
Nicolás me miraba sin verme. Su cabello rubio oscuro revoloteaba continuadamente a causa del aire provocado por el remolino que giraba alrededor de él. Sus ojos ya no eran azules, no tenían pupila, eran totalmente blancos. Estaban llenos de una blancura que me sumergía en un mundo infinito. Eran una blancura tan pura que parecía irreal, una blancura que parecía prometerme el mismísimo cielo en estado puro. Una blancura que mostraba poder, superioridad; era inhumana. Me quedé mirando sus labios tentadores que se encontraban serios. Su túnica bailaba al mismo compás que su cabello, pero sin embargo, lo que más me llamó la atención eran sus pies que no rozaban el suelo. Nicolás se encontraba flotando justo encima de la grieta que había provocado yo en la tierra con mi último ataque. Por muchos ataques que lanzara siempre el mismo resultado: Nada. Yo estaba agotado pero a él el agotamiento no parecía afectarle, sabía que era de segundo año pero no imaginaba la cantidad de poder que contenía.
Soy un estúpido confiado.
Me quedé mirando a Nicolás, en medio de aquella tormenta, mirando su pelo movido por el viento, mirando sus ojos hipnotizadores, mirándole en general. Estaba lleno de una belleza perfecta, simétrica. Parecía un ángel, un ángel del caos. El Ángel de la Guerra. Por último apenas recuerdo que levantó el brazo, me señaló y que se movieron sus labios lentamente, después sólo puedo recordar oscuridad.
Soy un estúpido confiado.
Me quedé mirando a Nicolás, en medio de aquella tormenta, mirando su pelo movido por el viento, mirando sus ojos hipnotizadores, mirándole en general. Estaba lleno de una belleza perfecta, simétrica. Parecía un ángel, un ángel del caos. El Ángel de la Guerra. Por último apenas recuerdo que levantó el brazo, me señaló y que se movieron sus labios lentamente, después sólo puedo recordar oscuridad.
Perdí la batalla contra Nicolás.
.
.
.
De pronto una voz femenina me saca de mis pensamientos.
-“Yo soy la madre tierra, el centro de la vida, la sabiduría del tiempo”-Volvió a repetir Carlota- Madre tierra…, centro de la vida…, sabiduría del tiempo… ¡No se me ocurre absolutamente nada!
-¿Y si lo dejamos ya?- pregunta Pedro con un bostezo- son las doce y media de la noche.
Miro a pedro, a pesar de haber perdido su combate con Susana sigue igual de tranquilo, el mismo Pedro de siempre. Cierro libro que tengo entre mis manos y lo dejo tirado en la cama junto a los demás. En vez de mi habitación ahora parece una biblioteca con tantos libros esparcidos alrededor.
-Esto es imposible, llevamos todo el día buscando y nada, nunca había leído tantos libros en mi vida.
Carlota cierra el libro que sostiene, uno titulado “Las raíces de la vida” y coge otro llamado “Historia de la tierra”.
-Dímelo a mí.
Miro por la ventana, fuerzo la vista para poder ver a través de la oscuridad de la noche, para ser navidad hace tiempo que no ha nevado y el paisaje está despejado, aunque por el zarandeo de los árboles diría que hace viento y frío, cosa que me hace sentir afortunado al estar aquí sentado en mi cama junto a Carlota y Pedro. Observo de reojo a Pedro y me doy cuenta de que tiene los ojos entrecerrados.
-Oye, Pedro ¿Qué libro estás leyendo?-Pregunto con intención de despertarlo un poco.
-¿Eh?, ¡Ah, sí!- Le da la vuelta al libro y le echa un vistazo rápido-Se llama “El árbol madre”.
Carlota se levanta y se dirige a su cama.
-Déjame ver-dice.
Pedro le ofrece el libro aliviado y agradecido. Carlota empieza a pasar páginas y solo se para en lo que le parece importante. Al cabo de un rato lee algo que le llama la atención.
-¡Ángel!, ¡Pedro!
