación y lo que le estaba haciendo a Raquel y eso me sirvió para concentrarme a fondo en la lucha. Sin embargo sentí que no me hacia falta. Marcos se defendió, pero no lo suficiente y le vencí de forma demasiado fácil.
- ¡Practicamente me ha dejado ganar! – me quejé. Ivan y yo estabamos sentados en nuestro sitio al lado del rio, hablando.
- No le des importancia, lo importante esque le has vencido. Tu solo piensa en la nota.
- Ya, eso si. Pero de rabia. Solo lo ha hecho para quedar bien delante de Raquel.
- Hablando de eso… - me di cuenta de que elegia las palabras con cuidado. - ¿estas realmente segura de que fue Marcos quien te congeló?
- Si que lo estoy. En esa habitación solo estabamos nosotros dos, y por mucho que sea de tierra no me fio un pelo. Sé que fue él.
- Jumm…
- ¿Qué pasa?
- Nada, esque no me ha gustado eso de que en la habitación estabais vosotros dos solos…
Yo sonreí, me encantaba que se pusiera celoso.
- No te preocupes, no hicimos nada malo. O por lo menos yo.
- Mejor, porque aunque ya quiero matarlo, si hubiera pasado otra cosa tambien lo habria matado.
- Jajaj, tranquilo que esas cosas solo pasan contigo. – dije sonriendo.
El tambien sonrió. Me hizo tumbar en la hierba el se puso encima y comenzamos a besarnos apasionadamente.
Estos momentos eran algo que todo el mundo deberia experimentar en su vida. Las sensaciones que recorrian mi cuerpo eran miles, todas ellas inexplicables.
Una inmensa felicidad que muy pocas veces habia sentido. Una felicidad que me hacia olvidar todo y unicamente disfrutar del momento.

Regresamos al salon ya bien entrada la tarde, abrazados y sonriendo como un par de tontos. Me extrañó no ver a los demás en nuestra mesa, pero nos sentamos a esperarlos. Mientras esperabamos, vi a Raquel y Marcos sentados con los amigo de este, hablando y riendo. De pronto recordé algo. Mañana seria la lucha entre Raquel y Carlos, la más interesante sin duda. De hecho ya se habian oido comentarios entre todos los alumnos. E incluso hecho apuestas.
Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando las puertas se abrieron de golpe y Marina entró corriendo seguida de todos los demás. Llegaron hasta nuestra mesa y se pararon de golpe.
- ¿Qué os pasa?
- Lo… lo he conseguido… - dijo intentando respirar.
- ¿el que?- preguntó Ivan tan impaciente como yo.
- El medallón de fuego. Lo he conseguido. – contestó sonriendo. Metió la mano en el bolsillo y al sacarla y abrirla pudimos ver un pequeño medallón redondo y rojo en su mano. – ya solo nos falta el de aire.

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