Mi compañero y yo no tardamos en levantarnos y acercarnos a ella entusiasmados rogando que haya encontrado algo. Enseguida empieza a leer en voz alta.
-“Él árbol madre o también conocido como la fuente de la vida es el árbol más viejo que habita en nuestro planeta, según las leyendas cuentan que los demás árboles nacieron a partir de éste, por lo que son hijos suyos, de ahí su nombre. Se dice que los antiguos chamanes idolatraban al árbol madre y le oraban como a un mismo dios, el Dios de la vida y sabiduría.”
Miro a mis dos amigos esperando respuesta. Pedro y yo miramos a Carl sorprendidos como si fuera la salvadora de nuestros martirios.
-¡Lo tenemos!- grita Carlota llena de felicidad.-¡Pedro lo tenías delante de tus narices todo el tiempo!
-Pero,¿Dónde se encuentra?- pregunta Pedro.
-¡Aquí!, ¡parece mentira Pedro que seas del elemento tierra! ¡Fuimos los últimos días de clase a verlo con el Profesor! ¡Ésta en el bosque de la escuela!
-Chsss, baja la voz carlota, nos pueden oír.- Me levanto de un brinco, me pongo la capucha y salgo de la habitación- Venga, vamos.
Carlota y Pedro no tardan en ponerse sus capuchas y enseguida estamos en los patios. A pesar de las capuchas hace frío, el ambiente está húmedo y el viento zarandea contra nosotros con violencia. Otra salida nocturna, al final nos hemos acostumbrado.
-Parece que va a llover-digo.
Llegamos al río y seguimos nuestro camino hasta el centro del bosque cuando veo una luz azul en mitad de la oscuridad cerca del agua.
-¿Lo estáis viendo?-Pregunto señalando a la extraña luz.
-Sí- responde Carlota
-¿Qué es?
-Vamos a ver- Sugiero.
Finalmente después de las negativas de Pedro éste cede y vamos a investigar.
La luz azulada flota encima del agua, y se mueve lentamente adentrándose al fondo. Parece ser un medallón.
-¿Esa chica no es…?-Pregunta Pedro asustado.
Todos nos quedamos en silencio, y ahora que lo dice Pedro hay una figura que sigue al medallón, la chica tiene un semblante sereno que me llama la atención pero no se por qué, su pelo negro se encuentra suelto y cae por sus hombros. Su túnica empieza a mojarse cuando da los primeros pasos en la orilla del río para conseguir el medallón.
-¡Raquel!- grito- ¿¡Qué haces!?
No obtengo respuesta.
-No te va a responder- Dice Carlota- Mírale la cara, tiene los ojos cerrados.
-¿Es sonámbula?-pregunta Pedro.
-No, creo que ese medallón la tiene hipnotizada, y si es lo que pienso, como Raquel siga hacia delante para cogerlo morirá ahogada, el medallón se encuentra en el fondo, es imposible que pueda cogerlo, es una trampa.
Raquel levanta las manos y las coloca en dirección del medallón con intención de cogerlo, el agua ya le llega por la cintura pero no se detiene y sigue hacia delante.
-¡Raquel!-Grita una voz, pero esta vez no proviene de ninguno de mis dos acompañantes.
Veloz como un rayo veo como Irene aparece de la espesura del bosque y se introduce en el agua sin dudarlo, avanza y agarra a Raquel y empuja sin ningún resultado, es como si una fuerza empujase a Raquel hacia el medallón, una fuerza mucho más fuerte.
Carlota, Pedro y yo nos acercamos corriendo.
-¡Irene!
Irene mira asustada, al reconocernos se queda perpleja pero enseguida reacciona.
-¡Ayudadme!
Pedro se introduce en el agua a ayudar Irene. Los dos tiran de Raquel pero es imposible. El agua les llega por el cuello, y es mucho más difícil empujar de ella en el fondo. Si no hacemos nada se ahogarán.
-¡DESPIERTA!- grita Irene.
Carlota y yo nos miramos. Meternos sería inútil, solo molestaríamos. Estoy nervioso y no sé que hacer. Pienso en todas las posibilidades y por fin opto por una. Enseguida mis brazos se alargan y empiezan a convertirse en un tipo de largas raíces marrones y verdes resistentes de un grosor considerable. Carlota enseguida me imita. Alargamos nuestros dos brazos ahora convertidos en Raíces hacia Raquel, la envolvemos y tiramos con todas nuestra fuerza. Parece que Raquel cesa pero de pronto una fuerza invisible tira de nosotros y Raquel nos arrastra a Carlota y a mí al agua.
-¡Mierda!-Grita Carl.
Estamos empapados y bañados en barro. Carlota vuelve a intentarlo y grita. Yo le sigo.
Me fijo en Raquel y el agua le llega por el labio inferior. Pedro utiliza su fuerza bruta que es en vano y Irene grita desconsolada agitando a Raquel para que despierte.
-¡Maldita sea! ¡¡¡DESPIERTA!!!
Y todo ocurre muy deprisa, Irene sumergida en un llanto insostenible se abalanza a Raquel y le abraza. Pedro se aparta. Carlota y yo anulamos nuestro hechizo. El medallón deja de brillar y cae al agua, y por último Raquel abre los ojos.
-¿Dónde… estoy?- Susurra Raquel cayendo en los brazos de Irene.
-Tranquila, estás a salvo.-Dice Irene agotada.
Irene coge el medallón y Pedro coge a Raquel en brazos y le lleva hasta la orilla donde nos encontramos Carlota y yo jadeando, tirados en el agua llenos de barro.
-¿Qué ha pasado?-Pregunto a Irene.
-¡No sé!- grita eufórica- ¡Cuando me desperté Raquel no estaba en su cama, salí a buscarla y me la encontré siguiendo a esa luz azulada!
-Entonces las leyendas son ciertas-Dice Carlota- Los medallones tienen como una protección o hechizo para que no sean tan fácil obtenerlos.
-Eso significa que ella ya tenía el medallón, ¿no?
Carlota me mira y asiente.
-Sí.
Nos quedamos mirándonos, y preguntándonos el por qué de la ocultación del medallón por parte de Raquel mientras descansamos y damos gracias por la suerte que hemos tenido.
-¿Y vosotros que hacéis aquí?- Pregunta Irene.
-Habíamos venido a por el medallón de la Tierra.-Responde Pedro.
-Os acompaño- dice- Puede que sea peligroso.
-No-digo- Estarás débil después de que te congelaran, que por cierto tenemos que hablar de eso, ¡Marcos es de Tierra!, no sé como fue posible, además debes llevarte a Raquel, no se encuentra muy bien.
Irene me mira, asiente y después coge a Raquel.
-Tened cuidado.
-Nos vemos por la mañana.
Irene se introduce en el bosque con Raquel inconsciente camino al colegio. Nosotros enseguida retomamos nuestro camino cuando empieza a llover, pero no nos molesta, es más, agradezco esta lluvia ya que nos limpia del barro.
No tardamos en llegar, nos paramos enfrente del árbol jadeando, estamos cansados y no sabemos si podemos hacer frente a la prueba que viene ahora. Quizás sería mejor idea retroceder ahora que estamos a tiempo pero por lo que se ve Carlota no piensa lo mismo. Sin aviso grita unas palabras que no llego a entender y en el centro del árbol una luz verde empieza a brillar. El medallón sale brillando de la corteza del árbol y se posa ante mí, dudo pero al final lo agarro con fuerza y lo introduzco en mi bolsillo.
-Ahora vámonos- Dice pedro.
Cojo el medallón y lo observo, tiene dibujado el mismo árbol añejo que se encuentra delante de nosotros. Un árbol de tronco demasiado grueso, lleno de miles de ramas, y con las raíces sobresaliendo de la tierra.
Enseguida empezamos a regresar, corremos a través de la lluvia sin mirar atrás por miedo a lo que pueda ocurrir. Todo parece ir bien cuando Carlota de repente tropieza y cae al suelo. Pedro y yo nos acercamos enseguida a ayudarle cuando nos damos cuenta de que no es una caída normal, algo tiene agarrada a Carlota por el tobillo.
-¡Es una raíz!-Grito.
Carlota se sacude e intenta avanzar arrastrándose por el suelo.
¡Joder!- Grita desesperada.
Apunto a la raíz con mi mano y se petrifica solo el principio, pues es muy larga y creo que proviene del Árbol Madre. Cuando se encuentra petrificada le pego una patada y ésta se rompe en añicos.
-¡Vamos!-Grito.
Carlota se pone en pie y no dudamos. Salimos corriendo como nunca. Sabiendo que algo ahí atrás nos acecha. Nuestras piernas se mueven a una velocidad sorprendente, damos zancadas, nos metemos en el barro pero eso no nos hace parar, el viento va en contra nuestra, la lluvia nos pesa, pero no nos harán parar. A pesar que mis piernas van a toda velocidad las siento torpes, sé que no son suficientes. Rápidamente la raíz vuelve a atacarnos, Siento un escalofrío por todo el cuerpo, algo me aprieta el tobillo, esta vez soy yo. Soy el primero en caer. Acto seguido Pedro y Carlota también caen a causa de otras raíces.
-¡No!, ¡No!
Las raíces nos arrastran de vuelta al árbol. Gritamos pero nuestros gritos no ayudan.
Nos agarramos a cualquier sitio, a los árboles, a las ramas, a los arbustos.., hasta clavamos las uñas en la tierra pero es en vano, solo conseguimos hacernos cortes, heridas por todas partes.
-¡No!
-¡No, por favor!-grito desesperado.
-¡NO!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
Miro a Carlota confuso, preguntándome porqué grita esa tontería cuando ya se puede ver el árbol cerca, apenas nos quedaran unos minutos. Carlota me mira, está llorando. Me hace un gesto para que repita, al principio dudo, pero luego pienso que nadie se pondría decir tonterías cuando está a punto de morir. Abro la boca y grito con todas mis fuerzas:
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
Estamos más cerca, tres minutos como mucho.
-¡Pedro, repite con nosotros!
Pedro ni me mira, parece sumergido en su propio mundo, grita incoherencias sin parar, y parece que llora al igual que nosotros, se agarra a todos lados intentando salvar su vida.
-¡PEDRO, REPITE!
Pero nada, el ulular del viento impide que pueda oír mis palabras.
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!- sigue gritando Carlota.
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!- Grito esta vez yo.
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
Ya es demasiado tarde ya hemos llegado. Pedro impacta con violencia en el tronco del árbol, miro con tristeza pero sigo repitiendo y esta vez mi grito vence a la tormenta.
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
-¡NOSOTROS, MAGOS DE LA TIERRA, TE ORDENAMOS QUE PARES!
Miro el cielo, el sol empieza a salir entre las oscuras nubes. Por fin algo de luz entre oscuridad. Es un amanecer triste, los pájaros cantan, cantos de tristeza, quizás sea la calma después de la tempestad. Miro a Carlota que está apoyada en el tronco de un árbol, ella también me está mirando, tiene la mira triste, su túnica está rasgada al igual que la mía y se encuentra mojada y llena de barro, con heridas por todas partes. Estamos cansados ha sido una noche muy larga e intensa, la peor noche de mi vida. Siento mi cuerpo viejo, agotado, cansado, incapaz de moverse, necesitamos descansar. Nos miramos y no hacen falta las palabras, no queremos hablar. Tuvimos suerte, cuando estuvimos a punto de impactar contra el árbol las raíces desaparecieron y nos dejaron libres, el hechizo funcionó. Introduzco la mano en el bolsillo de mi pantalón y saco el medallón, lo miro fijamente, por fin lo tenemos. Ahora miro al frente, al Árbol Madre, y puedo ver en el tronco, introducido en él, a Pedro, inerte, como una parte más del árbol, como una rama más. Conseguimos el medallón pero…¿A qué precio?


No hay comentarios:
Publicar un comentario